2.
Sobre su obra
¿Cuánto
ha cambiado su estilo desde Morgana (1988)
hasta Crónicas del argonauta ciego?
¿Cómo pasar del cuento a la novela sin
morir en el intento?
No
creo que el estilo haya cambiado mucho en lo esencial,
algo más de cuidado, quizás, o por lo
menos eso espero; pero la estructura de cada uno de
mis libros sí es muy diferente: la combinación
de viñetas breves y cuentos propiamente dichos
en Morgana, la seudotesis universitaria que
es Ulises; los nueve cuentos más convencionales
de Las Musas y los Muertos; las 21 fábulas
de Crueldad del Ajedrez, para llegar a las
Crónicas del Argonauta Ciego, etiquetada
por los editores como novela aunque cada una de sus
64 unidades pueda ser leída independientemente.
Supongo que me aburro, y necesito expresarme a través
de avatares distintos; más allá de que
hay historias que exigen ritmos y alientos diferentes.
¿Ha
intentado alguna ves escribir poesía? ¿Cómo
se siente con esas otras formas de expresión:
la poesía, el teatro?
Tengo
un altísimo respeto por la poesía (sí,
me gusta); por lo que, más allá de algunas
páginas bajamente utilitarias (en aras de la
seducción) y algunas décimas y sonetos
dirigidos a amigos, no me he aventurado en esos terrenos.
Pero en muchos de mis textos sobre todo los
mas breves procuro dar especial cuidado al ritmo
y a la concisión significativa, lo que supongo
los emparenta con la poesía. En cuanto al teatro,
sí, me gusta, aunque creo haber leído
mucho más teatro del que he visto. No tengo
proyectos en la materia, pero uno nunca sabe.
3.
Sobre Blanco y Negro
¿Cómo
nace Ulises García? ¿Por qué
escribir Blanco y Negro de manera dialéctica
y siguiendo el esquema de una tesis o monografía?
Ulises
García y su plan esto es, el personaje
y el esquema de la obra nacieron simultáneamente
un buen día de julio de 1990. Estaba cruzando
una calle en París y casi me atropella un carro
porque se me vino el concepto de la razón contradictoria
del buen Ulises. Decidí que era materia de
una novela en aquella época trabajaba
más bien un libro de cuentos, y que tenía
que escribir esa novela en tres meses, antes de que
naciera mi hija y ahogara en pañales todo intento
serio de organización laboral y artística.
Para eso, tenía que ceñirme a un plan
muy estricto que me obligara ocioso como soy
a un mínimo de unidades por día. Así
que me senté en una banca e hice el plan, que
por otro lado es una nada velada alusión-homenaje
al plan del Ulises de Joyce, sólo que
él no tuvo el descaro de hacerlo explícito.
La novela estaba entonces prácticamente escrita.
Faltaba pasarla al limpio. Pero tuve un pequeño
retraso, nació mi hija y el libro, por ese
y otros motivos, salió el 95.
He
encontrado algunas similitudes, quizás alusiones-homenajes
como usted dice con 1984, Varguitas, Homero,
Joyce...pretende ser Ulises García un personaje
total?
Supongo
que el natural modesto de Ulises García se
hubiera sentido incómodo con tal pretensión,
cuando casi ni siquiera es un personaje.
¿Es
él simplemente un personaje que puede comprender
el propio sentido de su esencia literaria o un ser
humano como cualquiera?
Me
gusta la formulación de la primera alternativa,
y supongo que eso es lo que estaba destinado a ser.
Lo curioso es que termina siendo humano: uno por
lo menos ese es mi caso le agarra cariño.
De ahí que retorne ahora en otra novela.
¿Cómo
pasar del conflicto de Ulises García a la asumida
sabiduría del Argonauta? Es decir, ve usted
una continuidad lógica entre los personajes?
Existe un camino recorrido -que puede usted mismo
no haber percibido- o sus libros han surgido espontáneamente?
Siempre
es tentador, y posible, armar sistemas, establecer
paralelos y continuidades. Pero en el fondo creo que
lo único que aparenta a ambos personajes es
la de ser proyecciones hipertrofiadas de algunas de
las características virtudes o defectos
del autor. Cediendo a la tentación de armar
el sistema, digamos que entre los polos de la duda
sistemática y de la sabiduría cínica,
está el grisáceo equilibrio con el que
personalmente procuro pensar y actuar no siempre
con éxito, dejando a mis personajes el
privilegio de la exageración.
¿Valora
usted mucho el humor? ¿En general? ¿Y
en la literatura?
El
humor es lo único que impide que uno ceda a
la tentación de suicidarse (o de matar a alguien)
varias veces al día. En cuanto a la literatura,
aunque hay casos de grandes libros absolutamente desprovistos
de humor nadie se ríe con Tolstoi o Dostoievsky
mis preferencias van, obviamente, por aquellas obras
que lo resuman en todas sus variantes, comicidad,
ironía, absurdo, etc.. Desde el Quijote hasta
Kafka, pasando por un homenaje especial a Cortázar,
en este año conmemorativo.
©
Alejandro Neyra Sánchez*, 2004 
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