Foto tomada de la revista Caretas. Fuente: http://www.caretas.com.pe/2002/1728/secciones/cultural.phtml

En cuanto a inspiración, la ducha suele ser un buen momento, aunque luego la idea debe madurar el tiempo necesario. Estando en el exterior, aún en sitios complicados, hay un poco más de tiempo que en Lima

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2. Sobre su obra

¿Cuánto ha cambiado su estilo desde Morgana (1988) hasta Crónicas del argonauta ciego? ¿Cómo pasar del cuento a la novela sin morir en el intento?

No creo que el estilo haya cambiado mucho en lo esencial, algo más de cuidado, quizás, o por lo menos eso espero; pero la estructura de cada uno de mis libros sí es muy diferente: la combinación de viñetas breves y cuentos propiamente dichos en Morgana, la seudotesis universitaria que es Ulises; los nueve cuentos más convencionales de Las Musas y los Muertos; las 21 fábulas de Crueldad del Ajedrez, para llegar a las Crónicas del Argonauta Ciego, etiquetada por los editores como novela aunque cada una de sus 64 unidades pueda ser leída independientemente. Supongo que me aburro, y necesito expresarme a través de avatares distintos; más allá de que hay historias que exigen ritmos y alientos diferentes.

¿Ha intentado alguna ves escribir poesía? ¿Cómo se siente con esas otras formas de expresión: la poesía, el teatro?

Tengo un altísimo respeto por la poesía (sí, me gusta); por lo que, más allá de algunas páginas bajamente utilitarias (en aras de la seducción) y algunas décimas y sonetos dirigidos a amigos, no me he aventurado en esos terrenos. Pero en muchos de mis textos —sobre todo los mas breves— procuro dar especial cuidado al ritmo y a la concisión significativa, lo que supongo los emparenta con la poesía. En cuanto al teatro, sí, me gusta, aunque creo haber leído mucho más teatro del que he visto. No tengo proyectos en la materia, pero uno nunca sabe.

3. Sobre Blanco y Negro

¿Cómo nace Ulises García? ¿Por qué escribir Blanco y Negro de manera dialéctica y siguiendo el esquema de una tesis o monografía?

Ulises García y su plan —esto es, el personaje y el esquema de la obra— nacieron simultáneamente un buen día de julio de 1990. Estaba cruzando una calle en París y casi me atropella un carro porque se me vino el concepto de la razón contradictoria del buen Ulises. Decidí que era materia de una novela —en aquella época trabajaba más bien un libro de cuentos—, y que tenía que escribir esa novela en tres meses, antes de que naciera mi hija y ahogara en pañales todo intento serio de organización laboral y artística. Para eso, tenía que ceñirme a un plan muy estricto que me obligara —ocioso como soy— a un mínimo de unidades por día. Así que me senté en una banca e hice el plan, que por otro lado es una nada velada alusión-homenaje al plan del Ulises de Joyce, sólo que él no tuvo el descaro de hacerlo explícito. La novela estaba entonces prácticamente escrita. Faltaba pasarla al limpio. Pero tuve un pequeño retraso, nació mi hija y el libro, por ese y otros motivos, salió el 95.

He encontrado algunas similitudes, quizás alusiones-homenajes —como usted dice— con 1984, Varguitas, Homero, Joyce...pretende ser Ulises García un personaje total?

Supongo que el natural modesto de Ulises García se hubiera sentido incómodo con tal pretensión, cuando casi ni siquiera es un personaje.

¿Es él simplemente un personaje que puede comprender el propio sentido de su esencia literaria o un ser humano como cualquiera?

Me gusta la formulación de la primera alternativa, y supongo que eso es lo que estaba destinado a ser. Lo curioso es que termina siendo humano: uno —por lo menos ese es mi caso— le agarra cariño. De ahí que retorne ahora en otra novela.

¿Cómo pasar del conflicto de Ulises García a la asumida sabiduría del Argonauta? Es decir, ve usted una continuidad lógica entre los personajes? Existe un camino recorrido -que puede usted mismo no haber percibido- o sus libros han surgido espontáneamente?

Siempre es tentador, y posible, armar sistemas, establecer paralelos y continuidades. Pero en el fondo creo que lo único que aparenta a ambos personajes es la de ser proyecciones hipertrofiadas de algunas de las características —virtudes o defectos— del autor. Cediendo a la tentación de armar el sistema, digamos que entre los polos de la duda sistemática y de la sabiduría cínica, está el grisáceo equilibrio con el que personalmente procuro pensar y actuar —no siempre con éxito—, dejando a mis personajes el privilegio de la exageración.

¿Valora usted mucho el humor? ¿En general? ¿Y en la literatura?

El humor es lo único que impide que uno ceda a la tentación de suicidarse (o de matar a alguien) varias veces al día. En cuanto a la literatura, aunque hay casos de grandes libros absolutamente desprovistos de humor —nadie se ríe con Tolstoi o Dostoievsky— mis preferencias van, obviamente, por aquellas obras que lo resuman en todas sus variantes, comicidad, ironía, absurdo, etc.. Desde el Quijote hasta Kafka, pasando por un homenaje especial a Cortázar, en este año conmemorativo.

© Alejandro Neyra Sánchez*, 2004 descargar pdf

 

(*) Alejandro Neyra Sánchez (Lima, 1974)

Estudió Literatura en San Marcos y es bachiller de Derecho por la Pontificia Universidad Católica de Lima. Es también diplomático y actualmente reside en Ginebra, donde trabaja en la Representación Permanente del Perú ante los Organismos Internacionales. Cuenta con algunas publicaciones y prepara la próxima edición de su primer libro de cuentos: Peruanos Ilustres.

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