Imre Kertész es uno de estos escritores, y esto se debe a que sus libros contienen ese sentido religioso que siempre ha caracterizado a la literatura judía. Lo que sentimos al leer sus libros es lo que sentimos al leer a Kafka. No sólo son una ficción, una metáfora o una alegoría sino toda una tradición milenaria que hay detrás y que hace sentir su presencia

 

 

La evocación de los hechos en Kaddish por el hijo no nacido de Imre Kertész

por Mario Granda Rangel
 
 

"Pienso en las cosas que pudieron ser y no fueron.
El tratado de mitología sajona que Beda no escribió.
La obra inconcebible que a Dante le fue dado acaso entrever.
(...) El ave fabulosa de Irlanda, que está en dos lugares a un tiempo.
El hijo que no tuve."

J.L. Borges, Things that might have been

En el Perú conocemos poco la tradición literaria judía. Tenemos en cuenta algunos nombres como los de Franz Kafka o Isaac Bashevis Singer, pero ignoramos un gran número de autores europeos, israelitas o norteamericanos (en la lista también se incluyen autores peruanos como Isaac Goldemberg) que también pertenecen a esta larga tradición. Imre Kertész es uno de estos escritores, y esto se debe a que sus libros contienen ese sentido religioso que siempre ha caracterizado a la literatura judía. Lo que sentimos al leer sus libros es lo que sentimos al leer a Kafka. No sólo son una ficción, una metáfora o una alegoría sino toda una tradición milenaria que hay detrás y que hace sentir su presencia.

A lo largo de la novela de Imre Kertész, Kaddish por el hijo no nacido (1), encontramos temas que pueden dar lugar a muchas discusiones y reflexiones interesantes. En ella conocemos temas como el conflicto del hijo con el padre, la labor del escritor o el judaísmo, entre los que hay íntimas relaciones complementarias. Pero el aspecto formal de la novela necesita también la misma atención. En el siguiente comentario nos encargaremos de tocar sólo un aspecto: la relación entre las palabras y los hechos, entre lo que un escritor necesita para referir algo —sea ficcional o no— y lo que es referido. Creemos que este es uno de los puntos más importantes de la novela para saber qué es lo que el último premio Nobel quiso decir con ella.

Kaddish por el hijo no nacido es el recorrido por la mente de B., un escritor judío y húngaro de nacimiento que conocerá los campos de concentración alemanes y luego los años del totalitarismo comunista. Poco a poco nos enteraremos de sus primeros años en el colegio, la experiencia de Auschwitz y sus años universitarios, así como algunas anécdotas de su trabajo como escritor (y traductor) y algunos comentarios de su matrimonio (luego fracasado). Pero el recorrido por la mente de este personaje no es solamente lo que se conoce como un monólogo interior o una introspección sino también un "discurso", en el doble sentido de la palabra: el discurso como una exposición oral ante un público y, por otro lado, el discurso —aquel que proviene de discurrir— como un detenido y largo razonamiento.

Efectivamente, en el relato de B. encontramos largas reflexiones, en las que el discurso —el discurso oral— es una valiosa herramienta de investigación. Cada tema, cada pensamiento e incluso cada detalle es analizado con cuidado para llegar a la verdadera magnitud y espiritualidad de los hechos, y esto es lo que vemos cuando B. aborda el tema de Auschwitz. B. quiere encontrar una explicación para poder desentrañar esa cantidad de sentimientos encontrados, de instintos y contrainstintos producidos por esta experiencia. Pero, además, B. quiere liberar a Auschwitz de los discursos que tratan de esconder este famoso campo de concentración de la historia universal del hombre. Uno de ellos es aquél que dice que lo que pasó en Auschwitz "no tiene explicación":

Pero volviendo, ¿a qué?, a mi opinión —¡por el amor de Dios!—, a buen seguro dije que la frase era formalmente errónea, la frase de que "Auschwitz no tiene explicación", porque todo cuanto existe siempre tiene una explicación, aunque sólo se trate, desde luego, de explicaciones arbitrarias, erróneas y deficientes, pero lo cierto es que un hecho tiene al menos dos vidas, una vida fáctica y una vida, por así decirlo, espiritual, una forma de vida espiritual que no es otra cosa que explicación, acumulación de explicaciones que explican los hechos a muerte, que destruyen los hechos en definitiva o al menos los ocultan bajo una niebla, o sea que también esta frase desgraciada —"Auschwitz no tiene explicación"— es una explicación, y el autor explicaba que debemos callar sobre Auschwitz, que Auschwitz no existe o, para ser más preciso, que no existió, ya que, como es lógico, sólo aquello que no existe o no existió carece de explicación. (2)

Decir que Auschwitz "no tiene explicación" es querer decir, aparentemente, que fue algo "inconcebible", algo que no puede imaginarse como humano. Pero en realidad lo que hacen estas expresiones es huir del problema, sin buscar una verdadera explicación —o, como dice B., sin buscar su lado espiritual—. Pero para B. Auschwitz sí tiene una explicación, y una explicación muy racional, dado que para B. "el mal siempre tiene explicación racional":

todos sus actos [los actos del mal] se derivan de algo, igual que una fórmula matemática; se derivan de algún interés, del afán de lucro, de la pereza, del deseo de poder y de placer, de la cobardía, de la satisfacción de este o de aquel instinto, y si no, pues de alguna locura al fin y al cabo, de la paranoia, de la manía depresiva, de la piromanía, del sadismo, del asesinato sexual, del masoquismo, de la megalomanía demiúrgica o de otro tipo, de la necrofilia, qué sé yo de qué perversión de las muchas que hay o de todas juntas quizá, porque, dije con toda probabilidad, porque prestad atención, porque lo verdaderamente irracional y lo que en verdad no tiene explicación no es el mal sino lo contrario: el bien. (3)

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(1) KERTÉSZ, Imre: Kaddish por el hijo no nacido, Editorial El Acantilado, Barcelona, 2001, 147 pp.
(2) KERTÉSZ, Imre: Kaddish por el hijo no nacido, p. 47.
(3) Ibídem, p. 53.

 

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