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En
el texto que precede a la imagen en la página
anterior leemos estas líneas: “Pero la
casita blanca ya no estaba. En su lugar había
una lápida de mármol en la que se leían
en letras mayúsculas estas dolorosas palabras:”.
De inmediato apreciamos en el dibujo a Pinocho con el
rostro notoriamente compungido y gestos corporales de
anonadamiento ante una blanca lápida y dentro
del marco de la misma las letras que dicen: “Aquí
yace la niña de cabello azul muerta de dolor
por haberla abandonado su hermano Pinocho”. Sobre
esta imagen podría repetirse lo ya dicho respecto
a la compleja interrelación letra-imagen plástica
en el texto literario, pero además nos servirá
para apreciar cómo de una edición a otra,
al variar las imágenes que acompañan a
la letra, puede variar más o menos sutilmente
el significado del texto. Para ello veamos el siguiente
dibujo, que acompaña el texto lingüístico
en el mismo pasaje de la novela de Collodi pero en una
edición de 1989 y con dibujos de Roberto Innocenti:
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Esta
vez las palabras que aparecían en la lápida
están insertadas en el texto lingüístico
y no en el dibujo y lo están además
en la página anterior, totalmente disociadas
de la imagen plástica. En esta última
versión del dibujo Pinocho no muestra el
mismo grado de sorpresa, pues aún no ha leído
las palabras de la lápida, ya que recién
está acercándose a ella. El efecto
es del todo distinto no hay anonadamiento, en su
rostro por tanto nada dice ya que este sentimiento,
el anonadamiento se diese en el protagonista como
si nos lo decía el dibujo de Mussino y |
Esta
vez las palabras que se aparecian en la lápida
están insertadas en el texto lingüístico
y no en el dibujo, y lo están además en
la página anterior, totalmente disociadas de
la imagen plástica. En esta última versión
del dibujo Pinocho no muestra el mismo grado de sorpresa,
pues aún no ha leído las palabras de la
lápida, ya que recién está acercándose
a ella.
El efecto es del todo distinto, no hay anonadamiento,
su rostro nada dice al respecto, ya que este sentimiento
se da en el protagonista como sí nos lo dijera
el dibujo de Mussino, algo que no es mencionado por
Collodi, que aludía a una reacción de
tristeza. El efecto es del todo distinto: no hay anonadamiento
en su rostro, por tanto nada dice que este sentimiento
se diese en el protagonista ––como sí
nos lo decía el dibujo de Mussino y que no es
mencionado en el texto de Collodi, que solo aludía
a una reacción de tristeza––. También
se suprime la sensación que transmitía
Mussino, en la que los lectores veíamos literalmente
junto con Pinocho la lápida y la inscripción
en la misma. En la versión Collodi-Innocenti,
en cambio sabemos que eso sucedió en el pasado
al que hace referencia el narrador lingüístico
y compartimos con el protagonista su acercamiento a
una lápida donde no sabe aún quién
está enterrado.
Un último ejemplo sirve para hacer notar lo útil
que para el análisis de textos de literatura
infantil pueden ser las herramientas que nos proporciona
la semiótica:
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Dominio
de lo dado |
Dominio
de lo nuevo |
Dominio
de lo ideal |
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Dominio
de lo real |
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Esta
es la configuración del espacio visual en la
semiótica occidental según plantean Günther
Kresso, Regina Leite-García y Theo Van Leeuwen
en su ensayo “Semiótica discursiva”
que forma parte del libro El discurso como estructura
y proceso, del compilador Teun A. Van Dijk. Todo
espacio visual puede ser teóricamente atravesado
por dos ejes, y las áreas en que divide el espacio
el eje horizontal son el inferior, en el dominio de
lo real, aquello que asumimos como lo “empíricamente
así”, y el área superior, que es
el dominio de lo ideal, es decir, “una forma ideal”,
un “deseo ideal”. A su vez, el eje vertical
nos muestra un área izquierda que es el dominio
de lo dado, aquello conocido, y un área a la
derecha, que es el dominio de lo nuevo, lo aún
no plenamente aceptado.
Observemos ahora la siguiente imagen, a la cual superpondremos
este esquema, con la intención de entender cómo
en el texto literario para niños hay en realidad
tres autores del sentido del texto: el autor del texto
escrito, el autor de los dibujos y el diagramador, que
es quien distribuye dibujos y letras. Veamos :
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Esta
es una página de la novela Alicia en el país
de las maravillas editada en 1865 con texto lingüístico
de Lewis Carroll y los famosos dibujos de la edición
original elaborados por Sir John Tenniel.Si superponemos
a este espacio el esquema anterior tenemos lo siguiente: |
Esta
es una página de la novela Alicia en el país
de las maravillas editada en 1865 con texto lingüístico
de Lewis Carroll y los famosos dibujos de la edición
original elaborados por Sir John Tenniel. Si superponemos
a este espacio el esquema anterior tenemos lo siguiente:

Nos
hallamos ante un texto literario compuesto por letras
y un dibujo. El dominio de lo real, lo empíricamente
así, es copado por la letra, probablemente por
ser el lenguaje escrito u oral lo aceptado tradicionalmente
como principal transmisor de mensajes. Sin embargo el
dibujo ocupa el dominio de lo ideal, es la realización
en imágenes plásticas del sentido que
la letra no alcanza a expresar. En el área superior
tenemos que la presencia de Alicia es preponderante
en el dominio de lo dado, lo conocido, pues es un humano
como esperamos estos lo sean, mientras que el dominio
de lo nuevo es ocupado por la Liebre de marzo, el Sombrerero
y el Lirón, dos de ellos animales parlantes y
el otro un ser de enrevesada lógica.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, con la masificación
del cine, la televisión y los juegos de video,
quedó claro que la cultura imperante es cada
vez más audiovisual, esto es, se rescata la transmisión
del conocimiento oral y visual en todos los niveles.
Qué duda cabe que, si dado el caso, una maestra
en una escuela ubicada a mil kilómetros del mar
desea que sus alumnos entiendan lo que es el océano,
la proyección de un video de quince minutos dirá
más que varias horas de lectura al respecto.
En este marco, la complementación entre dibujo
y texto lingüístico en el libro de literatura
para niños cobra especial relevancia. Hace tiempo
que comenzaron a surgir magníficos artistas especializados
en este rubro. Ya en la Inglaterra victoriana, las obras
para niños de Oscar Wilde se publicaban con dibujos
de Aubrey Beardsley; en Francia, Doré dibujó
para las ediciones de Perrault; el pintor Sir John Tenniel
creó algunas de sus mejores obras para la magnífica
edición original de Alicia en el País
de las maravillas, Arthur Rackham produjo bellos dibujos
para una colección de Cuentos de Andersen;
W.W. Denslow hizo lo propio con la edición príncipe
de El Mago de Oz. Especial interés despierta
el libro Peter Rabbit (1901-1902) donde texto
lingüístico y texto plástico tienen
un mismo autor: Beatrix Potter (1866-1943).
En los últimos años son famosos los dibujos
que realizó Quentin Blake para los libros del
galés Roald Dahl, y sin ir tan lejos, en el Perú
es interesante el caso de Jorge Eslava. Salvo los poemarios
que ocupan una primera etapa de su producción
literaria, las novelas y cuentos para niños están
ilustrados, como también sucede con Caballo
de madera, un cancionero para niños; Descuelga
un pirata, su novela para jóvenes, e incluso
Navajas en el paladar, un testimonio de corte
sociológico fruto de su convivencia durante varios
meses con los niños de la calle. Resaltan entre
sus libros los dibujos que realizó Felipe Morey
para El papá mago y para Florentino
supercochino, o aquellos que complementan el texto
de Las torres del castillo, realizados por
Ana María Gazzolo.
Hoy en día es tal el auge de las creaciones de
pintores y dibujantes para textos infantiles que existen
importantes premios internacionales al respecto y luego
de que la Feria del libro de que Frankfurt se desgajase
la Feria Internacional del libro Infantil y Juvenil
de Bolonia hoy hay ferias dedicadas en exclusiva a los
dibujos para libros infantiles.
Finalmente, concluyo reafirmando la idea que resume
estas líneas: el texto literario no está
conformado sólo por lenguaje escrito. Específicamente
en la literatura infantil lo componen letra e imagen
plástica y un cabal acercamiento hermenéutico
deberá llamar en su ayuda a la Psicología
de la percepción, el estudio de las bellas artes
y la semiótica discursiva, en la actitud multidisciplinaria
que imponen los estudios culturales.
©
José Alejandro Felipe Valencia-Arenas Abruzzese,
2005
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| José
Alejandro Felipe Valencia-Arenas Abruzzese: (Lima-Perú,
1970).
Estudió Administración de Empresas
en la Universidad de Lima y Literatura en la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos. Tiene publicados
un libro de cuentos, artículos de crítica
e investigaciones en diversas revistas especializadas.
Ha sido lector del Fondo Editorial de la UNMSM
y ponente en congresos de literatura en el Perú
y el extranjero. Es conferenciante y estudioso
de temas relacionados a la literatura infantil,
ha dirigido un taller de creación literaria
y dicta un curso en el diplomado de Animación
a la Lectura auspiciado por la Editorial Norma. |
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| Para
citar este documento:
http://www.elhablador.com/valencia1.htm |
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