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La
imagen de don Fermín, al inicio de la novela,
es aparentemente muy distinta. El papá de Santiago
es un industrial de “buena familia” que
pertenece a la élite de la sociedad limeña.
Sin embargo, en una conversación entre Santiago
y el tío Clodomiro se aprecia los orígenes
humildes de la familia de don Fermín: “Yo
sé que [Zoila] es una gran mujer, toda una señora,
por supuesto. Pero siempre tuvo prevención contra
la familia nuestra, porque éramos pobretones
y sin pergaminos. Ella lo contagió a Fermín”
(295). Los dos han logrado ascender socialmente y para
ello han tenido que joder y establecer lazos con el
poder: don Fermín se asocia con las dictaduras
para obtener contratos, en tanto que el Buitre (se nos
dice) nunca obtuvo tanto dinero como en la dictadura
de Benavides.
Otro aspecto que acerca a ambos personajes (Santiago
y Cayo) es la relación conflictiva que tienen
con su familia.
La
actitud de Zavala es clara: no quiere ser el reflejo
de su padre, pues considera que el dinero y la posición
social que don Fermín ha conseguido han sido
gracias a que éste se ha asociado con un poder
que corrompe y destruye (6).
De
ahí que Santiago decida irse de la casa, abandonar
su familia y su estrato social. Quiere construirse como
la imagen opuesta de lo que es don Fermín:
—No
soy brillante, no soy estudioso, no repitas a papá,
tío —dijo Santiago—. La verdad
es que estoy desorientado. Sé lo que no quiero
ser, pero no lo que me gustaría ser. Y no quiero
ser abogado, ni rico, ni importante, tío. No
quiero ser a los ciencuenta años lo que es
mi papá, lo que son los amigos de mi papá.
¿Ves, tío? (301).
Este
rompimiento se hace definitivo a través de su
matrimonio con Ana, una enfermera de condición
humilde, una “huachafita” según palabras
de Zoila; era un acontecimiento previsible. El siguiente
paso a tomar por alguien que se opone a su familia y
su clase social: si Santiago quiere ser todo lo opuesto
a lo que es (o representa don Fermín), tiene
que casarse con una mujer que sea la antítesis
de Zoila, por ello escoge a Ana. Tras unos meses de
abandonar la casa de sus padres, el ahora periodista
Zavalita se encuentra con sus hermanos; en la conversación,
el Chispas afirma: “Sólo debe demostrar
que no es como los demás: acabará casándose
con una negra, china o india (…). Ya verás,
Teté” (364). La profecía sólo
podía cumplirse.
El
adolescente Cayo, cuya familia había ascendido
socialmente y pertenecía ahora a la élite
de Chincha, también se casa con una mujer de
condición social inferior: Rosa, hija de una
lechera. Esto es inaceptable para el Buitre, el padre
de Cayo, quien ve lo como un retroceso en el ascenso
socioeconómico de su familia. Después
de que Cayo y Rosa se han casado y regresan donde el
padre de Bermúdez, éste monta en cólera:
Su
furia [del Buitre] no era contra la hija de la Túmula,
a ella parece que no le pegaba, sólo a su hijo.
(...) No se conformaba de que se le hubiera casado
así, y siendo mocoso, y sobre todo con quién.
Ni se conformó nunca, por supuesto, ni volvió
a ver a don Cayo, ni a darle medio. Don Cayo tuvo
que empezar a ganarse los frejoles para él
y para la Rosa. Ni siquera el colegio terminó
el que el Buitre decía sería el futuro
cráneo (64).
El
paralelo con el caso de Santiago es evidente, aunque
—claro está— con ciertas diferencias.
El matrimonio de Cayo es lo que desencadena que éste
abandone su casa y su familia (el Buitre es el que decide
que se vayan), en tanto que Santiago se casa años
después de haber abandonado a su familia: la
decisión, en cierta manera por lo menos, es suya.
Por otro lado, la actitud del Buitre es más cercana
a la de Zoila (7)
que a la de don Fermín; éste, aunque no
ve con buenos ojos el matrimonio de su hijo, no quiere
que su relación con Santiago termine. El paralelo
al que hacía referencia líneas arriba,
se hace aún más evidente cuando Ambrosio
(de quien muchos críticos han afirmado que “no
se entera de nada”) , quien le está contando
a don Fermín la historia del matrimonio de Cayo
Bermúdez, afirma:
Eso
le decía todo el mundo al Buitre: se le pasará
el camote y la mandará [a Rosa] de nuevo donde
la Túmula y usted recuperará a su hijo.
Pero no lo hizo, por qué sería. Por
la religión no creo, don Cayo no iba a la iglesia.
¿Por hacer rabiar al padre, don? ¿Porque
lo odiaba al Buitre, dice usted? ¿Para defraudarlo,
para que viera cómo se hacían humo las
esperanzas que tenía puestas en él?
¿Joderse para matar de decepción al
padre? ¿Usted cree eso, don? ¿Hacerlo
sufrir costara lo que costara, aunque sea convirtiéndose
él mismo en basura? (...) Usted no está
hablando del Buitre y don Cayo sino de usted y del
niño Santiago ¿no don? (65).
Aunque
cronológicamente la conversación entre
don Fermín y Ambrosio es anterior al matrimonio
de Santiago, el paralelo es bastante claro: el matrimonio
de Zavalita es lo que decide (en vida de Fermín)
abandonar su familia y su clase social.
En
el bar del Hotel Bolívar, don Fermín le
informa a Cayo Bermúdez que Santiago quiere entrar
“a la olla de grillos de San Marcos” y no
a la Católica (actitud que le molesta a Fermín).
Cayo afirma “Todos los muchachos son un poco rebeldes
(…). Creo que hasta yo lo fui” (288).
Presumiblemente
Cayo se refiera a su matrimonio, el cual lee a la distancia
simplemente como una rebeldía juvenil y no como
un intento de quebrar las barreras sociales. Zavalita
(el Santiago ya adulto) se va pareciendo cada vez más
al adolescente Cayo, e incluso también al Cayo
adulto que todavía no se ha acercado al poder.
El
matrimonio de Cayo Bermúdez significa para éste
la pérdida de su estatus económico; como
vimos, el Buitre decide “no darle medio”
en vida, y para que no herede nada de su pequeña
fortuna, se dedica a dilapidar lo que le queda: “Dicen
que para que su hijo no heredara, el Buitre comenzó
a botar lo que tenía en borracheras y limosnas,
que si la muerte no lo agarra desprevenido también
hubiera regalado la casita que tenía detrás
de la Iglesia” (64). Este pasaje se liga temáticamente
con la relación Santiago/don Fermín: a
la muerte de éste, Zavalita no acepta el dinero
de la herencia porque como vimos anteriormente considera
que la fortuna de su padre ha sido ganada de una manera
indebida, asociándose al poder de turno. De aceptar
la herencia, Santiago hubiera sido inconsecuente con
su proceder después que decide joderse. Así,
por diferentes razones, tanto Cayo como Zavalita no
heredan nada de sus padres, hecho que acerca temáticamente
a ambos personajes.
El
matrimonio de Cayo lo lleva a perder su nivel económico;
antes de trabajar para el gobierno de Odría es
vendedor de tractores de algunas firmas agrícolas,
un trabajo que sólo le permite sostenerse. Además,
con el paso de los años, Rosa, que era “pasable”
cuando joven, se ha convertido en una mujer fea, en
un “cuco” (8).
Está jodido y persiste en ese estado sin buscar
cambiarlo. Cuando Espina, su amigo de infancia, asciende
al poder, Cayo se niega a buscarlo para solicitar un
beneficio personal:
—Cuando
estuve de Ministro de Bustamante toda la Promoción
me buscó, menos tú —dijo Espina—.
¿Por qué? Estabas en mala situación,
habíamos sido como hermanos. Yo hubiera podido
ayudarte.
—¿Vinieron como perros a lamerte las
manos, a pedirte recomendaciones y a proponerte negociados?
—dijo Bermúdez—. Como yo no vine,
dirías éste anda rico o ya se murió.
—Sabía que estabas vivo, pero medio muerto
de hambre —dijo Espina—. No me interrumpas,
déjame hablar. (...)
—Estás contento con tu suerte, no te
importa llegar a viejo de provinciano y sin un medio
—dijo Espina—. Ya no eres ambicioso, Cayo.
—Pero todavía soy orgulloso —dijo
Bermúdez secamente—. No me gusta recibir
favores. ¿Eso es todo lo que querías
decirme? (67).
La
relación entre Cayo y Espina es similar a la
de Zavalita con su padre: ninguno de los dos quiere
aceptar (hasta ese momento al menos) un dinero que viene
de oscuros negociados, ninguno de los dos es “ambicioso”
(9): ambos desean
seguir, al parecer, en esa condición jodida.
Pero luego —y ahí es donde a mi parecer
las similitudes entre Zavalita y Bemúdez se diluyen
casi completamente— Cayo acepta el puesto que
le ofrece Espina y empieza su camino ascendente hacia
el poder y la corrupción. El antiguo y destacado
escolar de Chincha pone su inteligencia al servicio
de un poder que vigila y tortura, que sabe todo sobre
todos. El mismo se corrompe, roba, jode: se convierte
en el “gran jodedor”.
En
el sexto capítulo, Santiago, junto con Aída
y Jacobo (adolescentes que se oponen a la dictadura
de Odría y sueñan con la igualdad social),
busca en San Marcos a militantes del Partido Comunista,
y finalmente descubre que Washington, su mentor, es
el ansiado contacto con Cahuide, la célula comunista:
No
era una leyenda, no había desaparecido con
la dictadura: existía. A pesar de Odría,
aquí también hombres y mujeres, a pesar
de Cayo Bermúdez, secretamente se reunían,
y formaban células, de los soplones y los destierros,
imprimían Cahuide, de las cárceles y
torturas, y preparaban la Revolución. Washington
sabía quiénes eran, cómo actuaban,
dónde estaban, y él me inscribiré
pensaba, piensa, me inscribiré esa noche (128-129).
No
es gratuito que en el capítulo séptimo,
poco después de este episodio, se nos presente
a Cayo triunfante luego de haber ordenado la toma de
San Marcos: los dos personajes (ya en franca oposición)
se relacionan así en la estructura misma de la
novela. En ese mismo capítulo, Cayo, refiriéndose
al periódico clandestino Cahuide, le dice a Lozano:
“Esas hojitas subversivas van a desaparecer, de
inmediato —dijo Bermúdez—”
(138). Aunque no haya una alusión directa a Santiago
en esta escena, es claro que la relación con
este personaje está presente.
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(6)
Es claro que don Fermín se asocia al régimen
de Odría sólo por un interés económico,
para que le den los contratos para la construcción
de carreteras y para la fabricación de diversos
productos farmacéuticos. Tal como dice Zavalita
de su padre “El pobre no tiene ideas políticas
—dice Santiago—. Sólo intereses políticos,
Ambrosio (179).
(7)
Sobre la unión marital de Cayo, Sara Castro-Klarén
afirma: “Cayo turns out to be a brilliant fellow
with a superb future ahead of him. But against his father’s
hopes and wishes, as if to spite all the social codes
and mores in the world, Cayo not only falls in love
with a beautiful black girl [sic] but insists on marrying
her. This intolerable violation of the most sacred space
—marriage— produces the irreconciliable
estrangement between Cayo and his father” (90).
Cambiando “Cayo” por “Santiago”
y “father” por “mother”, lo
mismo puede decirse de Zoila con respecto de su hijo.
Sólo después de la muerte de don Fermín
y de su viaje a Europa, la madre de Zavalita accederá
a ver otra vez a su hijo.
(8)
Queda abierta la posibilidad de que Ana, la mujer de
Zavalita, pueda correr la misma suerte.
(9)
Don Fermín es en este sentido todo lo contrario
a Santiago; en una conversación entre Zavalita
y el tío Clodomiro, éste dice de su hermano
“El fue muy ambicioso desde chico. Siempre quiso
ser alguien” (295).
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