En la década de 1990 se produjo un fenómeno del chisme, de la fijación en detalles escabrosos y sin contenido. Todo motivado por una dictadura que compró espacios que presentaban información banal, o buscaban banalizar la importante, negando el análisis.

 

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Apuntes alrededor de la llamada literatura chicha Rasgos de dicción biográfica en Susy Díaz, La señito y El enano

por Miguel Ángel Vallejo Sameshima

 

El personaje es el narrador, y también el autor implícito y real. Presenta una autodefinición como un muchacho tímido, su incursión en el mundo del modelaje y su relación con la animadora. Pero siempre con una imagen positiva de sí mismo, con prejuicios machistas. Es atractivo para muchas mujeres, lo cual le causa problemas en sus relaciones de pareja al no poder rechazar los ofrecimientos que le lanzan.

Ello surge dentro de la idea machista de que un hombre no puede rechazar a una mujer. Pero es un doble discurso, puesto que es independiente. Refiriéndose a la vez cuando la señito le ayudó con las tareas del hogar, dice: “Aparte de mi madre y yo, nadie me había planchado una camisa” (p.40). También se presenta como una persona inteligente, como en un episodio en Chincha donde no pudieron encontrar alojamiento: “Todos menos yo pensaron que el problema se había solucionado” (p.64).

Lanza, en todo caso, dos ideas sobre la animadora. La primera destaca su belleza física, como detalle erótico: “La toalla que le llegaba hasta los muslos se corrió hasta la altura del vientre, dejando ver buena parte de su acicalada intimidad” (p.68). Y otra más sicológica, luego de decir su nombre y apellido: “con su carita de comprensiva y hasta condescendiente ante cámara, es muy pertinaz en sus cosas... super (sic) obsesiva en su trabajo, orgullosa” (p.37).

Las otras dos obras son menos memorables pero de una narración sospechosamente similar, como si un autor fantasma hubiera escrito (perpetrado) los tres libros. Cambia, sí, un detalle distintivo: los nombres ya no son siempre los reales, por los problemas legales que le trajo a esta editorial la publicación de La señito.

Yesabella al desnudo encierra estas palabras en su prólogo.”Soy una mujer libre, resuelta, sin prejuicios de ningún tipo, autónoma...”. También , refiriéndose a las anécdotas que contará: “las mismas que abordo descarnadamente y sin hipocresías de ninguna índole, donde no faltan las orgías, el lesbianismo y las drogas”.

En todo el libro, los personajes tienen sus nombres cambiados de animadores de televisión, así como las formas menos convencionales de llamar a los jugadores de fútbol (merengues por los de Universitario de deportes, íntimos por los de Alianza Lima, y ediles por los del  Deportivo Municipal).

Por su parte, Brocca  en Canto de dolor, lanza estas palabras en su prólogo: “La historia que narro a continuación es parte de mi vida, cualquier parecido con algún personaje... no sé realmente si es pura coincidencia”. Y también cambia los nombres de los personajes, que son casi los mismos que en la obra de Yesabella, todos vinculados al mundo del espectáculo, considerados como chichas.

En estas tres obras se construye una imagen autoreferencial. El autor real, el implícito y el personaje (que es el narrador), son el mismo. Se construyen a sí mismos y comentan cosas de otros personajes secundarios, con un punto de vista dominante sobre el texto. Los únicos recursos son la narración primera persona y los diálogos, muchos de ellos con groseros errores gramaticales y tipográficos. Salvo la peculiaridad de La señito, sólo queda un estilo cercano al canon de la serie B: una línea editorial amarillista, como cortina de humo, de libros de mala calidad hechos en serie.

El enano: ficcionalización de la biografía

Cayó Fujimori en el 2000, y nunca salieron las continuaciones prometidas de estas novelas. Los diarios chichas se replegaron, y aparecieron muchas obras sobre la dictadura. Bajo ese contexto, en el año 2001 sale al mercado una novela presentada como histórica: Incendiando la pradera (11), del ex premier Federico Salas.

Quizá como un mea culpa, o una forma de limpiar su imagen, Salas escribe en realidad una autobiografía, con autor real, implícito y narrador protagonistas e indistinguibles. Vemos que narra toda su trayectoria como político, pero que en su nota biográfica de la contratapa también la cuenta, como para que el lector de cualquier parte del mundo pueda identificarlo.

Y es que si bien muchos personajes aparecen con sus nombres reales, Salas es en la novela Francisco Salcedo, el ex congresista Alex Kouri es Alex Kourt, la hija del dictador, Keiko Fujimori es Seiko Fujimori. Y no llega a crear formas de habla de sus personajes, con lo cual la novela se empobrece discursivamente. Sin embargo, apela a la ficcionalización de la biografía por buscar un discurso literario y presentar el libro como novela histórica. No obstante, esto es, adrede,  identificable con lo real. Una doble operación que veremos más claramente en el siguiente ejemplo.

También en 2001 se publica El enano (12), libro de ataque personal a un periodista, escrito por el reconocido escritor y también periodista Fernando Ampuero. De nuevo, el recurso del chisme que utilizó la llamada literatura chicha.

No se trató de un desliz sino de algo intencional. De la contratapa: “el presente relato -ágil, punzante, y por momentos salvajemente divertido- empuja al lector a cruzar y descruzar la línea divisoria entre el periodismo serio y la rastrera prensa amarilla”. Lógico, estas líneas se asocian con la historia del personaje periodista. Pero también con la intención destructiva del libro.

Para sus ataques, utiliza un recurso provocador que atraiga la atención del lector, similar a los prólogos de los libros ya analizados en este texto. Del prólogo: “Los hechos aquí narrados, basados en una confesión de parte, ignoran la secuencia histórica en dos situaciones”. Provocación y misterio.

Continúa: “Todos los personajes que figuran en este relato son reales y se le menciona por sus nombres reales”. Excepto por el atacado, a quien se bautizó como Hache, inicial de su apellido, y a quien se le distingue de esa manera para marginarlo aún más. Es el diferente, desde el lenguaje se le resalta para que resalte más su faceta negativa, como K. en El castillo de Kafka.

El segundo elemento en común con la literatura llamada chicha es que tanto el autor real, el implícito y el narrador son el mismo. Acá también el narrador construye una idea del autor real, autoreferencial, basada en los ataques a Hache.

También, de nuevo, el autor real y el implícito se mimetizan, y el personaje principal es el narrador. Por supuesto, se trata de un figura autosuficiente, que visita discotecas en sus tiempos libres y se interesa por las mujeres guapas. Pero no lo hace de manera burda, lo insinúa apenas a lo largo de todo el relato. Así, se construye, otra vez, una suerte de súper yo.

Ahora, por un lado hay una marcada intención de hacer parecer real toda la historia, presentando datos y cifras. Pero sobre todo, otros textos que puedan demostrar lo expuesto. Por ejemplo: “Reproduzco a continuación el breve texto aparecido en la sección de televisión de la revista Somos el 24 de febrero de 2001, a fin de que juzguen ustedes por sí mismos” (p. 158).

Mas no confundamos, la operación es a la inversa. Se intenta ficcionalizar, a través del género canónico de la literatura, un hecho presentado como real. Si se exponen datos reales, se les encubre con un lenguaje irónico y cercano al del libelo elegante. Lanza comentarios sobre la época, la Lima donde se conocieron, el periodismo de su tiempo y las distintas realidades políticas de su tiempo (comunismo, bohemia), muy aparte de los comentarios sobre Hache. En sus ataques a Hache, no todas son revelaciones de comportamiento o escándalo, sino incluso de sus habilidades intelectuales. Considera que su enemigo “no había digerido bien” las novelas del siglo XIX.

En la relación con lo real, presenta referentes cultos y personajes del mundo cultural. Evita los detalles escabrosos, exagerados o escatológicos. Las descripciones son físicas y a la vez psicológicas, no como las pobres palabras de Vidal. Narra Ampuero: “En esos ojitos achinados, en esas oscuras pupilas, asomaba una luz turbia que reclamaba su tajada de todo. “¿Acaso no la tenía?” (p.23).

Con estos detalles de reflexión, configura personajes psicológicamente bien delineados en un contexto de ficción, y varios espacios. Esto es característico de la novela moderna. Con todos estos recursos, es necesario cierto capacidad interpretativa para poder entender la obra a cabalidad.

Por todo esto último, al margen de los elementos similares a los vistos en lo llamado chicha, sigue siendo una obra de chisme, pero canónica. Y la dicción biográfica, en este caso, trae como reminiscencia a la novela moderna y no a la serie B. Eso sí, curiosa informalidad en el lanzamiento de éste, que saliera en agosto de 2001, pero tuviera que volver a salir en septiembre de ese mismo año en una edición revisada. ¿Chicha, el lanzamiento?

Coda

Un último balance. El presente ensayo no es ni pretende ser ni la última ni la primera palabra de lo que es, o podría ser la literatura chicha. Sólo intenta hacer una aproximación más a estos libros, algunos muy malos mas no olvidables, otros descartados de plano, pero que son un punto interesante en nuestra rica y diversa literatura nacional.

La hibridez o fusión de elementos de Susy Díaz: anatomía de una democracia es diferente a las operaciones textuales modernas de El enano. Poggi trae lo gore. Y por supuesto, nada peor en serie B que las obras de editorial Monterrico. Las operaciones de dicción biográfica, por su parte, sirven para entender la construcción de las significaciones probables de estos libros.

Desde otra perspectiva, en el poco estudiado contexto de recepción, veamos nuestra realidad como lectores al constatar el impacto mediático de estos textos a pesar de sus mensajes. Es necesario, para no repetir los errores de la informalidad política, fomentar el desarrollo de la comprensión lectora, respetando las demás formas de expresión. Las bases populares, muchas de ellas atentas a la educación, parecen trabajar en ello.

También es necesario, vemos, trazar una crítica literaria abierta, que revise los gustos populares. Luego de estas reflexiones, dos preguntas, a destajo: ¿qué entendemos como público lector en el Perú? Y, como académicos, ¿revisamos todos los gustos literarios?

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(11) Salas, Federico. Incendiando la pradera. Bogotá. Planeta, 2001.

(12) Ampuero, Fernando. El enano. Lima. Mosca Azul, 2001

© Miguel Ángel Vallejo Sameshima, 2007

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Miguel Ángel Vallejo Sameshima: (Lima, 1983) Bachiller en Literatura por la UNMSM. Es co-organizador del coloquio Lo cholo en el Perú, en la Biblioteca Nacional. Colabora con distintas publicaciones alternativas y/o contraculturales. Escribió también en el diario oficial El peruano y las revistas Identidades y Variedades. Asimismo, fue codirector de la intervención urbana e instalación plástica Vía Viento, presentada en el centro cultural de San Marcos. Ha sido expositor en eventos como el programa de estudios Hemisferios de la universidad de Nueva York o el Foro de la Cultura Solidaria en Villa el Salvador. El año 2002 publicó Móviles en difuminado, colección de relatos de edición artesanal. Espera culminar pronto su antología ficticia de cuentos policiales.

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/dossier14_vallejos1.html

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