Detener la palabra
un segundo antes del labio,
un segundo antes de la voracidad compartida,
un segundo antes del corazón del otro,
para que haya por lo menos un pájaro
que puede prescindir de todo nido.
[...]
La palabra es el único pájaro
que puede ser igual a su ausencia.
(III Poesía Vertical No.17 – Poemas de Otredad)
2.3.2. La integración
Luego de la escisión hay una nueva intención de retorno a la unidad. Es la vuelta hacia la “forma interior”, la que no es reflejo de algo ni representa nada, la que no ha devenido en concepto, en lenguaje, en imagen. Se supone la existencia de un estado primario, una suerte de origen que sufrió un extravío al verterse hacia afuera. Aquel espacio interior, es el único que desconoce la ausencia(es la misma ausencia dinámica); es un espacio libre, sin expresiones duales o eclécticas; es un espacio que no ha sido llenado, que es pura “energía potencial” concentrada en sí misma.
A veces comprendemos algo
entre la noche y la noche.
[...]
Una oscura prisa,
un contagio de ala
nos alumbra una ausencia desmedidamente nuestra.
Comprendemos entonces
que hay sitios sin luz, ni oscuridad, ni mediaciones,
espacios libres
donde podríamos no estar ausentes.
(III Poesía Vertical No.20 – Poemas de Unidad)
2.4. Cuarta Poesía Vertical: La apuesta vertical
La imagen de la nada es determinante al definir el círculo de lo “perceptible”; puede representarse —dejarnos una huella— y luego, olvidarse de sí misma: un “juego de representaciones” que está en continuo movimiento sin dejarnos olvidar de la presencia de la nada. El creador tiene la preocupación por conocer el punto de todos los virajes, pero teme no hallar el viraje de ese punto. Al tener de frente la nada, recuerda y pone en duda el mundo perceptual —que creó o que le crearon—. Es el momento crucial para tomar una decisión fundamental y concretar la línea de creación sobre la que va a moverse. Juarroz no lo duda, su apuesta es por el mundo de la vivencia vertical y asume que “la idea de verticalidad supone atravesar, romper, ir más allá de la dimensión aplanada, estereotipada, convencional, y buscar lo otro” (1998); dejar que todas las posibilidades se muevan con igualdad de condiciones (perceptuales y no perceptuales). Es el triunfo de la forma sin forma. Es un espectro que remplaza la forma “presente”. Se abre, entonces, una nueva “estrategia”, una nueva “técnica” para relacionarse con las cosas.
En esta hora en que las formas se deshacen,
los fantasmas han optado por sustancias más concretas.
Así mis manos y mis pies, por ejemplo,
descalabran de pronto sus fieles trayectorias
y se deslizan como acordes de una sumergida partitura.
[...]
Las cosas nos traducen una nueva estrategia,
una técnica distinta,
que viene desde el fondo.
[...]
Las palabras recogen vestiduras abandonadas
y regresan después empujando al pensamiento.
[...]
Asistimos ahora a un replanteo de las tácticas del abismo,
a un reordenamiento de los estratos, las jerarquías y las densidades.
Tal vez mañana sólo seamos nosotros lo invisible,
los fantasmas de lo que fueron los fantasmas.
(IV Poesía Vertical No. 31)
El “viajante” vertical inaugura una nueva fe (no doctrinal) desprendida de la rígida visión espacio-temporal; contempla la suma de tristezas que pueblan todos los espacios y ya no alberga esperanzas. Sólo tiene certeza de la nada y sus variaciones: el afuera de la unidad y el adentro de las multiplicidades.
2.5. Quinta Poesía Vertical: Completar el mundo
No existe la totalidad del mundo. Tal como está, tenemos la posibilidad de completarlo, de recrearlo. No están dadas las versiones definitivas, y las que pretenden serlo, sólo sirven para acabar de borrar la otra parte que, alguna vez nos fue dada pero que tenemos en el olvido o que tal vez ni siquiera nos hayamos enterado de su existencia.
Para completar el mundo es necesario empezar a descompletarnos, a abandonar esa versión extraviada que quiere borrarse a sí misma, a dejar ese “juego sensorial” que modifica la realidad a su antojo y conveniencia, hasta llevarnos al agotamiento (¡a la soledad!). Entonces, puesto que el centro del hombre es el espacio para el silencio, para la ausencia, es preciso que el silencio se calle para poderlo escuchar, para escuchar la forma de su ausencia, y así, empezar a llenar el mundo con otras ausencias. Luego, hacer un recorrido por el menos y una decantación de todo... Incluso, del signo menos y de la ausencia. Y más adelante, recomponer la palabra para volver a crear algo... Algo que ya no sea algo (¡reafirmación vehemente de la nada!). Un día, asumimos el vértigo de ser dios —“como debiera ser dios”— y encontramos la inexistencia... Fue el día en que nos quedamos en silencio.
Un día para no existir como dios
con la crujiente inexistencia de dios,
junto al silencio de todas las cosas.
(Quinta Poesía Vertical No. 35)
Si optamos por dicha opción de despojo, no debemos olvidar que lo abandonado puede volver a tener presencia en lugares insospechados, y hacerlo con mayor fortaleza. La desnudez de la propia miseria —la más arraigada miseria— desemboca en la vergüenza y el miedo por no haber logrado familiarizar la mirada con el abismo: el camino constante de despojo.
El corazón más plano de la tierra,
el corazón más seco,
me mostró su ternura.
Y yo tuve vergüenza de la mía.
[...]
Y también tuve miedo.
[...]
El corazón más plano de la tierra
me hizo aprender el salto en el abismo
de una sola mirada.
(Quinta Poesía Vertical No. 33)
Y quizá, también podamos rehacer el mundo con un amor que vaya más allá de lo que concebimos como amor, que esté presente en todo y en todos los momentos, que no genere vínculos sino que libere, que rompa con la visión dual, lineal, plana: ¡un amor vertical!.
Un amor más allá del amor,
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y la compañía.
[...]
Un amor para estar juntos
o para no estarlo,
pero también para todas las posiciones intermedias.
[...]
Un amor como abrir los ojos.
Y quizá también como cerrarlos.
(Quinta Poesía Vertical No.55)
2.6. Sexta Poesía Vertical: Desaparecer en sí mismo
Hay momentos en que llegamos a nuestras “inseguridades definitivas”. Es en esos momentos, cuando surge la necesidad de desaparecer en sí mismo, de consumirse en el propio abismo. Sólo nos resta dar un salto para conseguirlo ¿Pero cuándo estaremos listos para darlo? Si algún día lográramos romper la estática que nos impide dicho salto, encontraríamos de frente al vacío —un vacío salvador de la ausencia— y quedaría nuestra vida integrada con el vacío. ¿Y si el vacío fuera otro fracaso?, entonces el fracaso poblaría todas las voces de quienes lo nombren y el cuerpo de quienes lo busquen... “Tanto nos alimentamos de vacío, que naufragamos repletos, en los mares de la nada”. ¿Y cómo mantener la mirada cuando nos hayamos ido, para que mire lo que debimos haber mirado? Es preciso, aprender a verter la mirada en el vacío y mantener la mirada vacía. Además, dejar que la mirada se detenga a vernos, y actúe como un espejo que nos constate la existencia.
Sólo necesitamos ahora
fundar una mirada que mire por los dos
lo que ambos deberíamos mirar
cuando no estemos ya en ninguna parte.
(Sexta Poesía Vertical No. 61)
Algunas de nuestras miradas
retornan para comprobarse en nosotros
o quizá para permitir que nos miremos desde enfrente
como si quisieran demostrarnos
que lo que nos ocurre
es una copia de lo que no nos ocurre.
(Sexta Poesía Vertical No. 19)
Por su parte, el mundo, ahora es concebido como lo perfecto. La imperfección es parte de la perfección en que nos movemos y existimos, es el vértigo de la oscuridad que tiene su propio foco de iluminación. La imperfección es la otra parte que nos completa el todo para que luego pueda pensarse incompleto, y vuelva a surgir la necesidad de completarlo. Las cosas tienen su presencia aunque nadie las nombre, piense, mire o utilice. Las cosas, simplemente son presencia; no importa si ésta es vacía o línea de fuga de la imperfección. La palabra, por ejemplo, es una voz que crea presencia. No se ocupa sólo de nombrar, también es parte de una voz que mantiene todo despierto. La palabra sigue y relata el encadenamiento progresivo de las cosas, hasta llegar a ser resumen del silencio, “del silencio que es resumen de todo”.
El fruto es el resumen del árbol,
el pájaro es el resumen del aire,
la sangre es el resumen del hombre,
el ser es el resumen de la nada.
[...]
La palabra es el resumen del silencio,
del silencio, que es resumen de todo.
(Sexta Poesía Vertical No. 8)
Somos modelos de la nada. La vida es el inevitable paso entre la elongación y el recogimiento, a los cuales, apenas podemos agregarle, el vacío de nuestra incertidumbre, el vértigo del incesante movimiento. La muerte se nos presenta como un futuro impostergable que nos llama a vivirlo en el instante presente. Es importante, por tanto, reconocer de una vez, su dinámica y acostumbrarnos a ella para acortarle el tiempo (hacer que la muerte dure menos... Que nosotros duremos menos). Así es, como evitaremos cualquier aburrimiento. La muerte es una experiencia más de la vida, pues se alimenta de vida. Entre la vida y la muerte hay una reciprocidad, una relación consustancial.
Gastar por anticipado el tiempo de la muerte...
[...]
Tal vez así la muerte dure menos,
la vida use otras puertas
y no se cansen tanto
los ojos que nos miran.
(Sexta Poesía Vertical No. 13)
2.7. Séptima Poesía Vertical: La posibilidad muda del regreso
Al interior de una obra artística, de una creación poética, se encuentra su propio sentido, el cual no puede traducirse. El discurrir de los entes no humanos en el mundo, se configura sin buscar interpretaciones. Es el hombre, quien establece relaciones de interpretación, las cuales suponen, un alejamiento del sentido (espíritu) poético: una limitación a la imaginación contemplativa. Como también lo anotara Wittgenstein, “La obra se representa a sí misma” (1992). No requiere traducciones.
Usar la propia mano como almohada.
el cielo lo hace con sus nubes,
la tierra con sus terrones
y el árbol que cae
con su propio follaje.
Sólo así puede escucharse
la canción sin distancia,
la canción que no entra en el oído
porque está en el oído,
la única canción que no se repite.
Todo hombre necesita
una canción intraducible.
(Séptima Poesía Vertical No. 1)
El hombre genera límites como la interpretación, y éstos terminan consumiéndolo. La facultad imaginativa es una demostración de lo posible que es lo imaginado. Imaginar es echar a volar todas las posibilidades. Por su parte, “lo imposible no levanta nunca la voz”. Es una posibilidad muda que no tiene por qué limitarnos.
En las entrañas del verano,
como una fibra más clara,
repercute la voz del heladero.
No es la infancia que vuelve.
No es algo de dios que se ha vestido de blanco.
No es una luna en el día.
Es sólo lo posible
que nos demuestra su existencia.
Lo imposible no levanta nunca la voz.
(Séptima Poesía Vertical No. 39)
El poema establece una ruptura con la dinámica que enmarca lo posible dentro de las limitadas posibilidades de expresión externa. La fuga hacia el afuera, se vuelca, entonces, hacia el adentro cuando sucede la ruptura. Es necesaria dicha ruptura para que la mirada vuelva a dirigirse hacia el mundo interior. Pero esa mirada no implica un regreso. Aunque todo vaya hacia atrás, no es que se esté regresando. Podemos profundizar en el abismo, acelerar la caída, sobrellevar el vértigo de la existencia, y nunca hallar un intervalo repetido del tiempo.
No hay regreso.
Sin embargo,
todo es una invertida expectativa
que crece hacia atrás.
(Séptima Poesía Vertical No. 94)
Es como si se estableciera una competencia entre el “es” de éste tiempo con el “es” de otro tiempo y derivara en una nueva relación sujeto-objeto. El objeto adquiere una dimensión predominante, al punto, de hacer que el sujeto se sienta estimulado a imitarlo en el instante final, para así, asistir a la subjetivación del objeto.
Las cosas nos imitan.
Un papel arrastrado por el viento
reproduce los tropezones del hombre.
Los ruidos aprenden a hablar como nosotros.
La ropa adquiere nuestra forma.
Las cosas nos imitan.
Pero al final
nosotros imitaremos a las cosas.
(Séptima Poesía Vertical No. 92)
2.8. Octava Poesía Vertical: El vacío de la presencia
La presencia delinea una “certeza” espacial que empieza a ponerse en duda cuando la “intuición” del pensamiento nos sugiere que hace falta algo. La pregunta por ese espacio ausente es el camino para desnudar las “seguridades” de la presencia y hacerle notar su propio vacío. Como resultado tenemos que la presencia y la ausencia se juntan para proclamar el vacío constitutivo de ambas, el mismo vacío que las reafirma y que les hace sospechar de la existencia de algo por fuera del pensamiento.
Poner junto a la alegría por la hoja que está,
la alegría por la hoja que no está
y con ambas construir la alegría
por la hoja que ni está ni no está.
Aunque apenas alcance
para ocupar el espacio
de la hoja que falta en el pensamiento.
(Octava Poesía Vertical No. 36)
|