El pensamiento nos mantiene en un estado de satisfacción, de plenitud, aunque nos falte algo, pues lo que nos falta no nos hace falta. Es muy fácil llenar el vacío pero lo que no podemos es vaciarlo de nuevo. El vacío se renueva por sí mismo.

 

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Roberto Juarroz y las posibilidades del discurso poético

por Omar Ardila Murcia

 

En ese algo que está más allá del pensamiento, es que se ubica el mundo vertical: la mirada que crea todo al mirarlo, la mirada que se crea a sí misma. Es preciso que haya una doble creación, un movimiento recíproco entre lo observado y el observador para luego, virar de nuevo hacia el infinito.

Debemos conseguir que la rosa
que acabamos de crear al mirarla
nos cree a su vez.
Y lograr que luego
engendre de nuevo al infinito.

(Octava Poesía Vertical No.8)

Todo tiene su opuesto en sí mismo (en sus propias entrañas). Pero hay un lugar donde ya no existen los opuestos... Es allí donde todo se despierta, donde todo se integra. La vida y la muerte tienen sus propios orificios, sus espacios olvidados por donde podrían fugarse en determinado momento. Y al desconocer esos orificios, indudablemente, seguiremos sujetados a la vida o a la muerte. Ocultamos el rostro, entonces se afianza la máscara... Y como todo nos asegura que ese rostro ya no nos pertenece, la máscara se revela como la gran transparencia.

Una hoja cae para ocultar su rostro,
su vergüenza por la violencia del otoño.
El árbol la comprende,
la tierra la comprende,
pero algo parecido a la luz
no percibe la vejez de sus bordes
de silencio quebrado.

La hoja se ha vuelto de papel.
Entonces un viento de papel la saluda:
le hace dar otra vuelta en el aire.

(Octava Poesía Vertical No.57)

 

2.9. Novena Poesía Vertical. El poema: celebración de la ausencia 

El poema es una fiesta, una celebración continua de todo, una integración de los opuestos en un instante por fuera del tiempo, de la historia y de la vida. Es la expresión de lo imposible y una forma de crear el infinito.

El poema es siempre celebración
porque es siempre el extremo
de la intensidad de un pedazo del mundo,
su espalda de fervor restituido,
su puño de desenvarado entusiasmo,
su más justa pronunciación, la más firme,
como si estuviera floreciendo la voz

(Novena Poesía Vertical No. 3)

El poema nos transmite el mensaje de los actos primarios, silenciosos, libres. Es un “mensaje sin mensaje” que nos habla del otro lado de la vida y de la muerte; del lugar donde se abre la posibilidad del encuentro con el mundo interior, de hablarse a sí mismo en un ritual que libera los abismos contenidos de la creación. La palabra poética adopta la locura y se convierte en una entidad autónoma que puede vulnerar las reglas lingüísticas para crearse a sí misma.

Me ha despertado una palabra entre mis labios,
una palabra que parecía pronunciarse a sí misma.
[...]
¿Y quizá alguna de esas palabras
no podrá también prescindir de las formalidades habituales,
descartar la fonética
y generarse a solas, por su cuenta?

(Novena Poesía Vertical No. 40)

Hay lugares comunes por los que todos pasamos: la soledad, el vacío, la ausencia. Las sombras extraviadas o borradas, son heridas que la nada ha abierto para siempre. Somos un proyecto incompleto que nunca alcanzará su complemento —“Somos el borrador de un texto que nunca será pasado en limpio”—. Es preciso recordar, por una vez, esa ausencia y darle vida... ¡La ausencia es lo único que nos queda!

Hay que vivir lo que no tenemos...
[...]
Porque aunque tampoco tengamos
lo que tenemos,
lo que no tenemos
nos abre más la vida.

Desheredados del centro,
la única herencia que nos queda
está en lo descentrado.

(Novena Poesía Vertical No. 24)

  

2.10. Décima Poesía Vertical: Movimiento y quietud del lenguaje 

Creamos un lenguaje para borrar otros lenguajes. Creamos un silencio para apagar otro silencio. Pero vendrá otro lenguaje que nos borrará el recién creado. El signo del lenguaje está en continuo movimiento, pues nace destinado hacia otra parte; sin embargo, olvida la facultad que tiene el movimiento para hacer que el mundo pueda coincidir, superponerse a sí mismo, y desconocer la separación que le ha creado el mismo lenguaje. La palabra es herramienta y a la vez condena para el escritor. Libera y sujeta. Persigue y va adelante. Cuando todo se haya ido, aún quedará la palabra... Y volverá a escribir un nuevo mundo ¿Tal vez el mismo mundo?

Cae la noche en lo eterno.
Sí, siempre cae la noche.
Se oye una respiración.
Y de pronto, unas pocas palabras,
las últimas que quedan.
Respirar ya casi no se oye.

Hay palabras que siguen
cuando ya no se respira.

(Décima Poesía Vertical No. 60)

El movimiento es el sostén de la vida, pero todo movimiento mata algo: antinomia del verbo. La vida: una sucesión de muertes... ¡Y la vida sigue! Por fortuna, el movimiento también tiene su instante de quietud, y en ese instante, se fragua un extraño mensaje por donde se cuela la belleza. “La belleza es una apremiante incertidumbre” que alimenta la búsqueda poética. Una parte del movimiento es todo el movimiento. Y el todo tiene la posibilidad de ser nada.

Un árbol es el bosque.
Pero para eso hace falta
que un hombre sea todos los hombres.
O ninguno.

(Décima Poesía Vertical No. 71)

El hombre es la voz que queda en medio de dos soledades... Es la puerta que no sabe a cual soledad dejar entrar ¿o salir? La memoria propicia una suma de desmoronamientos y se les adelanta. También hay desmoronamientos por fuera de la memoria, en el sitio olvidado de donde provenimos, el cual ya conoce el derrumbe final de cada cosa. Pensar es persistir en la creencia de que podemos crear mundos inconmensurables e inaprensibles. Y esa “certeza” que nos provee el pensamiento, no es otra cosa que la confirmación de la inatajable soledad —que no inicia su retorno sino que avanza firmemente—.

Pensar es una comprensible insistencia,
algo así como alargar el perfume de la rosa
o perforar agujeros de luz
en un costado de tiniebla.
[...]
Pensar es insistir
en una soledad sin retorno.

(Décima Poesía Vertical No. 8)

 

2.11. Undécima Poesía Vertical:

2.11.1. El lugar de la creación poética 

La creación poética es un acto propio de la vida en los extremos —el único lugar donde descansa lo real—. Sólo una “sobredosis” de extremo puede dar paso a una “verdadera” escritura. Una escritura desprendida del tiempo, del espacio, y de todos los demás condicionamientos. Una escritura hecha con sangre, que mantendrá su huella cuando todo se haya ido. “El ser es escritura”. La palabra como mecanismo de la escritura, es dinamizada por una sola palabra: ¡Siempre! Siempre es la confirmación del movimiento... ¡Qué todo es movimiento!

La poesía se escribe siempre,
vivir se vive siempre,
algo despierta siempre:
poema-siempre.

El ser es escritura.

Y una palabra es suficiente
para toda la acción:
siempre.
El otro verbo,
nunca,
es tan sólo su sombra.

(Undécima Poesía Vertical I – 32)

 

2.11.2. El instante del lenguaje poético

No es la palabra, no es el silencio ¿entonces, qué es el “lenguaje poético”?. La clave para llenar éste vacío conceptual, podría estar en la construcción de un lenguaje para los finales, un lenguaje que sea despojo y abrigo (“abandono y encuentro”), un lenguaje que pueda llenar el silencio con palabras para que el silencio se apropie de sí mismo y pueda convertir las palabras en silencio. ¡Un lenguaje que viva el vértigo del instante! Cada instante puede ser el último, pero también el primero. Un instante borra al anterior y el que sigue borra al presente —¿es presente?—). Un instante proyecta el siguiente: crea a quien va a destruirlo. Un instante es una cadena ¿pero de qué?, ¿del lenguaje?

Cada poema hace olvidar al anterior,
borra la historia de todos los poemas,
borra su propia historia
y hasta borra la historia del hombre
para ganar un rostro de palabras
que el abismo no borre

(Undécima Poesía Vertical II – 25)

  

2.11.3. La renovación por el poema 

El poema es la reafirmación de la juventud. Todo en su interior es alborada. Con el poema se renueva el creador y también el lector. El poema mantiene viva la capacidad de asombro, de sentir el movimiento, de ser el movimiento, de estar (ser) vivos... ¡Vivos aún en la muerte! En el poema reconocemos, asombrados, nuestra máscara —la máscara del asombro que se asombra de sí misma—.

Quizá las huellas del asombro
propongan una pista
para solucionar el enigma.

Y tal vez, al final,
sólo haya otro asombro,
como clave de todo.

(Undécima Poesía Vertical III – 5)

  

2.11.4. Ser el paraíso del poema 

El tiempo es una ilusión, “el transcurrir es un punto”; y cuando intentamos sujetarlo, es que podemos confirmar que aquel es inaprensible. Constantemente nos asaltaron ciertas dudas respecto de cómo sería nuestro estado al despertar de los sueños: no reconocernos, no encontrarnos; haber olvidado el pasado (y así confirmar la no existencia). No perdimos el paraíso, ni estará más adelante. Ser el paraíso es la posibilidad que nos queda... ¡Ser el paraíso aunque sea una pérdida constante!

No existen paraísos perdidos.
El paraíso es algo que se pierde todos los días,
como se pierden todos los días la vida,
la eternidad y el amor.
[...]
Y ya que sabemos además
que tampoco existen paraísos futuros,
no hay mas remedio, entonces,
que ser el paraíso.

(Undécima Poesía Vertical IV – 28)

 

2.12. Duodécima Poesía Vertical: La palabra y el mundo

La palabra también puede ser aquello que se calla. El poeta saca a la palabra de su cauce lingüístico y le confiere otra posibilidad de sentido, incluso, puede manifestarla en su versión inversa, lo cual no quiere decir que la convierta en silencio sino que la vuelve aquello que no habla. La palabra se sumerge en la quietud del silencio, sin embargo, “no cesa de hablar”.

La palabra que busco no está en la zarza ardiente,
que habla y después se extingue,
sino en la zarza apagada
que no cesa de hablar.

(Duodécima Poesía Vertical No. 79)

Fragmentos de palabras habitan al interior de las cosas y no hay que “encuadrarlos” dentro de una lógica nominativa para acogerlos. Dichos fragmentos son unidades completas a los que podemos acercárnosles pero por medios aún desconocidos por la visión horizontal del mundo.

Hay fragmentos de palabras
adentro de todas las cosas,
como restos de una antigua siembra.
[...]
Y hasta es posible que encontremos en cada cosa
un texto completo,
un reservado y protegido texto
que no es preciso leer para entender.

(Duodécima Poesía Vertical No. 6)

 

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