Es preciso reconfirmar mi relación con el mundo “periódicamente”. Saber si la imagen todavía coincide con la que ha proyectado nuestra esperanza existencial. Pero por más grande que sea nuestra esperanza, su proyección no puede salvar la ausencia. No se puede llenar la nada con algo. ¡La nada se llena con nada!
La historia ha registrado el desacierto resultante de estar movidos por el azar, cuando éste se ha negado a sí mismo, cuando ha sido pero a la inversa. Tendríamos, pues, que comenzar la historia cuando comience el retorno del acierto, cuando el azar vuelva a ser azar, y luego dejar que el azar nos traiga lo que no buscamos —“Perderlo todo para ganarlo todo”—. Y dado que “el hombre se ha vuelto del revés”, habría que establecer una sincronía con dicha actuación y volverlo todo del revés. Incluso volver el revés al revés —no para volver al derecho, pues esa imagen tampoco nos serviría—; pero tal vez, en ese juego de volverlo todo al revés, el hombre halle esa figura anhelada que lo motivó a volverse del revés. Todo puedo olvidarlo y repetirlo de la misma manera. Sólo el amor se rehace cuando intentamos volver a repetirlo. Establecemos un círculo: olvidar y repetir. Y cuando olvidamos y repetimos el amor, abrimos el círculo, dejamos que se expanda definitivamente... Hasta el infinito que también podemos repetir.
Podría olvidar algo que he escrito
y volver a escribirlo de la misma manera.
Podría olvidar la vida que he vivido
y volver a vivirla de la misma manera.
Podría olvidar la muerte que moriré mañana
y volver a morirla de la misma manera.
Pero siempre hay un grano de polvo de la luz
que rompe el engranaje de las repeticiones:
podría olvidar algo que he amado
pero no volver a amarlo de la misma manera.
(Duodécima Poesía Vertical No. 18)
La ternura crea lo distante y lo cercano, y siempre, rompe esa línea ilusoria que, aparentemente, los separa. Lo distante y lo cercano comparten el mismo espacio. Y en todo espacio —aún en el vacío— siempre hay una fiesta. La vida es una fiesta que podemos revivir cuando queramos. El paso por la vida ha sido “una visita breve”. Se nos abrió una puerta y encontramos otra cerrada. Esperábamos sólo una puerta para entrar o salir pero tuvimos que aprender a crear ventanas para poder “ver” el afuera desconocido.
Dibujaba ventanas hasta en las puertas.
Pero nunca dibujó una puerta.
No quería entrar ni salir.
Sabía que no se puede.
Solamente quería ver: ver.
(Duodécima Poesía Vertical No. 8)
Poco fue lo que alcanzamos a hacer, pero cuando vimos que la puerta antes cerrada, estaba empezando a abrirse, entonces nos aferramos a las facetas olvidadas para construir ventanas que nos permitieran ver más allá del umbral que nos espera. Y en ese momento, “fue mejor no hacer la cuenta”. Nuestro saldo era imposible, como también el saldo de todo y del ser. Nada nos pudo asegurar que nuestras cifras fueran confiables, y faltaron los otros elementos para completar la operación.
Es mejor no hacer la cuenta.
Sería nada más que otro reflejo.
El saldo del hombre es imposible.
También es imposible
el saldo del todo,
el saldo del ser.
Faltan en ambos casos
las cifras fidedignas,
la raya, el resultado
y aun la mano que pudiera escribirlo.
(Duodécima Poesía Vertical No. 76)
2.13. Decimotercera Poesía Vertical: Creación por la palabra y olvido por el tiempo
Entre el nombrar y el escuchar se teje una relación de armonía para que suceda la ceremonia del mundo. Es preciso aprender a escuchar las palabras que nos nombran, y luego también nombrarlas, para que, si alguien las escucha, continúe la ceremonia de la creación del mundo por la palabra. Es la palabra la que crea al infinito, luego de ser impulsada por un reflejo de la luz, o de ser ella misma la luz. Pero también podríamos no decir nada, y dejar que el mundo siga por sí mismo en su búsqueda de equilibrio —“no decir nada para decirlo todo”—, pues al intentar estirar el mundo (“convertirlo en filamento”), correríamos el riesgo de dejar a nuestras manos sin cómo agarrarse: “No nos enseñaron a sostenernos de una sombra”.
No hacer nada
salva a veces el equilibrio del mundo,
al lograr que también algo pese
en el platillo vacío de la balanza.
(Decimotercera Poesía Vertical No. 52)
Cuando el mundo se afina
como si apenas fuera un filamento,
nuestras manos inhábiles
no pueden aferrarse ya de nada.
No nos han enseñado
el único ejercicio que podría salvarnos:
aprender a sostenernos de una sombra.
(Decimotercera Poesía Vertical No. 32)
Recordar es abrir un boquete en el tiempo, y posiblemente, al adentrarnos en ese espacio abierto, encontremos lo que debamos recordar, lo cual aún no recordamos. Alguien vigila el absurdo transcurrir del tiempo “a la espera de que pase todo esto”. Al tiempo, un movimiento de reversa que todo lo vigila, se procura borrarse a sí mismo. Una suma de olvidos que nos confirma lo que se olvida: “volverse inmortal y morirse”.
También vivir es olvidar que se vive.
Y amar olvidar que se ama.
(Decimotercera Poesía Vertical No. 55)
El pensamiento es producto de una carencia de “sustancia”. Lo creamos ante la imposibilidad de ser “materia más concreta”. Hay una propensión del hombre a fugarse hacia el lugar donde todo comienza: lo desconocido que nos sirve de impulso —que jamás está aquí—. ¿Pero, entonces, todo acaba aquí o sólo algunas veces? ¿Es éste el lugar para los finales? El pensamiento nos mantiene en un estado de satisfacción, de plenitud, aunque nos falte algo, pues lo que nos falta no nos hace falta. Es muy fácil llenar el vacío pero lo que no podemos es vaciarlo de nuevo. El vacío se renueva por sí mismo.
Vieja calle sin nadie.
Sería fácil ocuparla.
Pero después no se podría
vaciar otra vez.
Es mejor que siga así,
sabiamente sin nadie.
Es necesario respetar
la iniciativa del vacío.
(Decimotercera Poesía Vertical No. 89)
2.14. Decimocuarta Poesía Vertical: El llamado del tiempo
Ante la presión constante que nos ejerce el tiempo, es conveniente desconocerlo; olvidarse de la edad, del pasado, del futuro... Olvidar la intención cuantificable que nos crea o nos recuerda el avance o el retroceso. La vida fue una espera, sin embargo, en un momento nos dimos cuenta que no había habido nada que pudiera esperarse. Olvidamos que la vida era agitación y que debíamos impulsarla, avivarla, incluso, infringirla. Vivimos en el abismo, y cuando logramos alejarnos un poco, no dejamos de añorarlo. Ahora, esperamos que en la muerte también “todo sea un abismo, no otro rumbo”, y que allí, por fin “nos crezcan alas”. Es como si se hubiese frustrado la existencia (una creencia frustrada del ser y de la vida). ¿Estuvimos a la espera de qué? ¿Buscamos llegar a dónde... si nada recibe al todo? Hay un instante en que se debe descansar... Descansar de la existencia: aprender a morir y hacerlo sin dudar cuando venga el llamado del tiempo. Luego, “brindar cuando la copa esté vacía”: fortalecer el último aliento para esperar la continuación. Y si ésta se diera, ¡bebérsela toda en un solo sorbo!
Tenemos un sitio único hacia donde partir: el lugar que no reconoce los opuestos porque son apenas “estados provisorios” que tenderán a integrarse, el lugar donde se ha roto la dicotomía. En el momento de partir, se precisa hacerlo con convicción, aunque no exista aquel sitio.
Llega siempre un momento
en que hay que descansar de los hombres,
como la rosa del jardinero
o el jardín de la rosa.
[...]
Como un creador descansa de su creación
o la creación de su creador.
(Decimocuarta Poesía Vertical No. 13)
La transparencia es una puerta abierta hacia el regreso. “Pero el regreso no existe”, sin embargo, es mejor no borrar la transparencia, no borrar la posibilidad del regreso.
Atravesar la transparencia
es en cambio abolir todo regreso.
Y aunque el regreso no exista
Es preferible no borrarlo.
(Decimocuarta Poesía Vertical No. 14)
Todo intento frustrado, ya era inútil desde antes de emprenderlo. Todo proyecto truncado “era para otro mundo” —¿Éramos para otro mundo? ¿El mundo era para otro mundo? ¿Los dioses se extraviaron de mundo? ¿Qué fuga de otro mundo nos trajo hasta éste mundo?—. Siempre hay ausencias (vacíos) de palabras en todos los lenguajes. Ausencias con reflejo que fundan otro lenguaje, y puede pasar lo mismo con “los lenguajes y las palabras que no existen”: apertura de la puerta hacia la nada. “Escribir un poema sobre nada”, sobre lo que no ha existido y tal vez nunca exista, o escribirlo con lo que ya es ausencia. Es, justo, en ese poema sobre nada y con ausencias, que pueden caber todos los poemas —“Como si descansaran en su forma, en su forma o su nada”. ¡“Perderlo todo”!... Buscar la levedad, el vértigo, el azar: ser todo “desposesión”.
Perderlo todo.
Abandonar un sueño
y hallar otro:
el sueño donde habita
el vértigo más suelto del azar.
Y el canto que ni los dioses cantan,
por mucho que lo ensayen,
el canto más liviano que los dioses:
el canto de la desposesión.
(Decimocuarta Poesía Vertical No. 9)
El mundo es una serie de versiones sobre distintos lugares, lugares donde no cabe el ser porque “ser no necesita lugar”. Cuando logramos entender aquello, entonces ya no debemos partir —“la última partida tampoco existe”—, solamente hay que continuar la partida que desde siempre habíamos iniciado. Es como si al fin, hubiéramos entendido que ya no hay respuestas ni preguntas —la única pregunta existente es la que no se enfrenta a nada, y su respuesta puede ser el silencio—. De nuevo, corroboramos la necesidad de integración. Tal vez, en alguna cima, las respuestas sean iguales a las preguntas.
Las respuestas se han acabado.
Quizá nunca existieron
y sólo eran espejos
enfrentados al vacío.
Pero ahora también las preguntas se han acabado.
Los espejos se han roto,
hasta los que no reflejaban nada.
Y no hay modo de rehacerlos.
Sin embargo,
tal vez quede en alguna parte una pregunta.
El silencio es también una pregunta.
Resta un espejo que no puede romperse
porque no se enfrenta a nada,
por que está adentro de todo.
Hemos encontrado una pregunta.
¿Será el silencio también una respuesta?
Quizá a determinada altura
Las preguntas y las respuestas son exactamente iguales.
(Decimocuarta Poesía Vertical No. 113).
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Omar Ardila Murcia: (
Pitalito, Colombia 1975 ) Gestor y promotor de procesos educativos y culturales. Asesor y consultor en actividades artísticas y organizativas. Ha realizado estudios de Filosofía, Derecho, Literatura y Estética audiovisual. Ha trabajado como: programador cultural de la Universidad del Cauca; coordinador del Cine Club de Bogotá; director de producción y programador del XVIII Festival de Cine de Bogotá; coordinador de comunicaciones del II Concurso Nacional de Vídeo Estudiantil de Colombia; asesor de comunicaciones digitales de la Asociación Numismática Granadina; y jefe de prensa del XI Récord Nacional de Poesía de Bogotá. Obtuvo Mención de Honor en el 1° Certamen de poesía y relato de Editorial Los Tilos(Argentina 2004); II puesto en el 2° Certamen de poesía y prosa Azul(España 2004); Mención de Honor en el 4° Certamen Internacional de poesía “Mis Escritos”(Argentina 2005); Finalista en el IV Premio Yoescribo.com de Poesía(España 2005); Finalista en el concurso Nocturno III "La ciudad después de la ciudad"(Colombia 2005); Primera Mención de Honor en el II concurso de poesía ecológica "Los Guayacanes de Popayán"(Colombia 2005).Publicó Alas del viaje en un instante(Sic Editorial 2005). Ha participado en las antologías “Solamente palabras” y “Estrella fugaz” del Centro de Estudios Poéticos de Madrid, España; y en la antología “Paseo en verso” del grupo editorial Pasos en la Azotea de Querétaro, México. Actualmente, escribe para las secciones de cine de las revistas: “Mapalé Artes y Letras”(Ontario, Canadá) y “Revista Cultural de Colombia y América Latina Libros & Letras”(Bogotá DC, Colombia); y para la acción de Entretenimiento del periódico virtual “Sic en el medio” . (Bucaramanga,Colombia). |
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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/ardila1.htm |
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