Nº 20
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Conciliación discursiva: confesión, metáfora y poder en Nocturno de Chile de Roberto Bolaño

 

La novelística de Roberto Bolaño reflexiona contantemente sobre temas específicos. El protagonismo de las vidas desmesuradas de los poetas, la vitalidad de la literatura, el discurso que refleja las dinámicas del poder son algunos ejes medulares a lo largo de casi toda su narrativa. Ordenando un poco el panorama receptivo, podemos decir que la crítica sobre la obra del escritor chileno ha concluido que son tres los puntos de interés en su producción literaria: la marginalidad de sus sujetos y de las tramas de sus vidas; la poesía como espacio de convergencia de estos sujetos periféricos; y la historia chilena con sus idas y venidas políticas y sociales (González, 2010: p. 11).

Dentro de las novelas que se centran en los cambios sociales y políticos en Chile, producto de las dinámicas generadas por la obtención del poder, tenemos a Nocturno de Chile (2000). En esta novela notamos una constante tensión/contradicción en la figura del protagonista: el cura, poeta y crítico literario Sebastián Urrutia Lacroix (SUL). Este singular personaje lleva una vida inmersa en dos actividades: la sacerdotal y la literaria. Su personalidad provoca múltiples problemas de afiliación ante la coyuntura que vive Chile de los años 50 hacia adelante. Por esto, el problema discursivo se genera en torno a la configuración de este personaje dinámico y escindido, un sujeto que vive entre la espiritualidad conservadora y la cultura liberal. SUL desea limpiar su imagen para sobrevivir en la memoria colectiva de la sociedad chilena vinculada al arte. En consecuencia, va a tratar de conciliar su formación espiritual (religiosa) con su actividad cultural (literaria), intentará armonizar su estatus conservador con su vínculo liberal, pero no va a poder evitar manifestar una doble moral agazapada en cada uno de sus actos en público. Analizaremos esta conciliación discursiva a partir de tres puntos importantes en el desarrollo de la novela.

 

Una confesión literaria

Nocturno de Chile se construye a partir del monólogo de SUL. Él se encuentra en su cama padeciendo los estragos de una fiebre alta que no le impide defenderse de los ataques del joven envejecido, ataques que el lector nunca ve pero que conoce por lo que el narrador-personaje va contando. La estructura de la novela, como muchas en la producción de Bolaño, es difusa, pero hay una historia madre de la que van apareciendo pequeñas tramas que cuentan o recuerdan los personajes. En líneas generales, toda la novela es una confesión-defensa de SUL frente a los ataques del joven envejecido: “Pero aún tengo fuerzas para recordar y para responder a los agravios del joven envejecido que de pronto ha llegado a la puerta de mi casa y sin medir provocación y sin venir a cuento me ha insultado” (Bolaño, 2000: p. 12). Las confesiones de SUL van desde su ingreso a las letras chilenas, a partir de su cercanía con el crítico literario Farewel, hasta la época del gobierno de la Concertación, es decir, la postdictadura.

El relato de SUL, de acuerdo al estado de ánimo que va sintiendo, presenta distintos momentos. Al inicio, parece estar en el periodo límite de su vida, por lo que solo atina a tratar de defenderse con pocos argumentos. Lo notamos por las constantes alusiones al joven envejecido y a la aún no clara presencia de argumentos. Después, mientras avanza la trama, SUL va moderando su tono hasta alcanzar momentos de mucha lucidez, donde incluso recuerda detalles de las cosas que vivió en distintas épocas de su vida. Al final del relato no es claro lo que sucede pues hay dos opciones: o la fiebre atenuó y él se siente mejor de salud, o llega la muerte con toda la tranquilidad que puede instaurar de golpe en la vida del protagonista. Recordemos que la novela posee solo dos párrafos y es el último donde describe la situación que acabamos de referir, donde termina el párrafo inicial de casi ciento cuarenta páginas. El párrafo final de una línea dice: “Y después se desata la tormenta de mierda” (p. 150).

En esta confesión es importante determinar quién es el receptor del discurso. Sin duda podríamos pensar que SUL se dirige, ejemplarmente, al joven envejecido, pero no olvidemos que el objetivo es limpiar su imagen pública. El joven envejecido es su rival, pero el receptor a quien le explica y le construye una imagen positiva es una instancia plural, podemos hablar de la sociedad chilena del momento, la que apreció todo lo que él vivió como cura, crítico literario y poeta. Entonces, SUL se dirige a un receptor heterogéneo que sintetiza al conjunto de compatriotas contemporáneos suyos. Por otro lado, no se dirige directamente a Dios tratando de buscar alguna paz espiritual. Esto es importante. SUL menciona a Dios muchas veces pero la balanza se inclina con absoluta claridad hacia un público menos religioso. Además, una confesión a Dios no hubiera tenido un carácter casi público como siente, a lo largo de toda la novela, el lector. Una confesión religiosa, de haberse producido, se presentaría en forma privada o casi secreta, guardando las formas del caso. Entonces, ya encontramos una tensión en la instancia de recepción del discurso, pues la naturaleza opusdeísta del SUL se ve traicionada al momento de dirigir su discurso en una dirección contraria a Dios.

Hay que llamar la atención también en una diferencia muy marcada en la novela. No es lo mismo “lo que dice” y “lo que hace” el protagonista, hay una diferencia entre su rechazo discursivo a todo lo que golpea a su país y su aceptación silenciosa y concreta al estado de las cosas. SUL critica muchas cosas que vive Chile, pero no hace nada por enmendar dichos acontecimientos. Ahora, esto no es lo negativo, puede ejercer una disconformidad discursiva frente a lo que rechaza, el problema se presenta cuando apoya eso que critica. El protagonista apoya a la Junta de Gobierno de Pinochet dándoles clases de marxismo cuando en su círculo de amigos muestra su inconformidad ante un régimen que no permite una libertad pública, por ejemplo, por las noches. Esto no es explícito, pero se ve avalado por el hecho de que SUL guarde silencio sobre su apoyo didáctico a la Junta de Gobierno, no le cuenta a nadie sus clases de marxismo. Colocando esta misma idea en otra situación, ocurre lo mismo cuando finaliza la Dictadura y se produce el gobierno de la Concertación. SUL ahora es muy crítico de un régimen que terminó con las vidas de muchos compatriotas, pero no puede ocultarse a sí mismo los momentos de paz y tranquilidad que le brindó la instauración de la Dictadura mientras leía con mucha intensidad a los clásicos griegos. Su formación eclesiástica está en consonancia con su silencioso apoyo a la Dictadura, pero su amor por la literatura mantiene un equilibrio con la libertad. Hay una contradicción en su personalidad que se materializa en sus actos.

Frente a estas variaciones en el protagonista hay una que no se produce en el seno de su personalidad completa, sino únicamente en su vida ligada a la literatura. SUL quiere ser un gran crítico literario, pero también quiere ser poeta. Farewel recibe con mucha sorpresa la decisión del joven cura ya que las condiciones en la sociedad chilena no son las más alentadoras, pero le recomienda leer mucho para cultivar ambas facetas (crítico y poeta). Vamos observando cómo se configura la importancia del conocimiento para el éxito de un individuo, ya que detrás de esa preparación intelectual está agazapada la intención de obtener poder. Para no destruir el prestigio que adquiera en alguna de sus facetas, SUL decide tener un nom de plume para su actividad como poeta, firmará sus poemas como “el cura Ibacache”. La alimentación entre el crítico (SUL) y el poeta (Ibacache), que aludía Farewel, está bien explicada por Ricardo Piglia a través de su idea del crítico como detective, es decir, como un sujeto que husmea todo lo que encuentra tratando de instaurar su propia lectura de las cosas, una lectura que transforme o tergiverse el entendimiento de lo leído al grado de generar un conocimiento personal, mucho más creativo. Esto está vinculado al hecho de que los grandes escritores, como Baudelaire, ejercieron la crítica antes de embarcarse en proyectos creativos (2001, p. 11).

La personalidad de SUL trata de conciliar esta doble personalidad literaria: crítica y creativa. Todo esto nos lleva a observar con mucha atención la cantidad de dobles que hay en la novela. En ese sentido, desde una interesante perspectiva, Karim Benmiloud analiza la presencia del par Odeim y Oido(1) como uno de los aspectos fundamentales de la novela. Estos personajes son lo que aparecen dos veces para encargarle tareas a SUL. En el caso del protagonista de la novela, Benmiloud advierte:

Pero el doble también puede serle externo al personaje, bajo formas diversas. En el caso del narrador Sebastián Urrutia Lacroix, estos dobles son numerosos y variados: es el joven poeta nerudiano (a quien podemos imaginar marcado por un compromiso político opuesto al del narrador); es también Sordello (que, a diferencia del narrador, se atrevió a desafiar a los poderosos sin temerlos); y es por fin Sebastián, el hijo mayor de María Canales y James Thompson, que lleva el mismo nombre que el narrador («mi pequeño tocayo») y que, gracias a un desplazamiento, desvela en realidad la responsabilidad y la culpa del propio narrador… (2010: p. 230). 

Los dobles de SUL, que señala Benmiloud, son tres personajes de la novela, es decir, son seres concretos. Es aceptable esta tesis, sin embargo, nosotros nos inclinamos por leer la figura del doble en una sola persona, en el mismo protagonista. Y, como ya hemos mencionado, nos basamos en el doble comportamiento que se deja entrever en la novela. Por otro lado, si bien SUL configura su discurso hacia un público heterogéneo, en los momentos en que alude al joven envejecido vemos que prácticamente se concretiza, es él en cuanto se defiende del otro. Como decía Jean Paul Sartre, yo soy lo que los otros ven en mí, es decir, todo lo que hacemos con nuestro cuerpo e imagen pública es lo que el otro, singular o plural, exige ver en nosotros (Cf. Muñoz, 1988). En el plano de la configuración del discurso o de la aparición del signo, Bajtín(2) dice que nos objetivamos a través de un desplazamiento espacial del Yo hasta el Otro, lo cual permite mirar y, en consecuencia, significar al Yo. Pues bien, lo mismo ocurre con SUL cuando comienza a justificar sus actos ante el joven envejecido(3).

La cuestión central en Nocturno de Chile es la que ya hemos señalado, la tensión-contradicción entre las actividades vitales del protagonista:

Mi destino… El comienzo de una carrera brillante. Pero no todo fue tan fácil. A la larga hasta rezar aburre. Escribí críticas. Escribí poemas. Descubrí poetas. Los alabé. Exorcicé naufragios. Fui probablemente el miembro del Opus Dei más liberal de la república… Yo nunca oculté mi pertenencia al Opus Dei, joven, le digo al joven envejecido, aunque ya no lo veo, aunque ya no sé si está a mis espaldas o en los lados o si se ha perdido entre los manglares que circundan el río (pp. 70-71).    

Este fragmento del monólogo redondea lo expuesto hasta ahora. El destino de una carrera brillante no fue fácil, pero cuando se alude al destino hay una subordinación que realiza la literatura a la actividad espiritual. Ser el miembro más liberal del Opus Dei es el punto de quiebre, el argumento que ataca la raíz misma de la condición religiosa en la vida del protagonista. Para la literatura solo hay un destino duro pero provechoso; para la religión, un ataque velado. Y alrededor de todo está el joven envejecido, un personaje que puede permanecer a sus espaldas, a los lados o escondido por ahí, es decir, un sujeto que representa a una colectividad ansiosa de juzgar, para premiar o condenar la vida de SUL. Por esto, la conciliación discursiva coloca un paso más arriba a la literatura respecto a la religión, todo en el contexto de un juicio simbólico a un hombre que parece enfrentar los últimos momentos de su vida.

 

Historias metafóricas: una lectura de las microhistorias

Una de las preocupaciones más notorias en la narrativa de Bolaño es la incorporación de historias que complejizan la trama general de sus novelas. Nocturno de Chile no es la excepción. Estas historias cumplen determinadas funcionen dentro de la visión general del libro. No son meros acontecimientos o detalles superficiales. Una lectura que no las incorpore peca de tendencioso e incompleto. Por eso mismo, creemos que las reflexiones en torno a la denominada “microhistoria”, por parte de Carlo Ginzburg, pueden ser útiles para organizar mejor los contenidos que encontraremos en la novela.

De las reflexiones del historiador italiano Carlo Ginzburg, nos interesa la importancia que cede a los elementos que no son tomados en cuenta en una investigación por fijar el interés en los aspectos centrales o fundamentales del objeto de estudio. Esto no implica enceguecerse con los aspectos aislados que cada pequeña historia posee, sino articularlas junto al acontecimiento histórico o a la historia general del texto, en este caso, para obtener un mejor resultado en el análisis (Ginzburg, 1994: p. 40-42). Si bien nosotros no vamos a analizar un objeto histórico, nos interesa llamar la atención respecto a la presencia de pequeñas historias que acompañan la historia general de Nocturno de Chile.

Dentro del monólogo del protagonista podemos detectar algunas particularidades formales. La vida de SUL es la columna vertebral del libro, la historia de su vida es el elemento que marca las coordenadas por donde se va a desarrollar la novela. Dentro de esa vida, que va produciéndose casi linealmente, destacan algunas historias importantes. Tenemos su amistad con Farewel, la cual es la constante en toda la novela; su trabajo como investigador de las causas y las soluciones en el deterioro de las iglesias en Europa; su oficio como profesor de marxismo de la Junta de Gobierno de Pinochet; y las veladas en la casa de la “escritora” María Canales. Todo esto no se genera de forma lineal, hay muchas licencias temporales acorde con la forma como se produce toda la trama.

Por otro lado, hay historias que son contadas por algunos personajes en distintos momentos de la novela, estas historias no están ligadas a la experiencia directa o fáctica del protagonista, es decir, SUL no las protagonizó, se las contaron o las sintió en el fuero del inconsciente. Aquí tenemos a la historia del pintor guatemalteco que cuenta Salvador Reyes; la historia del zapatero y la Colina de los Héroe que relata Farewel; y todos los sueños o visiones que aparecen en la novela, donde destaca el que permite establecer una relación entre Chile y el árbol de Judas. Las historias vividas directamente por SUL pertenecen a la macrohistoria de la novela y las historias que son referidas a través de terceros y de la instancia del inconsciente, que además pueden ser analizadas individualmente, son las microhistorias del libro. Por todo esto, nosotros realizaremos una lectura metafórica de las historias más importantes de ambos lados, incidiendo en la relación que establecen con la configuración tensional y contradictoria de SUL.

Dentro de lo que denominamos, con fines metodológicos, microhistorias de la novela, tenemos la historia que involucra al pintor guatemalteco, al alemán Ernst Jünger y a Salvador Reyes en París, la cual es contada por este último en una reunión en su casa. En el relato, que pasa por el filtro del monólogo de SUL, hay un momento en que se menciona un cuadro que ha pintado el guatemalteco, la obra se llama Paisaje de Ciudad de México una hora antes del amanecer:

El cuadro mostraba la Ciudad de México vista desde una colina o quizás desde el balcón de un edificio alto. Predominaban los verdes y los grises. Algunos barrios parecían olas. Otros barrios parecían negativos de fotografías. No percibían figuras humanas pero sí, aquí y allá, esqueletos difuminados que podían ser tanto de personas como de animales (p. 44).

La visión del mundo que emite el cuadro va en consonancia con la enfermedad de la melancolía(4) que padece el pintor guatemalteco, por un lado; y con la imagen de una ciudad y sus habitantes golpeados por la destrucción, por el otro. A causa del efecto que provoca en Salvador Reyes y, en consecuencia, en SUL, el cuadro se muestra como una metáfora de lo que será Chile en el futuro inmediato. La alusión va directamente hacia las víctimas del golpe de Estado, esos “esqueletos difuminados que podían ser tanto de personas como de animales” así como por el espacio chileno golpeado. Don Salvador, como lo llama el protagonista, queda impactado por la lucidez con que el guatemalteco acepta su derrota, una derrota producto de las esperanzas fallidas de obtener fama en la Ciudad Luz. Esta aceptación es la misma que tiene SUL cada vez que Chile toma un rumbo distinto en la historia de la novela, él sabe que se le hace mucho daño al país, pero no puede hacer nada más que aceptar la coyuntura de la época. Por esta razón, defiende a Salvador Reyes de aquellos que lo acusan de ser un poeta mediocre. El protagonista admira a alguien que sabe que lo comprendería, así como comprendió la desgracia del guatemalteco. La empatía es clara, el guatemalteco melancólico mira su vida fracasada con la misma carga sentimental con que SUL observa su vida dentro de Chile. ¿Quién es el culpable? ¿Los militares, los comunistas o los derechistas? SUL no tiene una respuesta ni tampoco propone una alternativa porque es un sujeto descentrado, no puede manifestar una posición porque su personalidad está en constante tensión.

La historia del zapatero y la Colina de los Héroes es una microhistoria que tiene como tema el olvido. El zapatero, que visita al Emperador para presentarle el proyecto de unificación y conservación de la memoria histórica a través de los monumentos de los grandes héroes que dejaron todo por sus gobiernos, tiene un correlato en la historia de SUL y lo que ocurre en Chile. No se trata de ver a Chile como un panteón de muertos producto de la dictadura. Hay que ver al zapatero como un hombre entregado a un proyecto de perduración histórico. No le importa mucho lo que pueda ocurrir con los héroes, le importa él mismo. Debemos ver en el zapatero a un hombre que usa a los héroes para ser, precisamente, un héroe, el héroe que reunió a toda la historia del Imperio Austrohúngaro en un solo lugar. Podemos hacer un símil con la actividad de crítico literario que practica SUL ya que él usa las obras de los escritores para sobresalir como literato. Lo que avalaba al zapatero era el consentimiento del Emperador, pero cuando le dan la espalda, el “sí” discursivo se convierte en un “no” concreto. Esto nos ayuda a establecer bajo una misma lógica a lo político y lo literario ya que ambos necesitan del poder para obtener reconocimiento. Política y Estética están sometidas al poder coyuntural, el poder que determina qué es lo correcto y qué es lo bello, respectivamente.

La cantidad de sueños y visiones que se presentan en Nocturno de Chile posibilitan una lectura desde el psicoanálisis(5). No es nuestra intención realizar una lectura de este tipo, pero no podemos omitir de nuestra reflexión un sueño que se refiere directamente a Chile. Nosotros tomaremos este sueño como una microhistoria. En este sentido, luego de que el narrador se ha referido a la parte de la historia de María Canales, alude a un sueño donde evoca la imagen del padre Antonio, el viejo párroco de la Iglesia de Burgos que no estaba de acuerdo con el arte de la cetrería como forma de combatir las cagadas de las palomas en las iglesias europeas. En el sueño, el párroco lleva a SUL a ver un árbol donde, en una de las ramas, estaba posado Rodrigo, el viejo halcón del párroco. Luego se da cuenta de que se trataba del árbol de Judas. Hasta ese momento no comprendió bien de qué trataba el sueño. Una tarde, mientras caminaba, se dio cuenta que “Chile entero se había convertido en el árbol de Judas, un árbol sin hojas, aparentemente muerto, pero bien enraizado todavía en la tierra negra, nuestra fértil tierra negra donde los gusanos miden cuarenta centímetros” (p. 138).

El árbol de Judas como metáfora de Chile nos ayuda a comprender mejor qué sucede con la historia de las cagadas de las palomas en las Iglesias europeas. Recordemos que Odeim y Oido le encargan este trabajo a SUL, él acepta como una forma de salir del periodo de aletargamiento vital que padecía. Y, precisamente, es el párroco Antonio el único que no usa un halcón para asesinar a las palomas que invaden las iglesias europeas cubriéndolas con sus cagadas. Las ideas reales del viejo párroco de Burgos son como una condena para lo que ocurre en Chile, país que SUL ha dejado a su suerte mientras cumple con una misión absolutamente apolítica. El padre Antonio dijo:

…he pensado que tal vez no es una buena idea esto de los halcones, porque aunque preservan las iglesias del efecto corrosivo y a la larga destructor de las cagadas de paloma, no había que olvidar que las palomas eran como el símbolo terrenal del Espíritu Santo, ¿verdad?, y que la Iglesia católica podía prescindir del Hijo y del Padre, pero no del Espíritu Santo… (p. 90).

En general, el oficio de la cetrería de los párrocos emula la acción de Pinochet frente a los enemigos de su régimen. Recordemos que el dictador destruye todo lo pernicioso para el equilibrio del país, todo lo que le hace daño al régimen que él defiende. En las iglesias, los elementos perturbadores son las palomas, por eso los curas las eliminan ejerciendo su poder. Notemos la similitud entre el poder sacerdotal y el poder político, ambos justifican su trabajo a través de la búsqueda de paz y tranquilidad que se genere en el espacio donde habitan. Por eso, y cae casi como una condena, la posición del párroco Antonio matiza fuertemente lo que pasa no solo en las iglesias sino también en la sociedad chilena, una sociedad que puede quedar como el árbol de Judas, sin hojas ni ramas y con un fuerte hálito a desgracia. Las palomas asesinadas son tan importantes para la iglesia como las personas para la sociedad, una sociedad que no puede tolerar la paz y la tranquilidad en base a la destrucción y la muerte.

SUL presenta una tensión en su vida a través de un trabajo completamente apolítico. Su conformidad con el oficio de la cetrería, como el idóneo para combatir la destrucción de las iglesias, es un “sí” a los proyectos que buscan la paz basados en la muerte; y su posterior indignación subconsciente u onírica es la confirmación de la condena que hace de esos métodos. No olvidemos que nadie le cuenta la historia del árbol de Judas, él recibe la visión a través de un sueño. El protagonista parece estar condenado a una constante tensión/contradicción durante el desarrollo de las acciones. En este sentido, la relación que se produce entre la microhistoria del árbol de Judas y el relato del oficio de la cetrería (perteneciente a la macrohistoria de la novela) es un claro ejemplo de la importancia de esas pequeñas historias que se van generando paralelamente a las acciones centrales del texto. No importa cuál es más importante, importa la retroalimentación que se produce entre ambos niveles. Asimismo, todas estas microhistorias, a través de una lectura metafórica, dan luces del conflicto central de la novela en el fuero público y privado de la personalidad del protagonista.

 

Dinámicas políticas en Chile: el poder basado en el conocimiento

Un tema medular en Nocturno de Chile es el poder. ¿Cómo se presenta? ¿Cuáles son sus dinámicas dentro de la novela? Estas son algunas preguntas apropiadas para aprehender los sentidos que adquiere el texto. Pero cuando hablamos de poder no nos referimos al que está basado en los postulados básicos de la democracia en cuanto a la teoría del consenso, el cual determina que sea detentado por una persona a través de una instancia política. Tampoco nos referimos, como lo entiende el materialismo histórico, al poder referido y limitado a la dimensión de la producción. Ambas sentidos tienen presencia concreta en la novela, pero no son determinantes en las dinámicas que adquiere el poder. En la novela ocurre algo más sencillo y más simple, algo que ya hemos mencionado líneas arriba. Se pone en práctica lo que refiere el viejo adagio de Francis Bacon: “saber es poder”.

El caso más conocido en Latinoamérica es el de Vladimiro Montesinos en Perú. Desde su oficina en el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) podía manipular las idas y venidas políticas del país. Su poder era aristotélico pues no gobernaba directamente, como sí hubiera aceptado Platón, sino se posicionaba detrás del mandatario oficialmente elegido, Alberto Fujimori, para ejercer su hegemonía en las decisiones que repercutían en el rumbo del país. Si bien el gobierno de Fujimori era civil en apariencia, la relevancia de las fuerzas armadas era innegable. El caso chileno fue más directo ya que Pinochet asume como Jefe de la Junta de Gobierno y como rostro visible de la dictadura, él es el mandatario nacional. Ahora bien, nos interesa saber cómo se configura la imagen de Pinochet en contraposición a los otros líderes políticos que tuvo Chile y luego ver el papel de la literatura dentro del espacio político o frente a él.

El poder detentado está avalado por una política específica, un conjunto de prescripciones teóricas que fortalecen las bases de cualquier gobierno. En ese sentido, la hegemonía está conectada al poder para lograr hacerlo funcionar correctamente. A propósito de la revolución rusa, Gramsci dice:  

Todo es político, también la filosofía o las filosofías, y la única filosofía es la historia en acto, es decir la vida misma. En este sentido se puede interpretar la tesis del proletariado alemán como heredero de la filosofía clásica alemana, y se puede afirmar que la elaboración teórica y la realización de la hegemonía realizada por Ilich se ha convertido en un gran acontecimiento metafísico (1975: p. 32; el resaltado es nuestro).

Etimológicamente, hegemonía significa “conducir”, “ser guía”, “ser jefe” de algo que puede ser el gobierno de un Estado. Ahora, la elaboración teórica y la realización concreta de la hegemonía implican una filosofía particular, la cual, en la novela de Bolaño, está justificada por la frase de Bacon “saber es poder”. Y el hecho de que todo sea político determina la importancia del espacio en el cual se mueve la hegemonía y su validación del poder. No olvidemos que en la novela primero estamos en un momento pre-socialista, donde no hay mayor efervescencia política; luego vendrá el gobierno socialista de Allende a través de la victoria electoral de la Unidad Popular; después el golpe de estado y la instauración de la Junta de Gobierno Militar liderada por Augusto Pinochet; finalmente la caída del dictador y el inicio del gobierno de la Concertación. Hay tres fuerzas en constante tensión: los partidos de derecha, los de izquierda y los militares. Como diría Raymond Williams, cada uno de ellos pasa por un momento Dominante, luego Residual y finalmente Emergente (1980: 143-149). Chile es un significante que va adquiriendo diferentes significados, según la ideología que detenta el poder.

Los momentos en que vemos actuar a Pinochet se producen cuando SUL le imparte clases de marxismo a toda la Junta de Gobierno. Todos los miembros muestran un singular interés a través de sus preguntas, pero es Pinochet quien tendrá una conversación privada con SUL donde dejará entrever su visión de las cosas, sobre todo del lugar donde reside la base del poder:

¿Usted recuerda algún artículo de Alessandri, algo que escribiera él solo y no uno de sus negros? Creo que no, mi general, murmuré. Claro que no, porque nunca escribió nada. Lo mismo se puede decir de Frei y de Allende. Ni leían ni escribían. Fingían ser hombres de cultura, pero ninguno de los tres leía ni escribía… Y entonces el general me dijo: ¿cuántos libros cree que he escrito yo? Me quedé helado, le dije a Farewel. No tenía ni idea. Tres o cuatro, dijo Farewel con seguridad. En cualquier caso yo no lo sabía. Y tuve que admitirlo. Tres, dijo el general. Lo que pasa es que siempre he publicado en editoriales poco conocidas o en editoriales especializadas (pp. 116-117).

La comparación que realiza Pinochet trata de desacreditar la preparación personal de aquellas personas que condujeron al país. Ninguno lo puede hacer bien porque no tienen la suficiente preparación intelectual. En la lógica de Pinochet, todos son productos de la improvisación política que ha padecido Chile en su historia republicana. El dictador trata de dejar en claro por qué él sí puede gobernar. Las razones inicialmente son estrictamente intelectuales. Ahora, el hecho de que el chileno de a pie desconozca la producción intelectual de Pinochet reside en su modestia, en el hecho de haber publicado en editoriales pequeñas o especializadas. Entonces, el cultivo de su racionalidad está acompañado de la reserva y el equilibrio mediático, algo que sus rivales desconocen y no poseen, ya que se suelen dar baños de popularidad incluso tratando de mostrarse inteligentes embaucando a los ciudadanos.

La diferenciación que hace Pinochet, en base a las lecturas y a la producción intelectual, se redondea cuando le pregunta a SUL por qué cree que quiere aprender marxismo. La respuesta del cura es “Para prestar un mejor servicio a la patria” (p. 118) y la explicación de Pinochet revela la forma cómo se configura el poder en la novela: “Exactamente, para comprender a los enemigos de Chile, para saber cómo piensan, para imaginar hasta dónde están dispuestos a llegar” (Ibídem.). La comprensión implica el reconocimiento de las bases de la ideología que modula el actuar de los enemigos. Ahora Pinochet ya tiene la hegemonía en Chile, lo que le preocupa es cómo conservar el poder que asegure su estadía en el gobierno chileno. El dictador es un personaje preocupado por el futuro, intranquilo por saber la forma de combatir a sus enemigos y sabe que el conocimiento es algo básico para destruir los cimientos mismos de la ideología rival.

Por otro lado, el lugar que posee la literatura dentro de la novela es muy importante ya que explica la relevancia del oficio de SUL que subordina, casi siempre, su formación espiritual. En ese sentido, resulta revelador ver cómo se mueve la literatura en el contexto de los vaivenes políticos en Chile, es decir, la relación que la literatura establece con el poder. La historia que revela con mayor nitidez estos aspectos es la vida de María Canales, la aspirante a escritora casada con el agente de la DINA Jimmy Thompson, que organizaba veladas literarias en su casa en plena dictadura pinochetista. María Canales encarna la verdadera lógica de la literatura en el contexto político dictatorial.

María Canales no posee grandes destrezas literarias para obtener reconocimiento en el mundillo literario chileno, pero tiene a un esposo que puede organizar reuniones nocturnas sin el temor de represalias políticas considerando el toque de queda impuesto por el gobierno. De esta forma, la “escritora” puede reunir en su casa a la crema y nata de la literatura chilena. Escritores importantes y jóvenes aspirantes se dan cita en reuniones donde se habla de libros, de escritores, de promesas, de fracasos y, claro, siempre acorde con el respeto particular hacia la anfitriona del hogar. María Canales ha ganado un concurso de cuento organizado por una revista de tinte izquierdista. Al revisar el texto, SUL está completamente convencido de que el cuento no merecía tal reconocimiento. Farewel es más duro pues asegura que el cuento es espantoso, indigno de recibir un reconocimiento incluso en Bolivia, lo cual lo llevó a lamentarse del estado de la literatura chilena actual. De esto se infiere que el premio, más que una justicia, fue un favor concedido a una dama que departía con la “mafia” literaria que determinaba qué era bueno y qué era malo en cuestiones de estética. Para este grupo de literatos, hacer un favor a la mujer que organizaba veladas culturales en un difícil contexto social era prácticamente una necesidad, ya que solo así garantizaban sus encuentros nocturnos.

La historia de María Canales describe la posición de la literatura dentro de la política o la importancia del poder para legitimarse dentro de las letras chilenas de entonces. El poder político garantiza el reconocimiento literario a pesar de poseer una obra mediocre. Después, cuando se descubren las torturas que se realizaban en el sótano de la casa del esposo de María Canales, nadie busca a la anfitriona por sus facultades literarias, sino por su papel político dentro de la dictadura pinochetista. Cuando ya no posee el poder, pierde su relevancia cultural. La propia “escritora” es consciente de esto ya que es ella la que suelta la famosa frase de la novela: “… y dijo que así se hacía la literatura en Chile” (p. 146). Y luego es el mismo SUL el que admite la idea, pero introduciendo una pregunta que no solo sintetiza el estado literario y político de Chile, sino también su propio estado individual, el remordimiento de una vida consagrada a un objetivo en desmedro de otros aspectos de su personalidad:

Desde hace mucho el joven envejecido guarda silencio. Ya no despotrica contra mí ni contra los escritores. ¿Tiene esto solución? Así se hace la literatura en Chile, así se hace la gran literatura en Occidente. Métetelo en la cabeza, le digo… Un día, más que por nada por matar el aburrimiento, le pregunté a un joven novelista de izquierda si sabía algo de María Canales. El joven dijo que él nunca la había conocido. Pero si tú alguna vez fuiste a su casa, le dije. Él negó con la cabeza repetidas veces y acto seguido cambió de tema. ¿Tiene esto solución? (pp. 148-149).

Cuando SUL le dice la verdad de las cosas al joven envejecido, notamos la justificación de eso que ataca el joven, cómo defiende su vida, una vida entregada a la religión y a la literatura, pero tratando de mantenerse en una posición cómoda, algo que le permita el confort necesario para alcanzar reconocimiento público. Después, cuando cuenta la anécdota del joven escritor que niega su vínculo con María Canales da cuenta de la doble moral que sufre la sociedad completa. Todos tratan de acomodarse dentro de un sistema hecho para el éxito de los que actúan con inteligencia y se mantienen cerca del poder. Así, cuando María Canales ya no posee el prestigio de antaño, cuando ya no es la anfitriona de los salones donde se departía sobre cultura, ahora que ella es una de las culpables de las atrocidades que vivió el país producto de la dictadura, hay que eliminar todo vínculo que enturbie la imagen que poseemos.

Como mencionamos, la indignación de SUL, reflejada en la pregunta que realiza, no solo refleja lo que ocurre en Chile y en Occidente, sino también lo que ha significado su vida, esa constante tensión entre un ámbito y otro. Su crítica discursiva y su apoyo concreto a ideas y acciones disímiles lo perturban, no lo dejan tranquilo. Pero, como en casi todas las novelas de Bolaño, no se propone una solución, no hay una salida concreta a los problemas planteados. Mucho se critica que este hecho impida extrapolar una visión política, cultural y social de las obras de Bolaño, pero lo cierto es que no tenía el deber de proponerlo. El espacio de reflexión de Bolaño es el literario y, siguiendo la reflexión de Bajtín en torno a las posibilidades refractarias de la novela, podemos decir que en sus textos están presentes diversos discursos, la naturaleza de sus obras va en la dirección de albergar muchos aspectos vinculados a la política, la religión, el arte, etc. (Cf. Bajtín, 1989).  Finalmente, son estas posibilidades las que permiten construir un personaje complejo, que vaya de un lado a otro, siguiendo indirectamente las dinámicas del poder en el contexto de la historia chilena.

 

A modo de conclusión: el protagonista en una encrucijada

La figura de la encrucijada refleja los límites o las fronteras entre el espacio religioso y el literario, lugar bifurcado donde está situado el protagonista al inicio del relato. Sin duda, hay momentos en los que tiene que elegir cuál es el más importante en su vida, qué es lo que quiere finalmente. La literatura es el espacio que se consolida como preponderante y la religión queda relegada como una actividad que le da protección en, por ejemplo, momentos de peligro como cuando tiene que enfrentarse a la Junta de Gobierno. Cuando se coloca la sotana inferimos que nadie puede atacarlo físicamente. Ahora, la conciliación discursiva es un proceso sígnico que se produce luego de que el protagonista supera la encrucijada. SUL elige el camino de las letras, pero no omite llevarse algunas armas religiosas. Es el proceso discursivo de la conciliación literaria(6) el que alberga una doble moral, una doble personalidad, un doble quehacer en un doble espacio de desenvolvimiento como consecuencia de la asimilación de elementos religiosos que ejecuta la actividad literaria.

Nocturno de Chile reflexiona sobre temas que no se restringen al ámbito cultural, pues transita por la Estética, la Política y la Religión, siempre a través de un estilo que no suma argumentos sino historias. Por todo esto, la idea de la conciliación discursiva sirve como puente no solo de elementos contradictorios y tensionales, sino también como vínculo de temas que se complementan bajo un entramado que tiene de complejo lo que tiene de interesante. La conciliación es efervescente y tranquilizadora. 

 

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1 Podemos leer ambos nombres como los anagramas de Miedo y Odio, respectivamente.
2 Esta idea la encontramos en todos los textos bajtinianos que reflexionan sobre la base del Yo y el Otro en sus tres niveles: la teoría de la alteridad, la teoría del autor/héroe y la teoría del enunciador/enunciatario.
3 En una lectura que escapa los límites del texto, podemos ver en el joven envejecido una metáfora del Bolaño joven e infrarrealista que condena el estado actual de la literatura así como a los vasallos que la defienden; y el cura SUL simbolizaría esa literatura oficial. Pero esto resulta difícil de concebir por una seria de aspectos, como las edades de los personajes en el contexto en que se sitúan.
4 Lo que en la novela se denomina melancolía, nosotros podríamos entenderlo como depresión.
5 Esta característica no es exclusiva de Nocturno de Chile, sino de la narrativa de Bolaño.
6 La llamamos “conciliación literaria” porque finalmente la literatura subordina a la religión.
 
 
© Lenin Pantoja Torres, 2012
 
Lenin Pantoja Torres (Lima - Perú, 1988). Estudiante de Literatura de la UNMSM. Formó parte del comité organizador del Concurso de Cuento y Poesía Manuel Scorza, de las tres jornadas iniciales de los recitales Ese puerto existe, también del Congreso sobre Literatura y Violencia Política. Homenaje a Óscar Colchado Lucio. Se desempeñó como orientador en la Casa de la Literatura Peruana. Actualmente colabora con textos sobre literatura y cine en los blogs Germinal y Textura artefacto. Asimismo, es el administrador de la bitácora de la revista virtual El Hablador.
 
 
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