Los
años setenta del siglo XX son acaso los de
mayor apogeo de la ciencia ficción peruana,
guardando las distancias del caso. Destacan, hasta
el presente inclusive, los escritores José
B. Adolph y Juan Rivera Saavedra.
La
"edad de oro"
Reseñar
la obra de Adolph merece de suyo un artículo
propio. Desde sus inicios, ha escrito cuentos que
hacen difícil encuadrarlo en un género
o tendencia. Sus relatos, publicados en sendas ediciones,
son de todo tipo y color. Los temas que ha tocado
son todos, o casi todos: la inteligencia artificial
en "Artemio y MULTICALl", la evolución
de las especies animales en "La rata", la
inmortalidad en "Nosotros no", el contacto
con seres extraterrestres en "Los bromistas,
las catástrofes..." Quizá el libro
de relatos de Adolph que más cuentos de ciencia
ficción contiene es "Hasta que la muerte"(1971),
volumen que contiene el cuento "El falsificador",
que ha sido incluido en la antología de ciencia
ficción latinoamericana Cosmos latinos
(2003), publicada por la Universidad de Texas.
José
B. Adolph también ha publicado novelas de ciencia
ficción, como Mañana las ratas
(1977) , libro que de haberse publicado en EE.UU.,
le quitaría al Neuromante de William
Gibson la gloria de ser considerado como el iniciador
de la moda ciberpunk. En esta novela, vemos un Perú
totalmente balcanizado y anómico, gobernado
por transnacionales cuya cúspide dirigencial
reside en satélites que orbitan la Tierra.
La religión, empero, sirve de aglutinante para
la gestación de fuerzas rebeldes, que sin embargo
no saben bien donde están parados.
Juan
Rivera Saavedra tiene, entre otros, el gran mérito
de utilizar por primera vez la etiqueta "ciencia
ficción" con todas sus letras, como parte
del título de su selección de relatos
Cuentos sociales de ciencia ficción
(1976), compuesto por cuentos llenos de ironía
acerca de la condición humana. En ellos, Rivera
Saavedra explora temas como los robots, la exploración
de otros planetas, la escasez de alimentos, nuestra
visión de los "otros".
En
clave de space opera, José Manuel Estremadoyro
publica la hilarante Glasskan, el planeta maravilloso
(1971) y su continuación Los homos y la
Tierra (1971). Se nota en ambas obras la influencia
del interés desatado por el denominado fenómeno
OVNI y la vida extraterrestre en general, siendo así
que en la primera novela se nos describe un viaje
a un planeta donde todo es perfecto, a la manera de
las grandes utopías del renacimiento. En la
segunda, los humanos entrenados por los galacsinos
(habitantes de Glasskán) deben volver a nuestro
planeta para ofrecer la paz y el progreso al estilo
de Glasskán a la humanidad. No encontrarán
a nadie merecedor de dichos dones, dedicándose
a vivir una serie de aventuras de lo más disparatadas.
Con todo, Glasskan... merece un lugar dentro
del canon literario nacional, al menos por su originalidad.
Total, si Ed Wood Jr. es hoy en día una suerte
de ícono cinematográfico...
Curioso
es el caso de Eugenio Alarco. Casi no hay noticia
acerca de este autor, salvo por el brevísimo
cuento "La magia de los mundos" que aparece
en la Primera Antología de la ciencia ficción
latinoamericana (1970), publicada en Argentina
por Rodolfo Alonso. El cuento nos muestra el pavoroso
futuro de la humanidad en manos de unos seres que
no se sabe si son extraterrestres o humanos evolucionados,
quienes utilizar los órganos y miembros humanos
como repuestos.
Volver
al futuro
Ya
en la década de los noventa, Giancarlo Stagnaro,
a sus catorce añitos, publica Hiperespacios
(1990), una novela de aventuras espaciales que constituye
un digno tributo a Isaac Asimov. Sorprende la independencia
de criterio y el que Stagnaro no haya caído
en el facilismo de seguir las modas literarias contemporáneas.
Y después de todo, ¿por qué no
pueden los peruanos del futuro dedicarse también
a luchar contra invasores extraterrestres? Lamentablemente,
esta obra no tuvo la difusión que merecía.
En
provincias, también existe interés en
el género, como lo prueba el volumen de cuentos
Las formas (1997) de Carlos Bancayán
Llontop, publicado de manera casi artesanal en la
ciudad de Chiclayo. Entre otros, incluye los relatos
"Nutrición" y "Las formas",
donde se especula acerca del lugar del hombre en el
universo y acerca de los llamados poderes mentales,
cuyo desarrollo da lugar a asombrosas revelaciones
acerca de una importante figura religiosa.
A
fines de los años noventa, se publica Un
único desierto (1997) de Enrique Prochazca,
una selección de relatos variada y de temática
novedosa, donde el autor nos ofrece el cuentos "2984",
sobre un futuro distópico y la búsqueda
del Gran Hermano.
La
llegada de la Internet ha permitido que, hoy por hoy,
se puedan publicar en la red relatos y novelas que
de otro modo sería imposible conseguir. Con
la aparición de páginas web cuyo objetivo
es la divulgación de la ciencia ficción
peruana, hemos podido acercarnos a la obra de autores
noveles como Rubén Mesías Cornejo, José
Donayre Hoefken, José de Piérola y otros.
El
año 2003 ha sido pródigo para la ciencia
ficción: José B. Adolph publicó
la novela Un ejército de locos, acerca
de un Apocalipsis desatado desde la internet, y la
selección de cuentos Los fines del mundo,
que incluye algunos cuentos de ciencia ficción.
Por su parte, Juan Rivera Saavedra publicó
Oprimidos y exprimidos , con algunos del género.
Mención aparte merece con 8+1, conjunto
de relatos de ciencia-ficción de Manuel Antonio
Cuba, editado por la editorial Meteletra y que nadie
sabe donde adquirir. En estos casos, la mala distribución
puede ser una enemiga más grande que los críticos.
©
Daniel Salvo, 2004 
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