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Alejandro Neyra Sánchez
(
Lima, 1974)

 

Estudió Literatura en San Marcos y es bachiller de Derecho por la Pontificia Universidad Católica de Lima. Es también diplomático y actualmente reside en Ginebra, donde trabaja en la Representación Permanente del Perú ante los Organismos Internacionales. Cuenta con algunas publicaciones y prepara la próxima edición de su primer libro de cuentos: Peruanos Ilustres.

 

 

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EL DRAMA EN EL PERÚ
(Tiempo estimado de lectura: 8')

Por Xavier Marzó


Desde que hace diez años se promulgara el D.L. 59990 la historia del drama en el Perú ha sufrido una transformación radical. Miles de personas, la mayoría enfermos desahuciados y suicidas inconfesos, se agolparon frente a las puertas de los teatros el mismo día de la dación de la ley, exigiendo papeles a su medida y nuevas obras que les permitieran el lucimiento de sus muertes de una manera artística.

Pese al legítimo deseo de los miles que querían morir, al principio hubo enormes protestas de organizaciones que defienden la vida humana, quienes consideraron el hecho de permitir legalmente una muerte, y además en público, una vuelta a la barbarie del circo romano y una desvalorización del sentido de la vida. Las acciones civiles y penales se multiplicaron entonces, pero la cordura primó. El ser humano tiene reconocido el derecho a la muerte y a escoger cómo la prefiere. Y si esta se hace a través de un medio artístico, ¡Qué mejor muerte se puede elegir!

La primera representación - que los que bordeamos los cuarenta y tuvimos la suerte de presenciar hoy hace exactamente diez años, jamás olvidaremos - fue la ya legendaria versión libre de Hamlet, puesta en escena por la compañía Alfredo Jarra, y con el inmortal Jorge Pérez Carré como el príncipe danés. Aquella primera muerte, calificada en todo el mundo como un acontecimiento sin precedente fue, parafraseando los titulares que se repitieron en los principales medios de comunicación del planeta, la muerte más bella de la historia.

A los pocos días llegaron a nuestro país miles de personas deseosas de morir sobre un escenario. Y no pasó mucho tiempo para que llegaran las más importantes compañías de teatro del mundo, con el deseo de poner en escena las mayores obras clásicas, aquellas en las que las muertes abundan y la sangre llena el escenario. Del mismo modo empezaron a llegar cada vez más turistas ansiosos por apreciar aquellas representaciones en las que la muerte se puede convertir en un espectáculo lícito.

Con una activa participación estatal se logró crear en provincias numerosos teatros modernos y amplios, con lo que se permitió balancear la excesiva demanda de turistas que llegaban a Lima para ver drama. Ahora existen excelentes plazas en provincias (1), aun cuando es necesario precisar que esta demanda ha dado lugar también a que muchos inescrupulosos intenten "crear" espectáculos modernos que no son más que carnicerías despiadadas o lo que algunos llaman - no sin razón - "turismo salvaje" (2).

Aun cuando no existen estadísticas precisas sobre el nuevo drama nacional, se calcula que hasta el día de hoy han muerto en tablas limeñas más de cien mil artistas y la cifra supera los doscientos cincuenta mil en todo el Perú. Hacer un listado de obras y autores resultaría una tarea titánica, pero lo que queríamos resaltar es que este resurgimiento de la escena nacional ha ido acompañado de una proliferación de dramaturgos nacionales.

Cierto es que muchas obras se escriben ahora tomando la muerte como elemento central de la acción y en otras obras mal calificadas muchas veces como "grandiosas" o "hecatómbicas" lo único que se pretende es abundar en holocaustos e incluir en sus argumentos guerras sangrientas y mortíferas. Pero también es verdad que autores como García Puertas, Enriquez y Mamani Guerra (3), han refrescado la escena nacional con su talento impecable, que ha sabido conjugar el drama con el espectáculo natural e íntimo de la muerte.

Obras de García Puertas, por citar solo el ejemplo que más conocemos, ya han sido presentadas con mucha repercusión en escenarios europeos y norteamericanos, en los que, pese a la imposibilidad de presentarse muertes en escena, se ha sabido reconocer la solidez de los argumentos y el cuestionamiento frente a una sociedad tradicional e inhumana que no puede reconocer el valor estético de la muerte.

El drama en el Perú, pues, ha sabido consolidarse como la mejor expresión artística de nuestro pueblo y ha permitido, por si fuera poco, un crecimiento sostenido de nuestra economía (4), un reconocimiento del liderazgo que tiene nuestro país en materia de derechos humanos (5) y un aumento general de las actividades relacionadas con la cultura y el conocimiento.

Hoy, cuando han pasado diez años de la promulgación de la ley 59990, hay muchos motivos para la celebración. Como estudioso y amante del drama peruano, reconozco que es éste el momento para saludar el trabajo y la pasión de todos los que han dado su vida por el arte, de todos nuestros muertos que han permitido consolidar el drama nacional en una expresión gloriosa para el mundo.

Sin embargo, creo que también es el momento para hacer un llamado de atención sobre una situación que podría modificar el ser mismo del drama nacional. Por eso deseo terminar esta breve reflexión con una apelación a la conciencia de nuestros legisladores, quienes —según algunos rumores— estarían por permitir la ampliación de los alcances de esta ley pionera de nuestro drama, a la actividad cinematográfica.

Considero razonable la lógica que trasunta este proyecto, que quizás logre incrementar nuestros ingresos nacionales atrayendo a la industria fílmica internacional - y quien sabe si superando incluso el éxito alcanzado por nuestro teatro. Aun cuando, repito, este argumento podría ser atendible, considero mi deber precisar que estamos frente a un dilema moral y ético. Se pierde de vista que el drama es el único capaz de albergar la muerte sobre sus tablas de manera estética y singular; que es muy diferente prepararse semanas para actuar la propia muerte frente a un público entusiasta, lleno de amigos y familiares que nos verán morir, que hacerlo frente a una fría cámara. No se llega entender que el éxito de la muerte dramática —y del drama nacional, al fin y al cabo— radica justamente en la posibilidad de compartir nuestra propia muerte, desenfadada y conscientemente, con otras personas que nos regalan palmas y cariño en esa última actuación (6).

Esperemos pues, que esa malhadada e interesada idea, basada en un ánimo lucrativo mas no estético, no llegue a concretizarse. Cuidémonos, amigos, de la banalización de la muerte.

________________

(1) Las mejores plazas en provincias son Iquitos (donde una representación originalmente peruana llamada "Las Amazonas" se ha convertido en un éxito mundial), Trujillo, Cusco (que ha aprovechado inteligentemente sus grandiosos monumentos para la escenificación de algunas obras verdaderamente monumentales) y Huánuco.

(2) Aunque en realidad esto tiene que ver más con la crónica policial, debe mencionarse que en estos días se viene investigando la existencia de algunas obras que se habrían presentado principalmente en Ayacucho, Huancayo y Huancavelica, ciudades en las que aparentemente existirían grupos de delincuentes que so pretexto de realizar montajes de obras peruanas llevan a turistas extranjeros inescrupulosos a caseríos y comunidades en las que se puede ver a mucha gente morir de hambre o de enfermedades penosísimas. Inclusparece ser que en algunas de estas visitas "turísticas" o " culturales" parte del espectáculo consiste en permitir que el visitante asesine salvajemente a los "actores".

(3) Héctor Mamani Guerra fue el ganador del último Festival del Drama Peruano, con su obra "La muerte del rey Ubú Pachacútec", obra que se acaba de estrenar en Broadway en una versión musical que ha sido calificado de "incomparable" por la crítica norteamericana (New York Times de la fecha).

(4) Los ingresos producidos por el teatro nacional representan aproximadamente el 10 % del total de nuestro Producto Bruto Interno, pero si a eso se le suma el total de ingreso por turismo se está hablando del 57% del total del PBI. Sólo en este último sector, el año pasado se registró la llegada a nuestro de país de más de ocho millones de turistas, consolidándonos como el primer país receptor en Latinoamérica (estadísticas: PromPerú).

(5) Según un comunicado diplomático reciente, esto le ha valido al país el reconocimiento de la Naciones Unidas a través de un pronunciamiento especial del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Sven Thor Larsson.

(6) Nota de la edición: Al momento de publicar esta nota, el señor Xavier Marzó ya estará muerto. Preparó él mismo durante meses un montaje singularísimo titulado "Ritual necesario para la Buena Muerte". La presentación fue un total éxito y la obra terminó con la pompa fúnebre que llevó al insigne crítico Marzó a su última morada. En nuestra próxima edición publicaremos una extensa nota sobre este excelente montaje.

 

© Alejandro Neyra Sánchez, 2003 descargar pdf

 

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