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Hubo muchos detalles que no podían pasar desapercibidos, como el recorrido audiovisual sobre los diversos períodos del escritor en Lima y Europa, así como las cartas enviadas a Julio Cortázar o Carlos Barral

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Mario Vargas Llosa y los universales

por Mario Granda

 

Mario Vargas Llosa no es del Centro, pero está en el Centro. La exposición La literatura y la vida, organizada por la Pontificia Universidad Católica del Perú y finalizada en Lima el año pasado (1), en la que se recogen fotografías, cartas, manuscritos, ediciones príncipes y ediciones extranjeras de sus libros, entre otros objetos y fetiches para los admiradores, se realizó en la casa museo Bernardo O’Higgins, situada en la tercera cuadra del Jirón de la Unión. Esto es, fuera del ahora tradicional y mediático circuito de escritores —Miraflores, Barranco— y dentro del tal vez profano —y por eso sagrado— jirón entronizado por Abraham Valdelomar.

La casa-museo O’Higgins, donde se realiza la exhibición, puede resultar un poco antigua, quizá demasiado espaciosa para una exposición de este tipo. Sin embargo, ¿en qué otro lugar podría haberse hecho semejante montaje? La exposición ocupa casi el mismo espacio que podrían ocupar treinta artistas plásticos en una bienal. No obstante, el lugar elegido no es solo una cuestión de espacio, sino también de público. Por un lado, el de acercar la obra del escritor peruano más aclamado a un auditorio que generalmente tiene pocas oportunidades para conocer, al menos visualmente, a uno de los protagonistas de la cultura peruana en estos últimos cuarenta años. Por otro, el de llevar al escritor a un auditorio no tanto local, sino mundial: los turistas.

Ruta obligada para los extranjeros que llegan a la ciudad, el Jirón de la Unión es el lugar ideal para hacer una muestra de esta envergadura. Cabe recordar, además, que la exposición coincidió con la apertura de un city tour: un recorrido por los lugares de la ciudad mencionados en sus novelas, donde destacan los escenarios de Conversación en la Catedral, La ciudad y los perros y otros lugares biográficos. Pero si esta actividad busca hacer conocer los exteriores de la obra de Vargas Llosa, La literatura y la vida hace lo contrario.  

Espacios encontrados

En líneas generales, el conocedor de la obra de Vargas Llosa creerá que no encontrará nada nuevo, pues la muestra recorre las temáticas vargallosianas ya por todos conocidas. No obstante, hubo muchos detalles que no podían pasar desapercibidos, como el recorrido audiovisual sobre los diversos períodos del escritor en Lima y Europa, así como las cartas enviadas a Julio Cortázar o Carlos Barral(2). En la planta baja se ubicó una reconstrucción de la biblioteca del autor cuando era niño, un cuarto en penumbra en cuya pared se habían empotrado desde novelas de aventuras hasta enciclopedias escolares, entre otras lecturas de juventud. La parte más atractiva de esta sección, sin embargo, consistió en la exposición de los libros leídos y anotados por el propio escritor, entre los que se figuraban textos de Thomas Mann, Balzac y Karl Marx, entre otros, además de los primeros números de la revista Literatura, de 1958, y Proceso, de 1964.

Para la parte literaria, en cambio, se reconstruyó un ambiente según los tópicos reconocibles en los libros. A las novelas La casa verde y El hablador les correspondió la sala “La Selva”, donde se hallaba una pequeña choza y algunas fotografías de los rodajes de las dos películas basadas en Pantaleón y las visitadoras. Para Elogio de la madrastra, Cuadernos de Don Rigoberto y otros personajes como la Pies Dorados y la Chunga, el visitante podía acceder a la sala “La alcoba”, una recámara con un lecho de sábanas de terciopelo rojo y paredes recubiertas con las sugerentes carátulas realizadas para estas novelas.

En tanto, para La ciudad y los perros se dispuso una pieza llamada “El cadete”, una habitación del colegio Leoncio Prado. La instalación más lograda, sin embargo, fue la de Conversación en la Catedral. Como si se tratara de una descuidada taberna, las sillas esperaban a los parroquianos y en las mesas hay algunas cervezas y vasos listos. Por un momento, y gracias a uno de los diálogos telescópicos de sus novelas, sentimos como si estuviéramos dentro de la novela. O, más que en sus novelas, en una de sus obras teatrales, donde los personajes “aparecen” en escenarios distintos o cruzan sus diálogos con otros protagonistas. No hay otro lugar mejor para tomarse fotografías.

Estos espacios en los que se rehacen partes —o más específicamente habitaciones— de sus novelas constituyen también un ingreso a una parte o al interior de la vida del autor, pues Vargas Llosa ha hecho que sus lectores nunca olviden la parte “realista” de su obra. Sin embargo, queda la sensación de que pudo profundizarse más en esta vertiente, con una exploración más incisiva al interior de estos relatos.



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1 Una versión más reducida y compacta de La libertad y la vida se expuso en la Tercera Feria del Libro de Trujillo (enero de 2009) y en la pinacoteca municipal de Piura (abril de 2009). Recorrerá otras ciudades del país y también se verá en el extranjero. La editorial Planeta puso a la venta un catálogo de la exposición.

2 En una carta, sin embargo, se descubre algo sorprendente: una carta a su padre o a alguien al que Vargas Llosa llama “padre”. Hecho curioso –o historia no revelada hasta ahora—, ya que nuestro escritor nunca ha dicho más de su padre que lo que aparece en El pez en el agua, aparte de otras declaraciones en la misma línea.

 

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