Creo que muchos de nosotros sólo estamos esperando una excusa para poder traer a Lowry a nuestras discusiones, ya sean estas de café o académicas. Por esto, el centenario de su nacimiento es la situación perfecta para poder recordar cuán irresistible nos siguen siendo los capítulos de la vida, tanto del hombre como del escritor

 

 

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Miguel Mota: La extraña hermandad de Malcolm Lowry

por Nicolás Rodríguez Galvis

 

Cien años de pasión y elocuencia

Miguel Mota es profesor del departamento de literatura inglesa de la Universidad de British Columbia, en Vancouver, Canadá. Sus trabajos de investigación tratan la cultura británica en los años de Thatcher y, sobre todo, la obra de Malcolm Lowry. Es coautor del libro The Cinema of Malcolm Lowry: a Scholarly Edition of Lowry’s “Tender is the Night” y ha sido uno de los principales responsables de las celebraciones internacionales alrededor del centenario del nacimiento de Lowry, que comenzaron en junio del 2009 y que se celebran todavía.

Todo esto sería anodino si Miguel Mota no fuera uno de los lectores más lúcidos y apasionados de Malcolm Lowry, escritor indispensable de Bajo el volcán. Escritor que afirma que existe un poeta frustrado en el fondo de todos los hombres. Escritor que buscó el amor en el fondo del abismo, en el fondo de la botella y en el fondo del tintero. Escritor que preguntó: “¿Quiere usted la salvación de México? ¿Quiere que Cristo sea nuestro rey?”, y que, sin pensarlo dos veces respondió: “No.”

Hablamos con Miguel Mota sobre Lowry, su obra, el escritor, el hombre.

La sutileza del epitafio autocompuesto de Malcolm Lowry, en el que dice que su “prosa era florida y con frecuencia fulminante” y en el que “vivía las noches y bebía todos los días y murió tocando el Ukelele”, parece ser una conclusión pertinente  para su inusual y brillante carrera. En su opinión, ¿cuál es  la pertinencia de todos los homenajes alrededor del centenario de su nacimiento?

El centenario del nacimiento de Lowry es la excusa perfecta para todos los que estamos fascinados con su escritura y con su vida como escritor para poder celebrar esa escritura y esa vida, lo cual además, creo yo, en el caso de Lowry viene a ser la misma cosa, ya sea esto para bien o para mal. En otras palabras, la vida de Lowry era su escritura, y su escritura era su vida. A mi parecer, cuando decimos esto sobre otros escritores podemos estar hablando de forma figurada, pero en el caso de Lowry, se dice de una forma literal: él escribió su vida, bueno… lo que no quiere decir que la tuviera bajo control; de hecho, fue más bien lo contrario. Pero lo que también celebramos es el hecho que, además de todos los momentos de pathos y de tragedia en su vida, también tuvo un gran sentido del humor. Un rechazo a tomarse a sí mismo muy en serio, como bien lo demuestra su epitafio, que mencionas en la pregunta. Todo esto me hace pensar en alguien que dijo que el simple hecho de ver a Lowry caminando hacia uno en la calle, daba ganas de soltar una gran sonrisa. Entonces, no sé, pienso que en contraparte a todo el sufrimiento y a las decepciones, había también una gran cantidad de alegría y de amor a la vida. Y me parece que ésta ha sido, y sigue siendo contagiosa. En efecto, como lo dices, la  carrera de Lowry fue poco común, su vida también fue poco común, y es este sentido de lo extra-ordinario lo que nos atrae a tantos hacia el Lowry hombre y hacia su trabajo. Creo que muchos de nosotros sólo estamos esperando una excusa para poder traer a Lowry a nuestras discusiones, ya sean estas de café o académicas. Por esto, el centenario de su nacimiento es la situación perfecta para poder recordar cuán irresistible nos siguen siendo los capítulos de la vida, tanto del hombre como del escritor.
 
Háblenos un poco acerca del programa del centenario…

Hasta donde yo sé, ha habido tres grandes encuentros internacionales para celebrarlo. El primero fue en Francia, en Fontevraud, hace algunos meses. Yo tuve la suerte de asistir a este coloquio en Francia y para mí fue una experiencia fantástica. También asistieron varios novelistas, poetas, críticos culturales y hasta algunos académicos y fue muy estimulante estar con esta gente tan interesante, sobre todo, claro, compartiendo nuestros pensamientos sobre Lowry. Muchos de ellos hablaron, de una forma muy personal y emotiva, de su relación con él. El segundo evento tuvo lugar acá, en Vancouver, en la Universidad de British Columbia. Fue una conferencia académica que organicé para la última semana de julio, y que incluyó ponencias de académicos de México, Francia, Bélgica, Inglaterra, Escocia, los Estados Unidos y Canadá. Sobre esto, debo señalar que la Universidad de British Columbia es el centro internacional para las investigaciones académicas sobre Lowry y, claro, no está de más decir que Lowry vivió en Vancouver de 1939 a 1954, y más o menos desde 1940, la mayoría del tiempo lo pasó en una playa cerca del pueblo de Dollarton, en el norte de Vancouver. Es en este lugar donde Lowry terminó Bajo el volcán y en donde trabajó en sus últimos escritos, muchos de los cuales fueron publicados póstumamente.

El tercer evento se efectuó en Liverpool, en donde Lowry nació en 1909. Fue algo mucho más cultural y se realizó hace pocos días, del 25 de septiembre al 22 de noviembre del 2009. El festival incluyó exposiciones de artistas visuales, proyecciones de películas, conciertos, y varios eventos literarios. Su propósito, a mi parecer, fue el de ver cómo la relación de Lowry con el Liverpool de su juventud siguió teniendo un significado tremendo para él, aunque él no haya vuelto nunca.

¿Qué cree que Lowry hubiera pensado de todos estos homenajes?

La relación de Lowry con su propia fama estuvo muy cargada emocionalmente, para no ir más lejos. De un lado, sería bastante inocente sugerir que Lowry nunca buscó algún tipo de celebridad o de fama como el famoso escritor de Bajo el volcán. El quería reconocimiento por sus talentos de escritor. Al mismo tiempo, sin embargo, podemos decir que él podía ser un hombre muy tímido e introvertido, que temía y odiaba ser el centro de atención. Por ejemplo, Margerie Bonner, su esposa, ha contado anécdotas sobre eventos sociales en Nueva York, y en otros lugares, después de la publicación de Bajo el volcán, en los que Malcolm se quedaba paralizado de temor y de angustia contra una pared, y le era imposible comunicarse con cualquier persona que se le acercara para felicitarlo. Del mismo modo, como lo han contado muchos de sus amigos, Lowry también fue un gran intérprete de sí mismo, es decir, le encantaba armar un espectáculo. Entonces, yo creo que su reacción a este tipo de eventos habría sido, en el mejor de los casos, bastante ambivalente. Por otro lado, estos eventos hacen exactamente una de las cosas a las que Lowry más le temía: crean cierta idea de “Malcolm Lowry”, así, entre comillas. Tal vez una visión de “Malcolm Lowry” que puede estar en las antípodas de la propia versión de sí mismo: la versión de “Malcolm Lowry” que él estaba tratando de escribir en sus libros.
 
¿Cuál es el legado, hoy, de Bajo el volcán, tanto de manera general, como con respecto a los lectores latinoamericanos?

No estoy seguro de que yo pueda decir algo particularmente inteligente sobre el legado de Bajo el volcán a los latinoamericanos. Pero, de una forma más general, creo que Lowry se puede ver como un ejemplo del deseo del hombre, es decir, como un ejemplo de la voluntad de lo que el hombre puede llegar a hacer. Digo esto en el contexto en que el esfuerzo de Lowry para escribir este libro fue gigantesco. Y, bueno, digo escribir el libro y no “acabar” el libro, porque Lowry nunca pensó que lo había realmente acabado. En otras palabras, el libro en sí es un testamento a la perseverancia, sobre todo a la perseverancia cuando se está enfrente del miedo al fracaso y del miedo a la muerte. De una forma aun más general, Bajo el volcán –y no sólo esta novela, sino también el resto de su obra– todavía es hoy una de las más complejas y estremecedoras obras de ficción de los tiempos modernos. Así, me parece que trata específicamente los aspectos más pertinentes de lo que significa ser un ser humano: la cuestión de cómo amar, por ejemplo, la cuestión de la culpabilidad, de la amistad, de la traición, de la esperanza, del deseo, de la propia decepción. Sí, lo que quiero decir es que para mí, todo esto es lo que significa ser un ser humano. Creo que Bajo el volcán sigue enseñándonos lo que significa ser un ser humano. Y todo esto se enfrenta la naturaleza, digamos inestable y amenazadora del mundo exterior, con, no sé, todas sus guerras, con su falta de compasión; pero también con sus promesas de amor y de redención, aunque ese amor y esa redención permanezcan únicamente como esperanzas y sueños.

¿Cómo interpretaría usted la visión que Lowry, como escritor y como viajero/extranjero, creó de México y de la cultura mexicana?

Me parece que el México de Lowry es un México muy interno, muy idiosincrático. Con esto quiero decir que en Bajo el volcán y en otras novelas, como La mordida, por ejemplo, México es al mismo tiempo un espacio imaginario y factual, uno literal. Me parece que con lo que podemos estar lidiando en este caso es con una especie de algo que yo llamaría psicogeográfico. Yo creo que Lowry vio en el paisaje y en la cultura mexicana un espacio en el que él podía proyectar sus propias ansiedades, deseos y miedos. Además, Lowry vio a México como un lugar en donde la vida podía ser vivida y sentida intensamente, un lugar en donde él podía explorar algunos de sus estados de ánimo más extremos. En todo caso, al final, lo que vemos en su escritura no es realmente a México en sí, sino más bien al propio Lowry, escribiendo su cuerpo y su imaginación en el paisaje y en la gente. 
 
¿Cuál sería la interpretación del caos personal de Lowry (su caída vertiginosa, por decirlo de una forma) con el contexto caótico que le sirve de escenario a su literatura?

Como lo mencioné antes, para Lowry, lo escrito y el mundo eran una sola cosa. Es más, creo que incluso se podría ir más lejos y decir que lo escrito y la propia persona eran una sola cosa. Entonces, me parece que hablar del contexto caótico que sirve como escenario a la mayor parte de su literatura, principalmente en Bajo el volcán, vendría a ser la misma cosa que hablar del mismo Lowry como una especie de escrito caótico. Me parece que el hecho de escribir fue lo que le dio a la vida de Lowry una forma y una importancia que, en caso contrario, le hubiera faltado. Pero, y esto creo es muy interesante, el hecho de escribir sobre su vida cambiaba la vida misma, y esto lo lleva a una secuencia sin fin de nuevas complicaciones y dificultades. Pienso que Bajo el volcán, con su visión trágica de la condición humana, pudo amenazar de forma consecuente la percepción que tenía Lowry de sí mismo. Y bueno, el resto de su vida estuvo entonces totalmente dedicada a encontrar una forma de redimir a ese ser que él ya había condenado al caos que mencionas. Le puedo decir que en algunos de sus últimos escritos, como por ejemplo un guión adaptado de Tender is the Night, de Fitzgerald, o también la novela Ferry to Gabriola, o, no sé… su cuento largo “The Forest Path to the Spring”, Lowry intentó escribir sobre la posibilidad de redención de la que hablábamos, esa misma que parece inalcanzable en Bajo el volcán. Sin embargo, creo que nunca logró escribir algo que lo sacara del caos durante su vida. Me gusta pensar que a lo mejor Lowry alcanzó una especie de redención en la forma en la que sigue viviendo y trayéndole tanto placer a la gente a través de su escritura –incluso, me parece, cuando su escritura explora el sufrimiento–, porque, claro, el placer y el sufrimiento nunca están muy lejos el uno del otro. A fin de cuentas, el caos de algunas partes de su vida (exacerbado, creo yo, y no inducido por su alcoholismo), que viene a significar una condena, puede ser redimido, de cierta forma, por la magnitud y la complejidad de sus proyectos literarios, la honestidad de su esfuerzo, la lucidez de sus mejores trabajos y los sacrificios que él y Margerie hicieron para que su obra fuera una realidad.
 
¿Cómo describiría usted a la “extraña hermandad”, como ha dicho el editor Maurice Nadeau, que reúne a los lectores de Lowry? ¿Cómo podemos ser parte de ella?

Esa es una frase fantástica, me parece. Maurice Nadeau estuvo en Fontevraud y allí habló con mucha pasión y elocuencia de Lowry. Si existe una “extraña hermandad” de lectores de Lowry, supongo que es a causa de la pasión, intensa y poco común, con la que sus lectores responden a su escritura. Sobre este aspecto, sucedió algo en una clase que di el semestre pasado. La clase en sí no tenía que ver directamente con Lowry –la clase era sobre la cultura impresa en general–, pero la mayoría de mis alumnos acababan de tomar una clase sobre Lowry con mi colega Sherrill Grace. Y mira, te juro que pasamos más tiempo hablando de Lowry que sobre los temas de mi clase. ¡Todos tenían muchas ganas de hablar sobre Lowry! Y esto es porque, como ya te había mencionado, los lectores son capaces de reconocerse y de responder a la “honestidad” de Lowry como escritor, de reconocer la pasión y la dedicación que existe en sus libros. Supongo, entonces, que para ser parte de esa “extraña hermandad”, lo único que uno necesita hacer es leerlo.


© Nicolás Rodríguez Galvis, 2009

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Nicolás Rodríguez Galvis: (Bogotá-Colombia, 1984). Es lector asiduo, periodista y escritor amateur ocasional. Le gusta subrayar, ir al cine y viajar en tren. Reside en París.

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