'Derrota' es un poema muy ligado a la historia, con referencias concretas al momento político y social que se vivía y a un malestar existencial que se apoderó de quienes empezábamos a perder las ilusiones en las soluciones mesiánicas para los álgidos problemas de Latinoamérica.

 

 

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Con Rafael Cadenas: entre Biarritz y Pellegrini

por José Rosas Ribeyro

 

1/ Entrada en materia

Tengo el libro al lado derecho de mi mesa de trabajo. Un libro que me traje de Lima a París haciendo escala durante dos años en México. Está viejo, amarillento, y tiene la contratapa desprendida. En la primera página aparecen escritos mis dos nombres y mis dos apellidos, con una letra que es y no es la mía. Hay también un año: 1968, un año muy simbólico, no sólo por lo ocurrido en París, en Praga, en México y en otros lugares, sino porque es el eje alrededor del cual gira toda una generación que abarca los años sesenta y los setenta. Allí, en el libro, escrito con mi mano, 1968 quiere decir que en ese año, en la librería de Francisco Moncloa (me lo dice un sello estampado en la parte superior derecha), compré o robé, ya no recuerdo, la Antología de la poesía viva latinoamericana de Aldo Pellegrini, editada en Barcelona por Seix Barral en 1966.

Hoy es difícil imaginar lo importante que fue ese libro. En aquellos tiempos, que hoy parecen la prehistoria, la incomunicación literaria entre los países de América Latina era enorme pese a la lengua común, mucho mayor que la de hoy, ya que no había nada similar a Internet para derribar las fronteras. Teníamos ansias de saber lo que se hacía a lo largo y ancho de todo el continente y nos abalanzábamos como locos sobre los libros que alguien traía de un viaje por tal o cual país. Buscábamos también en las librerías, pero sólo encontrábamos algunas cosas que llegaban de Argentina, Chile y México.

De repente, sin embargo, ocurría un milagro, y el milagro nos traía luz. Es lo que ocurrió cuando llegó a Lima la Antología de la poesía viva latinoamericana de Pellegrini. Se incluye en ella una selección de poesía reciente de doce países de América Latina y, entre ellos, de Venezuela. La selección venezolana la conforman cinco poetas: Juan Calzadilla, Jesús Sánchez Peláez, Francisco Pérez Perdomo, Ramón Palomares y Rafael Cadenas, quien, en realidad, por no sé qué razón, encabeza el equipo. Fue así, pues, leyendo las páginas 289 a 293 de esta antología, que descubrí a Rafael Cadenas, quien ahora, en este año, ha sido reconocido con el premio FIL de Literatura en Lenguas Romances que otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), la más importante de Latinoamérica.

Aldo Pellegrini incluyó en su antología seis poemas de Rafael Cadenas: “Mi pequeño gimnasio”, “Desolado”, “Bungalow”, “Old Kingdom”, “Mirar” y “Derrota”. Seis poemas que yo he marcado con un aspa al lado del título para señalar que me gustaron, que me hablaron, que comulgué con ellos. Nacido en 1930, Rafael Cadenas por ese entonces había publicado, a los dieciséis años, Cantos iniciales, luego Una isla en 1958, y en 1960 su primer libro mayor: Los cuadernos del destierro.

 

2/ Mi pequeño gimnasio

Este poema, que figuraba en la antología, y que a mí me gustó mucho al descubrirlo a los diecinueve años, pasaría a formar parte del libro Falsas maniobras. Su título es: “Mi pequeño gimnasio”.

Consta de una almohadilla que golpeo con acompañamiento musical.

Un saco de arena donde descargo todo el peso de la calle.

Una esterilla para hacer contorsiones que producen olvido.

Un hueco en triángulo donde me oculto para no ver.

Una cuerda donde me castigo por toda la prudencia del día.

Un artefacto en forma de O en el que me doblo para evitar los reclamos de mi conciencia.

Una barra horizontal sobre la cual me río de mis intenciones.

Una tabla donde doy golpes innecesarios que podrían estar mejor dirigidos.

Un pequeño extensor de idiota que me estira por todos los frutos que no tomé, los actos que no hice, las palabras que no me atreví a decir.

Una soga donde extorsiono mi brazo derecho por todas mis indecisiones, olvidos, cambios.

EI resto lo compone el ajuar ordinario de todo deportista. Los ejercicios son efectuados en la oscuridad. Por vergüenza no admito espectadores. (EI descontento sordo, por otra parte, ahogaría al que osara entrar).

Soy de todas maneras un aprendiz. No he podido alcanzar mis rodillas con la frente, todavía me es imposible arquearme hacia atrás hasta tocar el suelo, tampoco logro pararme sobre las manos.

Algunas veces el exceso de pesadez me vuelve ridículo. (Me recuerdo en lamentables posiciones y siento dolor). A pesar de mis esfuerzos sigo siendo carnívoro, rudo, indisciplinado.

En el fondo los ejercicios están enderezados a hacer de mí un hombre racional, que viva con precisión y burle los laberintos. En clave, persiguen mi transformación en Hombre Número Tal. Llanamente y en mi intimidad, espero con ellos dejar de ser absurdo.

 

3/ Inicio de la conversación en Biarritz

En 2002, en la ciudad de Biarritz, al suroeste de Francia, conocí a Rafael Cadenas. Había llegado allí en compañía de otro excelente poeta venezolano, ya fallecido: Eugenio Montejo. A ambos los entrevisté para Radio Francia Internacional, pero en verdad, en ese momento, sólo transformé en un programa radiofónico la entrevista de Montejo. La de Cadenas era complicada, pues es un hombre bastante retraído y silencioso, que habla ante el micrófono dejando grandes espacios de silencio, completamente amedrentado. Él mismo lo dice en un momento de la entrevista: el micrófono lo inhibe, lo cual hace aún más difícil su expresión oral, ejercicio que, ya de por sí, le es penoso. Esto explica que hasta hoy haya quedado inédita, salvo un fragmento de dos minutos, que incluí en un informativo cultural al anunciarse que había ganado el premio FIL de Guadalajara.

Empecemos por un pequeño ejercicio de memoria. ¿Cómo era Barquisimeto en los años de tu infancia y juventud?

Barquisimeto es una ciudad que ahora está cerca del millón de habitantes, pero en 1930, que es la año de mi nacimiento, era muy pequeña, yo creo que tendría unos 30 mil habitantes, era casi un pueblo. Se llevaba una vida muy apacible y en esa ciudad yo viví hasta los 20 años. Hice mis estudios de bachillerato en Barquisimeto y luego, por un motivo político, en la época de la dictadura, tuve que ir a Caracas, donde los continué.

¿Perteneces a un medio en el que ya de familia había un gusto por la literatura, donde la literatura era un hecho presente desde la infancia?

Realmente no, pero sí recuerdo que sobre todo mi abuelo había sido hasta cierto punto un buen lector para la época. Había leído novelas de Víctor Hugo, piezas de Shakespeare. Y yo recuerdo que él me narraba esas novelas, esas obras de teatro, y yo generalmente salía a buscar esos libros para leerlos. Realmente, él era el que tenía cierta cultura literaria. Era muy buen narrador oral, porque como había tenido una vida típica de nuestro siglo XIX pues contaba sucesos de las guerras en las cuales había participado.

¿Y cómo entraste en la literatura? ¿Cuál fue tu primera aproximación a la poesía?

Casi desde la infancia me acostumbré a leer y ya cuando tenía trece o catorce años cayó en mis manos un libro de poesía, creo que era una antología de poesía venezolana, y a partir de ahí seguí leyendo la poesía que podía encontrar. Y de allí viene, pues, mi afición. 

Decías hace un momento que de Barquisimeto te trasladaste a Caracas a los 20 años. ¿En ese momento ya escribías poesía?

Sí, cuando viajé a Caracas para comenzar los estudios en la universidad yo ya había publicado algunos poemas, pero tuve después que irme o, mejor dicho, fui expulsado del país por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y estuve exiliado en Trinidad durante cuatro años. Es algo que muchos hemos vivido en nuestro continente: hemos tenido que salir de nuestros países por motivos políticos.

Tu libro Los cuadernos del destierro data de 1959, o sea que se publicó cuando tenías 29 años. El título incluye precisamente la palabra “destierro”, ¿significa eso que son poemas escritos durante ese periodo del que me acabas de hablar, de ese periodo de destierro?

Fueron escritos cuando regresé a Venezuela, pero el contenido de Los cuadernos del destierro tiene mucho que ver precisamente con el periodo en la isla de Trinidad, una isla que era colonia inglesa –hoy ya no es colonia, es un país independiente, pero en esa época era una colonia británica– y eso me permitió aprender el idioma inglés y leer a los autores ingleses. El libro fue escrito en Caracas, a mi regreso, y se puede decir que la mayor parte de él tiene que ver con esa isla.

Ya en Caracas participas en la fundación del grupo Tabla Redonda. ¿Qué fue Tabla Redonda?

Éramos militantes de izquierda, pero teníamos una posición muy libre en cuanto a la literatura. Teníamos una visión, digamos, bastante independiente, y la revista que editamos, a pesar de que teníamos una posición política muy definida, era una revista literaria en la cual no se reflejaba mucho esa posición. Era un caso más bien extraño, porque las publicaciones vinculadas a la izquierda, y especialmente al partido comunista, eran generalmente sectarias, pero ya nosotros teníamos una posición muy alejada, por ejemplo, del realismo socialista. Nos interesaba más bien la llamada “literatura burguesa”.

 

4/ La derrota y la historia

Hacia fines de lo años sesenta, a través de la antología de Aldo Pellegrini que mencionaba antes, algo de la poesía que se estaba haciendo en un sitio y otro de Latinoamérica nos llegó a todos. Y allí, precisamente, descubrí un texto titulado “Derrota”. Aunque es muy diferente del resto de la producción poética de Cadenas, este texto lo ha marcado para toda la vida ante sus lectores de aquella época, porque a partir de allí fue republicado por todas partes y porque muchos nos sentimos identificados con los que en él se decía. “Derrota” es un poema muy ligado a la historia, con referencias concretas al momento político y social que se vivía y a un malestar existencial que se apoderó de quienes empezábamos a perder las ilusiones en las soluciones mesiánicas para los álgidos problemas de Latinoamérica.

¿Podrías evocar las circunstancias en que fue escrito “Derrota” y por qué existe así ese poema? 

En la época en que escribí “Derrota” había una situación política sumamente difícil en Venezuela. Poco después de 1958 comenzó una lucha contra el gobierno que sustituyó a la dictadura militar, algo que ahora me parece un error, porque se puede decir que realmente era la primera vez que el pueblo venezolano podía vivir en democracia, porque la vez anterior el periodo propiamente democrático fue muy corto. Bueno, se puede decir que fue la segunda vez en que el pueblo venezolano podía conocer la democracia, de manera que levantarse en armas contra ese gobierno me parece hoy un error muy grave. Y ya para la época en que escribí “Derrota” el gobierno había dominado las insurgencias militares y el movimiento guerrillero. Al mismo tiempo, yo tenía una crisis personal, de manera que todo eso creo que quedó reflejado en ese poema que yo no consideraba poema. Simplemente un día me puse a escribir frases, una tras otra, y entonces me pidieron varios poemas para un periódico que era de izquierda, yo los llevé y la persona encargada de la parte literaria de ese periódico, que era el novelista Adriano González León, una persona con un gusto para la literatura y para la poesía realmente excepcional, estuvo viendo los poemas que yo le llevé y cuando leyó “Derrota” me dijo: “éste es el que vamos a publicar”. Yo le dije: “bueno, pero yo no considero que sea propiamente un poema”. Pero él insistió: “sí, y ése es el poema que vamos a publicar”. Y a partir de ahí el poema ha sido reproducido muchas veces, traducido a varios idiomas. Y yo he estado a punto de pedir que no se publique más porque siento que hoy no me refleja, independientemente del valor que pueda tener como poema, pero desde hace muchos años tengo una posición que no corresponde a lo que ese poema expresa.

En aquel momento, en Venezuela, las guerrillas ya habían sido derrotadas –lo fueron muy temprano– pero en el resto de Latinoamérica la guerrilla va a resurgir por diferentes lugares desde finales de los años sesenta y a lo largo de los setenta, hasta el periodo de las dictaduras en Sudamérica. En ese contexto, tu poema iba a contracorriente de esa gran ilusión que se había forjado en Sudamérica, ¿recibiste críticas, ataques, por lo que decías en ese poema que es probablemente el primer poema de la desilusión escrito en América Latina?

Sí, hubo amigos de la izquierda que consideraron que ese poema era sumamente pesimista y que no favorecía a la lucha sino que contribuía más bien a aumentar el estado de ánimo negativo que ya existía. Claro, después, como dices tú, en varios países de América Latina continuó el empeño por formar movimientos guerrilleros imitando a Cuba, porque todo eso se debió a la influencia cubana. Hoy me parece que fue realmente un disparate. Yo creo que la única manera de lograr un cambio social y político en nuestros países es a través de la lucha dentro de las formas democráticas, sin recurrir a la violencia, creo que eso ha sido muy dañino para el continente y lo que ha hecho es fortalecer más bien a los sectores dominantes.

Has dicho en algún lugar que una de tus principales preocupaciones es la guerra. ¿Esto tiene que ver con tu rechazo de la vía armada como manera de alcanzar transformaciones sociales?

La posición mía es contra todas las formas de violencia. Creo que eso no conduce a nada, es algo muy destructivo, como lo vemos todos los días.

Dices que la poesía no escapa a la historia. En “Derrota” eso es evidente, está ahí la historia viva, la historia del presente, si se puede decir así. Pero eso no es evidente en el resto de tu poesía. Has dicho también “tenemos derecho a avergonzarnos de la historia”, una frase muy fuerte. ¿En qué pensabas cuando dijiste todo eso sobre la historia?

Pensaba en nuestra historia, en todos esos periodos que podemos llamar oscuros. Lo que ocurre es que los historiadores, como se sitúan dentro de la historia y no la ven desde afuera, generalmente justifican todo. Entonces la frase, si mal no recuerdo, tiene que ver más bien con los historiadores, porque cuando uno se ubica dentro de la historia pues ya no puede verla, está muy envuelto por esa misma historia. Para poder verla tiene uno que salir, algo que es muy difícil para los historiadores.

¿Es más fácil para el poeta?

Sí, porque no hay… ¿cómo llamar a eso? El escritor, el poeta, no es un profesional de la historia, aunque le interese mucho.

Y ahora conviene leer en su integridad “Derrota”…

Yo que no he tenido nunca un oficio

que ante todo competidor me he sentido débil

que perdí los mejores títulos para la vida

que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)

que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos

que me arrimo a las paredes para no caer del todo

que soy objeto de risa para mí mismo que creí

que mi padre era eterno

que he sido humillado por profesores de literatura

que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada

que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida

que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo

que tengo vergüenza por actos que no he cometido

que poco me ha faltado para echar a correr por la calle

que he perdido un centro que nunca tuve

que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo

que no encontraré nunca quién me soporte

que fui preterido en aras de personas más miserables que yo

que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado
en mi ridícula ambición

que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)

que nunca podré viajar a la India

que he recibido favores sin dar nada en cambio

que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma

que me dejo llevar por los otros

que no tengo personalidad ni quiero tenerla

que todo el día tapo mi rebelión

que no me he ido a las guerrillas

que no he hecho nada por mi pueblo

que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable

que no puedo salir de mi prisión

que he sido dado de baja en todas partes por inútil

que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno

que me niego a reconocer los hechos

que siempre babeo sobre mi historia

que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento

que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo

que no lloro cuando siento deseos de hacerlo

que llego tarde a todo

que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas

que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable

que no soy lo que soy ni lo que no soy

que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras

que he vivido quince años en el mismo círculo

que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado

que nunca usaré corbata

que no encuentro mi cuerpo

que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer
todo y crear de mi indolencia, mi

flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano

me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.

 

5/ Contra la utopía y el nacionalismo

Aparte de poeta eres ensayista y tienes una reflexión propia sobre la poesía, sobre la literatura, lo cual no es necesariamente el caso de todos los poetas. Quiero que evoquemos dos de tus ensayos, Literatura y vida y Realidad y literatura, porque es  poco lo que vemos en tu poesía de algo que podría calificarse de realista. Y tu poesía tampoco es vitalista, sino más bien intimista y reflexiva, metafísica, aunque no te guste la palabra.

En casi todos mis ensayos lo que he hecho es plantear el problema del yo. Creo que el yo domina toda la historia de Occidente y eso yo lo planteo en Realidad y literatura, principalmente, que es un libro sobre los sentidos y cómo la mente interviene para en cierto modo separarnos del mundo. Ese sería, más o menos, el tema de Realidad y literatura. Anterior a este trabajo es Literatura y vida y lo recuerdo menos, aunque está dentro de esa misma orientación.

Dices que para ti hay tres aspectos esenciales: que la poesía tiene que situarse lejos de las utopías, lejos del nacionalismo y lejos de las ideologías.

Yo no diría que la poesía en general, porque eso expresa más bien mi posición personal. Yo estoy lejos de las utopías, estoy lejos del nacionalismo y de las ideologías. Yo me siento fuera de eso, lo cual me permite ver las cosas con objetividad. Hasta donde eso sea posible, claro, porque no se puede considerar tampoco completamente exento, siempre hay una influencia de la realidad, pero eso expresa mi posición hoy.

Se dice a menudo que la utopía es lo que permite al ser humano transformar y mejorar el mundo y mejorarse a sí mismo. Por otro lado, el nacionalismo, en nuestros países, para no ir muy lejos, contribuye en la conquista de la identidad, ¿no?

Vamos a ir por partes. Primero mencionaste la utopía. Bueno, mi posición ante la utopía se debe a que la utopía nos aleja del presente y para mí el presente es lo único que existe. Además, las utopías han terminado siempre en baños de sangre, se trata de llevar a cabo una idea, imponerla, y nosotros hemos visto que eso ha sido un fracaso. Hasta ahora ninguna revolución ha logrado su propósito. ¿En qué han terminado todas las revoluciones? Eso es evidente, ¿no?, cuando simplemente pensamos en el siglo pasado, que no es tan pasado y sigue estando muy presente, porque a uno le cuesta hablar del siglo pasado porque acaba de terminar. Y el otro aspecto, el del nacionalismo, pues yo creo que también ha sido algo muy negativo, que le ha servido a muchos políticos sencillamente para hacer carrera. Yo creo que el mundo tiende a la universalidad, algo que me parece que hay que favorecer. Y no tengo ningún temor con respecto a la identidad, que es un tema que se discute mucho en nuestro continente. Yo creo que se discute más entre nosotros que, por ejemplo, en Europa. Aquí no se habla mucho…

Últimamente sí y cada vez más. Aquí en Francia se especula ahora todo el tiempo sobre la identidad francesa.

¿Por qué será? No sé.

Y hay además una recrudescencia de las pequeñas identidades: vasca, catalana, bretona, etcétera.

A mí me parecen ridículas. Yo no creo en nada de eso, realmente. Me parece más importante lo otro más bien: la universalización. Yo soy muy cosmopolita, aunque puedo pasarme toda la vida en el rincón donde vivo. Ese cosmopolitismo del siglo XVIII, el cosmopolitismo de la Ilustración, yo creo que es algo muy saludable hoy, donde se ha desarrollado tanto, precisamente, el nacionalismo.

 

6/ Poesía curativa

Has escrito que la poesía tiene poderes curativos. Bella idea. ¿De qué nos cura la poesía?

Realmente la frase no es mía. Esa frase es de la viuda del poeta ruso Ossip Mandelstam, el poeta que fue perseguido por Stalin y que murió en un campo de concentración, porque tuvo la temeridad de escribir un poema contra Stalin, algo que éste nunca le perdonó y por lo cual lo persiguió hasta destruirlo. En ese poema, “Mandelstam”, decía que Stalin era el único que hablaba ruso, y yo, en uno de mis libros, le dedico un poema. La viuda escribió después unas memorias, un libro muy importante, por el cual a ella también se la puede considerar una escritora.  Y entonces la frase ésa sobre la poesía la tomé de esas memorias.

¿Pero tú asumes esta idea?

Hay sobre todo cierta poesía que entraría dentro de esa idea. Por ejemplo, yo traduje una selección de poemas de D. H. Lawrence, el poeta inglés, conocido más bien como novelista, aunque también escribió poesía. Lo que pasa es que su poesía se conoce menos que sus novelas e incluso sus novelas ya están un poco olvidadas, aunque en Inglaterra siguen reeditándolas, pero fuera de Inglaterra ahora se leen poco. En unas declaraciones que di cuando apareció el libro que recogía mis traducciones, yo decía que muchos de esos poemas eran terapéuticos. Por ejemplo, hay poemas donde Lawrence expresa una gran depresión y, al mismo tiempo, en cierto modo, indica cual podría ser la actitud frente a la depresión. De manera que hay mucho de… ¿cómo llamar eso? Se pueden considerar como poemas que podrían guiar a alguien en una situación parecida. En ese sentido los consideraba terapéuticos.

Leamos el poema al que hacías referencia: “Mandelstam”.

Vivo
¿a quién debo este honor?

Mi alma vacila. Dante me acompaña
a través de la noche soviética.

Yo vago entre las ruinas
de la Hélade.

No puedo huir.
Esconde
los poemas, Nadezda.

He abandonado toda esperanza
a la entrada del campo.

El único que habla ruso
no podía olvidar.
Un dios perdona,
un semidiós no.

Los gritos
se pierden en la vastedad de mi país.

 

7/ Narrativa y entrevistas

Tu evocación de D. H. Lawrence me lleva a pensar, como bien acabas de decirlo, que es un narrador que escribió también poesía. En tu caso, has escrito bastante poesía pero ¿la narración nunca te ha tentado?

No, nunca. En ningún momento. Sin embargo, un amigo me dijo una vez que yo debería escribir también prosa narrativa porque él pensaba que el poema en prosa ya está cerca de la prosa propiamente dicha. Y, además, decía que yo tenía facilidad para contar hechos. Pero no, nunca he intentado la narrativa. Además de la poesía y de los ensayos, el otro género –porque yo lo considero un género– que he intentado o que he ejercido es el de la entrevista. Pero más que todo las entrevistas, que están recogidas en un libro, son escritas, porque yo no tengo facilidad para la entrevista oral, como la que estamos haciendo en este momento y, sobre todo, el grabador me inhibe muchísimo. Entonces, yo lo que he hecho siempre, cuando me proponen una entrevista, es responderla por escrito, cosa que a los periodistas no les gusta porque dicen que se pierde la espontaneidad, pero realmente lo he hecho porque no tengo facilidad para la expresión oral, sobre todo cuando hay un aparato de por medio. No es lo mismo que la conversación libre, digamos. Entonces en ese libro de entrevistas, que son bastantes, yo creo que apenas hay cinco o seis propiamente orales. ¿Tú esto lo editas, no?  

Sí.

Pues le quitas todo lo que no te parezca bien.

 

8/ La barbarie latinoamericana

En la obra Venezuela siglo XX: visiones y testimonios se incluye un ensayo tuyo sobre la barbarie. ¿Al hablar de la barbarie civilizada estás pensando en el mundo de hoy?

Sí, claro. Bueno, estoy pensando en la historia, pero lo que más nos afecta es el mundo de hoy. Y yo creo que la barbarie ha sido una constante de la historia. La vivimos todos los días, apenas leemos el periódico nos damos cuenta de lo que pasa en el mundo. Hay una parte de ese trabajo que se refiere al siglo XIX en Venezuela y uno puede decir que el siglo XIX en nuestro país fue una especie de danza de la muerte. Y no solo en Venezuela, creo que en Colombia también el siglo XIX fue terrible, no sé en los demás países porque no conozco bien, pero posiblemente fueron muy parecidos en el siglo ya antepasado.

Las luchas entre caudillos, los enfrentamientos entre…

Luchas que sobreviven porque eso no ha desaparecido, el caudillismo está muy vivo en nuestro continente, en el espíritu de la gente. En nuestros países el pueblo siempre espera a un salvador, algo que me parece muy peligroso. Como decía un personaje de Bertolt Brecht, que era Galileo: “Felices los pueblos que no necesitan héroes”. Porque en el fondo los héroes han sido asesinos, la historia los exalta pero olvida sus crímenes, y decir que los héroes han sido asesinos es una herejía, pero es la verdad. Es la verdad. Son figuras sumamente exaltadas, todas las de la época de la independencia y las figuras posteriores. Por ejemplo, hoy se exalta mucho al Che Guevara, es algo así como un símbolo de los países del tercer mundo, pero hay que pensar en la historia de ese héroe.

¿En la responsabilidad del Che en fusilamientos sumarios y en serie en Cuba?  

Claro. Y en la figura de Bolívar, por ejemplo. Claro, fue el libertador de Venezuela y de los demás países llamados “bolivarianos”, pero el rastro de sangre que dejó es terrible. Eso es aplicable a todos los héroes. Y la historia nuestra, es decir la historia de Occidente, arranca con una guerra, que es la guerra de Troya, y nuestro principal poeta, el poeta emblemático de Occidente, ¿qué es lo que hace? Canta las matanzas de los griegos.

 

9/ El presente y la mística

Entre las obras ensayísticas de Rafael Cadenas destacan sus Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística, editados en 1977 y reeditados después en 1995. El poeta se ha acercado además a Teresa de Ávila y a diversos aspectos de la mística occidental y oriental. 

Ya para concluir esta conversación quisiera que evocáramos dos cosas de las que has hablado hace un momento. Una es esa idea de situarte siempre en el presente y la otra es eso que dices: “verse sin mentirse”, o sea, el trabajo interior. ¿Todo esto en cierta manera es el resultado de tu aproximación a los textos místicos, a los escritores místicos, y a Oriente quizás?

Sí, tiene que ver con eso, claro. Yo desde ese periodo que te mencioné antes, el de los años sesenta, comencé a leer mucho a los autores orientales, pero no sólo a los orientales, también a los místicos de Occidente, y en general a los pensadores. Eso me acercó, pues, al pensamiento propiamente dicho, a la filosofía, a determinada filosofía. Y entonces de allí vienen ese aspecto que señalaste: la valoración del presente como en realidad lo único que existe, porque realmente el pasado existe en la mente y el futuro también.

¿Esa valorización del presente te viene de los textos taoístas?  

En general de todas las místicas, aunque yo uso muy poco la palabra mística porque también se presta a confusión. Cuando se habla de mística, ¿qué es lo que se entiende? Esa palabra, como tantas otras, está muy cargada de sentidos, entonces para usarla es necesario o útil, más o menos, decir qué entiende uno por esa palabra.

¿Y tu búsqueda interior está más ligada a eso que, por ejemplo, al psicoanálisis?

Sí, más ligado a eso que al psicoanálisis. Yo me siento cerca de Jung, que no se puede considerar un psicoanalista porque él rompió con el psicoanálisis propiamente dicho y creó su propia corriente que a mí me ha interesado más. La idea de verse a sí mismo me parece muy importante pero, como en el caso de la poesía, es algo que no llama la atención de la mayoría sino a algunas pocas personas en el mundo, de manera que eso no tiene mayor peso. Simplemente se trata de ver con imparcialidad lo que somos, lo que ocurre en nosotros, las reacciones que tenemos, en el fondo verse a sí mismo de manera objetiva, sin engaños. Eso me ha interesado siempre.

 

10/Venezuela y Chávez

Una última pregunta: tu país, Venezuela, se ve desde fuera, en el mundo, como un país dividido en dos partes. Parece que estuviera casi a punto de estallar en él una de guerra civil que acarrearía una violencia muy grande. A ti que lo vives desde dentro, ¿esta visión te parece muy polarizada, un poco falsa, o desde el interior se ve lo mismo?  

No, es una visión muy real. Ustedes desde fuera sienten eso, a través de las pocas noticias que llegan, porque me imagino que no serán muchas. Sí, el régimen de Chávez ha provocado una polarización realmente muy peligrosa. El país está dividido entre los partidarios del gobierno y la mayoría de la población que rechaza al régimen, porque el presidente ha atacado a todos los sectores y él se ha apoyado sobre todo en el sector marginal de la población. De manera que la situación es muy peligrosa y hay extremistas de lado y lado, extremistas del lado del régimen y extremistas del lado de la oposición, así como hay sectores más conscientes también en ambos lados. Son esos sectores los que plantean la necesidad del diálogo, pero es un diálogo que no se ha podido realizar hasta ahora por el sectarismo del régimen. Por ejemplo, cuando se convocó a la población para ese diálogo realmente se escogió a los participantes, cuando el diálogo tiene que ser con los opositores al régimen. Si, por ejemplo, en Colombia el presidente Pastrana dialogó con el jefe de la guerrilla, pues en Venezuela, y con más razón aún, el presidente tendría que dialogar con los opositores más radicales al régimen. Sin embargo, eso no se ha podido dar, y yo creo que sí existe el peligro de un enfrentamiento, aunque hay una parte de la población muy consciente de ese peligro y que está tratando de evitarlo. Debe poderse llegar a un cambio dentro de las formas democráticas, constitucionales. 

 

11/ Arte poética


Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.

No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa, ni añadir brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.

Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restriégame la estafa.
Te lo agradeceré, en serio. Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

 

© José Rosas Ribeyro, 2009

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José Rosas Ribeyro: (Lima-Perú). Reside en Francia desde 1977. Salió del Perú desterrado por la dictadura del general Velasco Alvarado. Antes de París, llegó a Ciudad de México, donde vivió dos años y participó junto a Mario Santiago y Roberto Bolaño en el proyecto infrarrealista. En Lima, fundó las revistas culturales Estación reunida y Uso de la palabra. Es autor de los libros de poesía: Currículum mortis y Ciudad del infierno. En la actualidad es periodista y productor de programas culturales en Radio Francia Internacional. Tiene una novela inédita titulada País sin nombre, el poemario Diario de un sobreviviente y el libro de narraciones No recomendado para señoritas.

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