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A
comienzos de verano, Birger Angvik, catedrático
del Departamento de Lengua Española y Estudios
Latinoamericanos de la Universidad de Bergen, Noruega,
visitó Lima para hacer la presentación
de su segundo libro relacionado con la literatura peruana,
Mario Vargas Llosa: La narración como exorcismo
(Fondo de Cultura Económica, 2004). Enamorado
del Perú desde que estudió literatura
en España, sus acercamientos parten de los estudios
de género y del placer del texto de Roland Barthes,
que convierte su crítica en una búsqueda
por la literatura muchas veces marginada por el canon
literario peruano: aquella literatura de las mujeres
y homosexuales, como también la literatura cómica
y satírica del siglo XX, con sus respectivas
innovaciones poéticas o narrativas, como se constata
en su libro La ausencia de la forma da forma a la
crítica que forma el canon literario peruano
(Fondo Editorial de la Universidad Católica,
1999). Angvik es un extranjero que ha elegido el Perú
dada su riqueza y heterogeneidad, y una de las razones
por las que debemos valorarlo está en la mirada
que nos puede ofrecer alguien de otro país. A
continuación, Angvik nos habla sobre el comienzo
de su interés por la literatura y la crítica
literaria peruana, la crítica literaria peruana,
la obra de Mario Vargas Llosa y los estudios latinoamericanistas
en Noruega.
La primera pregunta es de rigor: ¿Cómo
comenzó el interés de un joven estudiante
noruego por la literatura peruana?
Esta es una historia que se tiene que contar por partes.
En Noruega, cuando estudié los autores de la
novela picaresca inglesa del siglo XVIII, los profesores
de la universidad de Bergen, que eran ingleses, mencionaron
un libro que llamaban “dan kuicksout” (“Don
Quixote”), en su puro acento inglés. Fue
ahí que me interesé por esta novela y
por supuesto por el español, y decidí
viajar a España para aprender este idioma, algo
que no se enseñaba en la Noruega de ese entonces.
En España fui a Salamanca y entraba a las clases
para españoles para aprender el idioma lo más
rápido posible. Tuve como profesor a Fernando
Lázaro Carreter, un profesor excelente, que llegó
a interesarse en mí. El problema, sin embargo,
era que no se podía estudiar ningún autor
español del siglo XX. Todos los autores vanguardistas
como Lorca u otros estaban prohibidos por la dictadura
de Franco y teníamos que leerlos a escondidas.
Pero fue también ahí que leí La
ciudad y los perros y quedé fascinado por
un lenguaje que no se encontraba en la España
de esa época. Para hacer mi doctorado, tuve que
viajar a Inglaterra, donde habían cinco institutos
de estudios latinoamericanos. Esto fue en el año
de 1968.
Una vez interesado por la literatura peruana,
¿cómo formaste los contactos con los autores
y críticos peruanos de entonces?
Yo conocí Lima por primera vez en enero del ‘71.
Como eran las vacaciones, tardé en tener contacto
con los críticos, pero poco a poco fui conociéndolos,
sobre todo a los de San Marcos. Pero lo que más
me gustaba, ya que yo estaba haciendo mi doctorado en
Inglaterra, era ir a las clases de literatura, a las
de Antonio Cornejo Polar, por ejemplo, y algunas de
José Miguel Oviedo. Luego fui a Bergen a ocupar
el cargo de profesor de literatura latinoamericana.
En cuanto a los escritores, conocí a Vargas Llosa
en Londres un poco antes de viajar al Perú. Lo
entrevisté y me trató de una manera excelente,
Con interés, amabilidad y curiosidad por mi trabajo.
Además, me dio todas las direcciones de sus amigos
y colegas aquí en el Perú, de Salazar
Bondy, de Abelardo Oquendo, de los hermanos Cornejo
Polar, todos... ¡Me entregó su agenda para
que yo la copiara! Yo sólo era un insignificante
estudiante noruego y me sentí agradecidísimo.
Fue así que poco a poco me interesé más
y comencé a publicar artículos sobre Mario
Vargas Llosa y el boom en Noruega. En los países
nórdicos no había, que se sepa, nadie
que hasta ese momento se hubiera interesado por la literatura
latinoamericana, y menos por la peruana.
En sus libros usted se ocupa mucho sobre el
humor en la literatura peruana. ¿Por qué
este interés?
En la literatura peruana siempre he extrañado
la representación del humor limeño. Esto
lo veo en Historia de Mayta, de Vargas Llosa,
en el Reynoso de 1961, en Bayly, en Bryce.
Pero mucho del humor limeño es machista
y discriminatorio...
Sí, también es antihomosexual o homofóbico,
y sexista, pero igual así yo me río a
carcajadas. El peruano no es puritano y su moral puede
ser doble, triple, múltiple. Creo, además,
que el discurso pesado de la moral del “sentido
común” crea sus contradiscursos. Y eso
lo veo en Valdelomar o en el César Vallejo de
Escalas melografiadas. Nadie ha apreciado los
juegos que se hacen en este libro de narraciones vanguardistas.
Duque es una comedia de primera, y juega con los estereotipos
criollos. Lo cómico ha sido despreciado a pesar
de las lecciones de Aristóteles.
En La ausencia de la forma dices que la crítica
peruana tiende a ver las cosas sólo desde el
punto de vista sociológico y por esta razón
muchos de nuestros escritores optan por el realismo
en vez de otras corrientes como la vanguardista o la
fantástica. Sin embargo, tu último trabajo
ha sido sobre un autor de tradición realista,
como Vargas Llosa. ¿No hay aquí una contradicción?
No, aquí tenemos que distinguir algo. Una cosa
es que me guste la literatura realista. Pero de eso
a pedir que cualquier literatura sea realista como me
parece que hace la crítica peruana, hay un gran
paso. Yo no exijo que cualquier obra literaria sea realista.
Yo disfruto de la literatura realista y también
disfruto de la literatura no realista, y de la literatura
absurda, de la farsa. Y si ustedes me preguntan cuál
es la literatura que más nos serviría
para el Perú de ahora, una literatura crítica
frente al poder y a los gobernantes, yo diría
que la farsa. Porque todo se parece a una farsa, a un
gran absurdo, a Beckett, a Pirandello, a Dario Fo. También
la parodia, la sátira, por qué no. ¿Por
qué no usamos la sátira a más no
poder, por qué no tenemos una literatura farsesca?
Mario Vargas Llosa abre en Historia de Mayta un camino.
No sólo burlándose de la izquierda, sino
para otra cosa. Es una narración experimental,
novedosa. No se reduce a un realismo simplista. Hay
una idea estereotipada también sobre el Vallejo
poeta, que no permite acercarse a otras partes de su
trabajo, por ejemplo las narraciones de Escalas.
Westphalen, además, dijo algo a propósito
del tema. Dijo que la crítica peruana clasifica,
evalúa, categoriza, y la poesía peruana
está siempre en otra parte. La literatura siempre
se adelanta y se escapa a la crítica. Yo tengo
que vivir con ese deseo de agarrarla y nunca alcanzarla.
Usted está diciendo que la crítica
peruana no considera el trabajo de los escritores.
Aquí le hacen la vida imposible al artista, como
pasó con Arguedas. Si queremos tener un documento
sobre la relación entre la crítica peruana
y los artistas creativos peruanos hay que leer el documento
publicado sobre el seminario de Todas las sangres
de 1965, donde los críticos casi matan a Arguedas.
¿Por qué no se levantó el maestro
y se fue, cerrando la puerta? Y Alberto Escobar, que
estuvo allí, debe haber sufrido mucho. Qué
documento, este es el documento que resume la relación
entre críticos y artistas en el Perú.
Le dijeron barbaridades. Como sucedió con Padilla
en Cuba. Por eso los artistas se van. Vallejo se va,
Moro se va, Oquendo de Amat se va, Eielson se va, Luis
Hernández se va. Martín Adán se
retira.
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