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Usar géneros metropolitanos le permite al sujeto criollo -productor del texto- demostrar su capacidad para participar del mundo metropolitano, es decir, del poder.

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Voces subalternas en el teatro colonial: La conquista del Perú de fray Francisco del Castillo

por Christian Bernal Méndez

 

La presencia y construcción de sujetos indígenas desde los paradigmas hegemónicos responde a un afán de subordinación. Lo cual, sin embargo, contrasta con la gran mayoría de los discursos criollos, donde el sujeto indígena era negado. Sin duda, esta insólita presencia se debe al carácter totalitario que pretende alcanzar el texto, al querer construir un pasado que legitime el orden presente. Aunque, irrisoriamente, todavía se sigue negando a otros sujetos marginales, como los negros por ejemplo. Esta subordinación del sujeto indígena se expresa cuando se utiliza otro tópico caro al teatro barroco: la oposición entre el ser y el parecer. Aquí se inscribe a los nativos en el parecer, en la falsa identidad -muy criticada en la sátira virreinal(6)- y en el engaño que acarrean desorden y confusión. Rumiñahui fingiendo ser Culliscacha ante Huacolda, y Titu haciendo lo propio ante Mama Huaco pretendiendo ser Rumiñahui, son los casos paradigmáticos al respecto.

Representativo de todo este campo semántico negativo es Atahualpa, que aparece como un sujeto cruel, déspota:

Entralos en esa sala
y al proviso, en ella estando,
mueran todos, porque así
viviré yo sosegado. (Castillo, 1996: 296)

Todo lo contrario ocurre con Pizarro y todos los demás personajes hispanos. Estos aparecen como paradigmas de todos los valores caballerescos y cristianos:

Con esos tengo bastantes
pues, aunque tuviera menos
más había de animarme,
porque quien en Dios confía
destruye dificultades. (Castillo, 1996: 271)

Incluso, al finalizar la comedia, es gracias a Pizarro -quien actúa como el rey ordenador típico de las obras barrocas españolas- que los enredos de las parejas cortesanas se solucionan siguiendo el honor y el decoro debidos. El apoyarse en el canon no sólo se refleja en la construcción de los personajes, también se refleja en la construcción de las situaciones. El caso del encuentro entre Candía y los indios, específicamente cuando estos le sueltan un tigre y un león, es claro al respecto:

(al llegarse las fieras les muestra la cruz
y ellos se postran, y los Indios estarán al paño) (Castillo, 1996: 290)

Como vemos, esta escena tiene como hipotexto a la Biblia. Por otra parte, la escena del oráculo conversando con Huayna Cápac sobre su necesaria sumisión ante los españoles que están por llegar (Castillo, 1996: 229-231), responde a paradigmas propios de las construcciones teatrales.

Para finalizar esta primera parte, la superioridad valorativa hispana acompañada de la desvalorización de los sujetos “incas” responde, claro está, al proyecto político de legitimar la colonia; sugerida ésta como necesaria y natural si se desea restablecer el orden y la paz perdidos, los cuales aparecen como el fin supremo de la vida. Pero, paradójicamente, en esta misma obra dedicada a la celebración del poder real, no se acepta un régimen colonial absolutista. Siguiendo el carácter jánico del barroco, este texto también legitima -como hemos visto en un inicio- el espacio geográfico propio como espacio principal: no sólo para el sujeto criollo sino también, y principalmente, para España, en tanto que su grandeza depende de la relación que mantiene con su rica colonia. A la par, el sujeto criollo cuando utiliza diversos patrones culturales dominantes para su construcción discursiva, está expresando su deseo de coparticipar en el ejercicio del poder social y político.

3. La refracción del discurso de las élites andinas

Hemos analizado las relaciones que establecen Loa y La conquista del Perú con el discurso de las élites criollas. Sin embargo, algunos puntos que tocamos líneas arriba (los personajes de Atahualpa y Candía, junto con el oráculo de la venida de los españoles) señalan un doble sentido semántico. Según Raquel Chang-Rodríguez(7), la entrada de España en el Perú se debió tanto al atrevimiento de un griego cretense -Candía- que luego será un traidor, como al vaticinio dado a Huayna Cápac de la llegada de los españoles y al pacífico sometimiento de Atahulapa (quien sufrirá un proceso de dignificación a lo largo del texto). En este sentido, no debemos olvidar que desde el comienzo mismo de la comedia se nos indica su vinculación con las llamadas élites andinas(8): “Fiesta con que los naturales de esta ciudad de Lima celebran la feliz coronación de Nuestro Católico Monarca D. Fernando el Sexto” (Castillo, 1996: 203). Además, como precisa Carlos García-Bedoya: “Es difícil saber si Fray Francisco del Castillo simpatizaba con el punto de vista de la nobleza india, pero es claro que la obra expresa algunas opiniones representativas del universo discursivo de las élites andinas.” (García-Bedoya, 2000: 198).

Por lo tanto, parece lícito suponer que el texto presenta similitudes ideológicas con el discurso de las élites andinas. Si no fuera el caso, resultaría ilógico el apoyo que estas élites ofrecieron al Ciego de la Merced. Además, como sabemos, un discurso no sólo le pertenece a quien lo produce, sino también fundamentalmente a quien lo recibe. Y al respecto, el patrocinio que recibió el texto por parte del gremio de los naturales, sólo corroboran el buen recibimiento y acogida que tuvo por parte de estos.

Por lo tanto, siguiendo a Bajtín(9), podemos decir que refracta la propuesta de legitimación de las élites andinas. Es decir, por un lado, plantea una sumisión pronta y pacífica del incario, y por otro, la igualdad del indio frente al español, en tanto está emparentado con él, tal como lo veremos más adelante. Así pues, va constituyendo una autoconciencia subalterna india que le permite configurar un marco posible de acciones dentro del nuevo orden colonial.

Una primera aproximación a la configuración de este sujeto se halla en la Loa. Allí, la Nación Peruana es personificada como india: “(Sale la Nación Peruana de india con una N en la tarja)” (Castillo, 1996: 204). Lo cual funciona como característica diferenciadora pero, a la vez, como signo de articulación de lo indio. Asimismo, en la misma Loa ya se plantea la tesis de la sumisión pronta y pacífica:

Lo que resta yo lo debo,
y por eso una comedia
al senado le prevengo,
donde ha de representarse
la lealtad y el rendimiento
con que la Nueva Castilla
con las armas del afecto,
libre quiso sujetarse
al augusto hispano gremio. (Castillo, 1996: 217)

Una sumisión que se plantea como natural, lógica y necesaria en la comedia misma. En ella, los españoles aparecen como restablecedores del orden perdido debido a la muerte de Huayna Cápac y la posterior guerra civil; es decir, los “conquistadores” surgen como herramientas del poder divino. Esto lo notamos cuando Atahualpa indica:

Ya esto no tiene remedio,
ya el fin del Imperio mío
ha llegado, de mi padre
cumplióse ya el vaticinio;
mas, pues tienen ley mejor
estos hombres que han venido,
por ganar mejor imperio
abrazarla determino. (Castillo, 1996: 337)

Esta sumisión pacifica fue usada como motivo para deslegitimar la conquista y presentar al gobierno colonial como continuidad del incario; tal como lo menciona Atahualpa:

Pero, en fin, a decir vuelvo
que si del dios Viracocha
lo que hicisteis fue precepto,
con él estamos conformes,
aunque ejecutéis lo mismo
con nosotros; sólo os pido
y con súplicas os ruego
que con piedad a los míos
los miréis, pues es muy cierto
que mi muerte será vida
como queden vivos ellos. (Castillo, 1996: 328-329)

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6 Ver el artículo de Pedro Lasarte: “Lima satirizada: Mateo Rosas de Oquendo y Juan del Valle y Caviedes”.

7 Aquí me refiero al artículo de Raquel Chang-Rodríguez: “Entre la tradición colonial y la ruptura ilustrada:     La conquista del Perú de Fray Francisco del Castillo”.

8 Para ampliar el tema consultar Nacimiento de una utopía. Muerte y resurrección de los Incas de Manuel Burga.

9 Consultar El signo ideológico y la filosofía del lenguaje de Valentín Voloshinov (Mijail Bajtín).

 

 

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