0

banner 18

 

 

encontramos una inversión de valores: la deformación física que causa Amadeo a pedido de las madres mendigas promueve la compasión y la dádiva económica y hace que la condición de marginalidad del lisiado o tullido sea ‘rentable.

____________________________________________________________

adolph

El proceder desmitificador en El retorno de Aladino (1968) de José B. Adolph (1)

por Elton Honores

 

José B. Adolph (Stuttgart, Alemania, 1933- Lima, 2008) es, sin duda, uno de los escritores de ciencia ficción peruana más importantes(2). Aunque el autor ha transitado por otros ámbitos, como el fantástico o el realismo puro, su nombre sigue asociado honrosamente a este género, que en el Perú goza aún de marginalidad.
           
En 1968, Adolph, publica su primer libro de cuentos: El retorno de Aladino (ERA). Como bien nos recuerda José Güich (2008) en uno de los escasos comentarios críticos a este libro, 1968 fue un año de diversos eventos históricos: el álbum blanco de The Beatles, la revuelta estudiantil parisina de Mayo del 68, los asesinatos de Martin Luther King, Robert Kennedy y Che Guevara, o la matanza de estudiantes en Tlatelolco en México; pero también, agregamos nosotros, son los años del black power, el hippismo y la psicodelia, y de films de culto como El planeta de los simios(3), que sin llegar a ser una gran película, plantea ya una mirada escéptica sobre el futuro de la humanidad, acaso similar a ERA y en particular a la del cuento “El complejo de Caín”; o de 2001: una odisea del espacio(4), del maestro Stanley Kubrick, que no solo es una estupenda reflexión sobre la condición humana sino que otorga a la ciencia ficción la madurez y profundidad necesarias para ser considerada un género serio.
           
En este marco, ERA es un libro que adquiere mayor importancia, no solo por ser la ópera prima de nuestro autor, sino por enmarcarse en un contexto en donde la ciencia ficción permite referir con madurez los problemas y situaciones actuales del mundo, pero ya no como mero divertimento. Así, se exploran procesos históricos como la descolonización (referido en “El complejo de Caín”) o la lucha por la conquista del espacio (en el cuento “¿Quieres una manzana?”, se explora ese “otro” mundo).
Nuestro autor se enmarca, además, en lo que Daniel Salvo (2007) denomina la “Edad de Oro” de la ciencia ficción peruana, conformada por una tríada de autores: Adolph; José Estremadoyro y su díptico: Glasskan –publicada el mismo año que ERA (1968)- y Los homos y la tierra (1971); y Juan Rivera Saavedra con Punto (1964) y Cuentos sociales de ciencia ficción (1976). Pero volviendo a ERA, tenemos que la mirada escéptica y desmitificadora del progreso de la humanidad se hace evidente desde el título y constituye el leit-motiv del libro, pero también de la visión de mundo del autor.
           
Consideramos que Aladino no solo hace referencia al mundo oriental y a la fantasía, a los deseos que se satisfacen con solo frotar una lámpara maravillosa, sino que remite en primer lugar a la niñez, a la infancia de la humanidad(5), y que por su vulnerabilidad ve peligrar su existencia y condición humana; y en segundo lugar, a la ausencia de un futuro feliz frente a los deseos del progreso científico expresados, por ejemplo, en la carrera entre los EEUU y la ex Unión Soviética por la conquista de la Luna. Adolph, en ERA, mira la realidad contemporánea desde una perspectiva desmitificadora, por su desconfianza frente al futuro de la humanidad. Por ello, su “ataque” se sitúa en tres instancias bases que han permitido el avance y desarrollo de la civilización: la religión, la política y la ciencia. Para nuestro análisis consideraremos seis de los once cuentos de ERA: “La fábrica”, “El complejo de Caín”, “Pedigree”, “¿Quieres una manzana?”, “Tesis” y “La asunción de Víctor”.


Políticas de la condición humana

El espacio en donde transcurre la historia de “La fábrica” es urbano marginal, en donde la condición de pobreza es extrema: las casas son de cartón o de esteras, las mejores son de adobe. Aún no hay agua, pero pronto será asfaltada y dotada de agua y desagüe (1). Sus habitantes pertenecen mayormente a la clase baja: obreros, pequeños empleados de oficina, comerciantes, familiares de empleadas domésticas y mendigos (1).
           
Amadeo, personaje central, vive en el cerro, al final de la calle polvorienta, y ocupó el cargo de enfermero en el Ejército Peruano. En el presente inmediato del cuento, el personaje era una especie de veterinario, especializado en “liquidar perritos recién nacidos, cercenar colas o castrar gatos” (1).

Vemos que, simbólicamente, Amadeo dentro de la maquinaria del Estado, reemplazará el cuidado de los “perros” del ejército (así se les llama a los soldados rasos), para luego, “liquidar perritos recién nacidos” (como extensión del sobrepoblamiento urbano), y finalmente “operar” y dejar tullidos a niños de corta edad (con lo cual les impide un desarrollo y crecimiento “normal”). En los dos últimos casos se trata de seres indefensos, cuyos amos-padres, determinan su destino.

En el cuento, el hijo de una vieja mendiga sufre un accidente y es llevado donde Amadeo. Aquí observamos una informalidad aún vigente: ella no acude a un médico (es decir, no apela al saber científico) sino a un “huesero”, al saber popular, empírico. Éste le recompone el brazo quebrado, dejándolo recto. Transcurre un mes y nuevamente el brazo del niño vuelve a quedar quebrado, ahora en sentido contrario. Amadeo aplica sus conocimientos y recompone otra vez el brazo del niño.

Sin embargo, Amadeo, frente a las habladurías de que por tercera vez el niño ha quedado deforme, va en busca del niño y la vieja mendiga en su “esquina acostumbrada” (2). Esta mención del narrador normaliza la pobreza, como parte del panorama diario de la existencia humana: en las esquinas hay pobres que mendigan, pues sería anormal si no existieran. El crecimiento urbano y los desplazamientos migratorios hacia las urbes han promovido la aparición de “mendigos”.

Amadeo se entera de que la vieja mendiga no está dispuesta a que le recomponga el brazo a su hijo; prefiere dejarlo en ese estado de anormalidad física por un motivo económico: su sombrero ahora está más lleno; es decir, incluso para una mendiga, como escribía Quevedo: “Poderoso caballero es Don Dinero”. La razón interior de la vieja mendiga es que la compasión que provoca el niño hace más rentable su condición de pobre, y entonces ¿para qué cambiarla?

Luego de ello, otros mendigos, enterados de la “prosperidad” económica de la vieja mendiga, llevan a sus hijos donde Amadeo para que tengan la misma condición de tullidos. Éste, luego de superar un dilema interno de orden moral, finalmente acepta, pues señala el narrador: “El progreso no puede ser detenido” (2), cruel ironía de quien narra la historia. Pero como esta naciente fábrica de Amadeo, los gritos de dolor de los niños provocan “ruidos molestos” que le puede acarrear una multa, decide tapiar su casa y cumplir con las ordenanzas municipales (y trabajar “en silencio”). La ironía final del cuento radica en que Amadeo sueña con que esa calle polvorienta lleve su nombre, consiguiendo así el estatus de principal benefactor.

“La fábrica” se construye así como un cuento hiperrealista que narra cómo el personaje Amadeo Llaque simbólicamente “produce”  tullidos. En este cuento encontramos una inversión de valores: la deformación física que causa Amadeo a pedido de las madres mendigas promueve la compasión y la dádiva económica y hace que la condición de marginalidad del lisiado o tullido sea “rentable”. La pobreza se convierte así en un “negocio”, no solo para Amadeo o para estas familias, sino en última instancia para un Estado fantasmal, en la medida que los tullidos y deformes entran a formar parte del engranaje económico, o mejor aún, solo bajo esa condición de anormalidad y deformidad pueden ingresar al sistema, ser reconocidos como mercancía: a mayor deformidad, se vuelven a los ojos humanos más valiosos pues promueven una mayor compasión y lástima.

“La fábrica” muestra, además, cómo el crecimiento urbano va a la par con la industrialización de los mendigos, y el “progreso” del naciente distrito pobre. Se desmitifica así no solo la idea moderna del “progreso” sino también el desarrollo económico a partir de la pobreza extrema (podríamos concluir que sin pobres no hay progreso económico); cuya clave es que la fabrica de Amadeo produce simbólicamente objetos o cosas deformes, anormales, que se vuelven rentables para sus “dueños”, es decir, sus padres. El sistema simplemente se reproduce y no hay cambio alguno, ya que en la perspectiva del narrador, no hay cambio posible.
En “El complejo de Caín” se apela a la historia bíblica. Este cuento narra la historia del chimpancé O-go, que ha dado un salto en su proceso evolutivo: sabe hacer fuego, comprende las acciones humanas y posee un embrionario sistema de lenguaje que permite pensar en un salto cualitativo en su especie.

El cuento está lleno de símbolos y anclado en hechos históricos concretos: la revolución independentista en el Congo, lugar donde transcurre la historia. Hasta ese país viaja el periodista político inglés Bill McClough para entrevistarse con el granjero Beretto, pues ha oído que posee un chimpancé que enciende fuego. Simbólicamente el fuego aludirá a la luz del saber, al conocimiento, pero también a la pasión y a la violencia latente, con cierta perspectiva revolucionaria o desestabilizadora del orden.

Tras el encuentro con el granjero, el periodista desliza la idea de que ahora el hombre tendrá “competencia” (24). Frente a la nominación del animal como “Chimp”, el  chimpancé dice: “O-go”, con lo cual no se deja nombrar por los otros.

El periodista está muy entusiasmado con la posibilidad de llevarlo a Londres, a lo que el granjero accede. Entre otras cosas el granjero agrega que “Ahora solo falta que los monos pidan la autodeterminación. ¡Monos que hablan! Un pésimo chiste” (25). Ya en la cena, las diferencias entre ambos personajes vuelven a aparecer. El granjero acota: “A mí me basta con que estos negros quieran ponerse a un mismo nivel con nosotros (...) Ya ahora nos están desplazando a los blancos. En el oriente los chinos, aquí en el África los negros (...)”.

A la mañana siguiente, O-go aparece muerto. El periodista piensa que ha sido el granjero, a lo que éste señala: “Es un juicio de Dios, Mr. McClough (...) Quizás [fue] uno de mis peones (...) ¿No dijo usted algo acerca de la ‘competencia’? Para nosotros el mono no lo era, pero quizás lo fuera para los negros” (26).

El final del cuento relativiza la evolución humana o, mejor aún, la supuesta supremacía en la tierra del hombre dentro del proceso evolutivo de las especies. Con ello desestabiliza la condición privilegiada del hombre: si el hombre sigue actuando de manera incorrecta a nivel político (promoviendo o manteniendo los abismos sociales y diferencias raciales), la extinción o destrucción de la humanidad será (y es) totalmente posible. Como anota el autor en otro texto: “La violencia es una amante despechada y cruel que se niega a abandonar a la historia” (Del sueño, 1968: 26).

 

La ciencia como ficción pura

En “Pedigree” se desmitifica la labor científica, pues está sujeta al azar del mundo. La programación de la vida es imposible. Si bien la modernidad y la industrialización promueven no solo una organización mecánica y rutinaria de la vida humana en aras del progreso, la ciencia es también un sistema que se reproduce en el tiempo, pero al parecer, un sistema condenado al fracaso.

Giuseppe Fornarina, el personaje central, es alquimista, científico y comerciante mágico. La historia transcurre en un tiempo indeterminado, pero probablemente nos encontremos a fines del medioevo en tránsito hacia el Renacimiento. El personaje principal está obsesionado con la idea de crear a un superhombre (no exento de resonancias nietzscheanas), pues solo un hombre “es capaz de reformular todas las posibilidades del universo” (4). Es decir, el hombre como dominador de la naturaleza; pero además, el único que puede “quebrar la rueda de las repeticiones” (4), la rutina y el estancamiento científico; y en última instancia, el único poseedor de la libertad total. Entonces, el hombre ciencia, Fornarina, manifiesta en su deseo de “crear” vida, el de convertirse en un nuevo Dios.

Sin embargo, el tiempo de vida Fornarina está establecido, tiene un tiempo de caducidad, un límite, tras el cual llegará inevitablemente la muerte. Ante este conocimiento de la condición última del ser humano y del poco tiempo que dispone para crear a este “superhombre”, decide adoctrinar a su hijo para que cumpla un plan establecido, basado en una serie de uniones de matrimonios y nacimientos que contempla, además, características de la pareja elegida, para llegar al “superhombre”, que sería “la primera imagen real de Dios sobre la tierra, el segundo Adán” (6).

El plan establecido por Fornarina se cumple hasta el siglo XIX, cuando el manuscrito se pierde en una revolución. El descendiente directo de Fornarina que conservaba el plan, se recluye en una aldea alejada y se une con una campesina. Producto de la relación nace una niña. Ya de adulta, ésta se casa y la historia de la única pariente directa de Fornarina se pierde hasta 1963, en donde Charlie, un recién nacido, que no lleva los apellidos de Fornarina, es el último de sus descendientes y que, como señala el narrador, es conciente de toda la información de los Fornarina acumulada en los siglos. A pesar de su muy corta edad, Charlie (que no puede controlar sus órganos y llora) piensa en establecer un plan para crear al hombre del futuro tal como lo hizo, hace siglos, su lejano pariente Guiseppe Fornarina.

Así, se muestra la imposibilidad de la ciencia, y de la ambición del ser humano por alcanzar la idea del “superhombre” y, con ello, la inmortalidad, pues nuevamente se vuelve al punto inicial del primer Fornarina, como si la historia de la humanidad fuera solo una larga repetición de errores (y la reproducción del caos) ad infinitum.

En “¿Quieres una manzana?”, cuento en clave de ciencia ficción, el narrador se encarga de desmitificar el supuesto avance científico al que ha llegado la humanidad. El cuento señala que la nave llamada Explorador desciende en un planeta desconocido. Los científicos MacClellan, antropólogo; Julia Casares, arqueóloga; y Fred Hammer, sociólogo y narrador de la historia, se encaminan por este planeta.
El punto de quiebre se produce cuando los científicos se encuentran con otra alteridad: “Ninguno de ellos medía más de un metro cuarenta de estatura” (42), carecían de vello y andaban desnudos. Evidentemente la imagen es edénica.

Uno de ellos retorna a donde habían dejado sus ropas y regresa con un aparato, una suerte de traductor universal de lenguas, convención usual en el género de ciencia ficción. Los científicos terrícolas que hablaban en castellano descubren que el aparato no reconoce este idioma (con lo cual se insinúa cierto sentido periférico de la cultura latinoamericana). Ante ello, McClellan decide hablar en inglés, con lo cual tienen éxito y empiezan a dialogar.

El desencuentro se producirá no por el idioma sino por el nivel de pensamiento de los pequeños seres, al plantearles preguntas que los humanos son incapaces de responder. Frente a esta situación, una de ellas, de nombre Maleva, les dice a los terrícolas: “Y apuesto (...) que tienen guerras, cibernética, robots y otras antiguallas por el estilo” (43). Es decir, se vuelve a desmitificar nuestra supuesta modernidad tecnológica, frente a esta otra civilización hiperdesarrollada. Por ello, el narrador-personaje llega a la conclusión de que ellos representan a “una supercivilización que –ajena a todo accesorio cibernético– parecía dominar totalmente sus fuerzas mentales. Una raza de filósofos que no duermen y de los cuales no me extrañaría que pudieran volar” (44).

Sin embargo, la vuelta de tuerca se produce cuando, el narrador señala que una voz salida del follaje (traducida por el aparato) anuncia a los extraños seres, que deben reunirse para partir: “Ningún niño debe retardarse. El primer kindergarten de nivel inferior termina así sus clases (...)” (44).  Así, pues en el texto, el saber científico humano es desmitificado nuevamente pues encuentra en el nivel de un niño de ese planeta. El cuento concluye con la frase de uno de ellos al narrador personaje: “¿Estás seguro de que no quieres una manzana?” (44).

 

Religiosas resonancias bíblicas

“Tesis” es una parodia en clave de ciencia ficción, pues hay una relectura de un pasaje de la historia bíblica oficial. El cuento refiere el viaje de “estudios”, de exploración científica de un grupo de estudiantes, una suerte de “trabajo de campo” espacial, para comprobar ciertas hipótesis de investigación. De ahí su título.

Los viajeros llegan a un planeta poco desarrollado y primitivo según su taxonomía, en donde “Se ejerce la agricultura y el transporte, así como algunos trabajos artesanales” (8). Las ciudades más grandes no tienen más de cinco mil habitantes y un sector tiende hacia el monoteísmo.

Los exploradores saben que un cometa cruzará ese planeta y tendrá consecuencias desastrosas. Ante ello proponen diversas alternativas. Finalmente deciden por la solución b, del profesor Klander en Indicaciones Generales, capítulo “Catástrofes hidrológicas”.

El cuento está narrado en primera persona. El personaje señala que esperan la nubosidad baja en el planeta para sobrevolarlo. Señala:
Algunos campesinos trabajaban bajo una fría llovizna. Era un cuadro como lo habíamos visto ya decenas de veces, y a pesar de ello, siempre nos inducía una sensación de extraño respeto el ser testigo del nacimiento de una civilización (...) Descubrimos al viejo jefe cuando se dirigía a su choza. Conectamos el autoparlante y Andros comenzó a hablar con su voz fuerte y juvenil, sin dejar de ser solemne (...): ‘El fin de toda carne ha venido delante de mí, porque la tierra está llena de violencia... Hazte un arca de madera de Gofer...’ (10, cursiva mía).

Así, la historia sagrada de El arca de Noé es parodiada mediante la ciencia ficción y se entremezclan. Si bien está implícito que la idea de civilización presupone el monoteísmo (como una manera de organizar el culto religioso, controlar a los fieles y evitar la dispersión), el cuento sugiere una explicación extraterrestre posible.

Finalmente, en “La asunción de Víctor”, el narrador reitera su visión pesimista de la humanidad, pues ésta ha caído en una peste que va extinguiéndolos, un virus mortal que va enloqueciéndolos. Frente a este hecho, los fanatismos religiosos se van exacerbando hasta el paroxismo y la violencia, al punto de parecerse a simples “zombies”. La masa religiosa espera un milagro frente a una muerte que va expandiéndose y contaminando la atmósfera terrestre.

Frente a esta situación, “Víctor”, el hijo del narrador personaje, es una suerte de nuevo mesías, el elegido, parodiando la figura de Cristo, que será sacrificado en beneficio del culto. El final del cuento concluye con la imagen de los fieles que irrumpen en el espacio donde se encuentra el elegido.

Con ello el libro adquiere una circularidad en su construcción: la niñez, como signo del futuro de la humanidad, se verá afectada ya sea por fanatismos religiosos, por políticas nefastas o por la inutilidad de la ciencia. Por ello señalábamos que el libro muestra que la humanidad (formalizada a través de la imagen del niño) aún no ha alcanzado una madurez y menos aún, es capaz de proteger su propia existencia. Recordemos que son los años de la guerra fría, en donde la posibilidad de una tercera guerra mundial estuvo siempre latente. La visión desmitificadora del autor utiliza así la ironía y la parodia como formas para expresar su pesimismo frente al futuro del hombre en el cosmos.
La clave de lectura de ERA nos hace pensar que frente a la estupidez del homo sapiens en el nivel de la ciencia, la política y la religión, al hombre del presente solo le quedaría retornar a la fantasía, pero no a una fantasía evasiva sino desmitificadora de la cultura humana. Solo así la ficción se convertiría en el último reducto del hombre, en su última traza: la ficción será lo último que podríamos perder.

_________________________

1 Una primera versión de este texto fue presentado en el Congreso Internacional Literatura Perú.2008, el lunes 24 de noviembre de 2008 en el Auditorio de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

2 Para una aproximación al corpus crítico sobre el autor, consúltese: “El sujeto programado y la ciudad distópica en Mañana, las ratas (1984) de José B. Adolph”, citado en la bibliografía.

3 El planeta de los simios está basada en la novela de Pierre Boulle, con guión de Rod Serling y Michael Wilson. La película fue dirigida por Franklin J. Schaffner. Este film ya estaba en cartelera en Lima en junio de 1968.

4 En el recuento de los films exhibidos en 1968 en Lima se menciona esta obra de Kubrick.

5 Incluso no es casual que en casi todas las fotos del libro, tomadas por Daphne de Zileri, aparezca el niño como metáfora de esa edad inicial o de piedra de la humanidad.

 

BIBLIOGRAFÍA

Adolph, José B. El retorno de Aladino. Lima: Eudeli, 1968.

---- “Del sueño a la pesadilla”. En: Caretas. Abril 1968, 16-26. nº 371. pp. 24- 26.

Berman, Marshall. Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. México: Siglo XXI, 1999.   

Güich Rodríguez, José. “Las mil y una noches”. Porta9. 29 sep 2008. 10 oct 2008. <http://www.porta9.com/?p=127>.

Honores Vásquez, Elton. “El sujeto programado y la ciudad distópica en Mañana, las ratas (1984) de José B. Adolph”. El Hablador Nº 15.
<http://www.elhablador.com/est15_honores1.html>.

Salvo, Daniel.  “Panorama de la ciencia ficción en el Perú”. En: Argonautas. Revista de fantasía, misterio y ciencia ficción. Nº 3. Lima, 2007. pp. 51-57.

 

© Elton Honores, 2010

__________________________________________________________________

Elton Honores: Licenciado en Literatura por la UNMSM. Especialista en narrativa fantástica. Publica y participa como ponente en diversos medios y eventos académicos nacionales e internacionales. Actualmente concluye estudios de Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la UNMSM. Es codirector de la Revista de Literatura Tinta Expresa y profesor en la Universidad San Ignacio de Loyola, en Lima.

__________________________________________________________________

1

home / página 1

contacto | quiénes somos | colaboraciones | legal | libro de visitas | enlaces | © el hablador, 2003-2010 | ISSN: 1729-1763
:: Hosting provisto por Hosting Peru ::
Hosting