Como heredero de la Ilustración, Sarmiento creía que la historia era ante todo occidental y su presentación de la barbarie tiene esa dirección. El proyecto ilustrado, suponía que era posible un momento en la historia donde el hombre lograría ser libre y estar emancipado por medio de la razón

 

 

 

 

Como heredero de la Ilustración, Sarmiento creía que la historia era ante todo occidental y su presentación de la barbarie tiene esa dirección. El proyecto ilustrado, suponía que era posible un momento en la historia donde el hombre lograría ser libre y estar emancipado por medio de la razón. La institución, llamada a organizar ese designio era el Estado y, en esa dirección, el Estado de Rosas era solo un lapsus amargo que pronto se resolvería.

En esta concepción lineal de la historia todo se explica en el advenimiento de ese Estado ideal regido por la razón. La barbarie de Quiroga es un momento cruelmente superado, y el infierno provocado por Rosas sucumbirá, solo, por haber llevado al máximo sus posibilidades. Históricamente, entiende Sarmiento, que la época de Quiroga pasó, que su barbarie pasó, y que poco podría hacer Rosas para que su programa corrupto permanezca:

"No creo imposible, a que a la caída de Rosas se suceda inmediatamente el orden. Por más que a la distancia parezca, no es tan grande la desmoralización que Rosas ha engendrado: los crímenes de que la República ha sido testigo han sido oficiales, mandados por el gobierno; a nadie se ha castrado, degollado ni perseguido, sin la orden expresa de hacerlo. Por otra parte los pueblos obran siempre por reacciones; al estado de inquietud y de alarma en que Rosas los ha tenido durante quince años, ha de sucederle la calma, necesariamente; por lo mismo que tantos y tan horribles crímenes se han cometido, el pueblo y el gobierno huirán de cometer uno sólo, a fin de que las ominosas palabras ¡Mazorca!, ¡Rosas! no vengan a zumbar en sus oídos, como otras tantas furias vengadoras" (241).

Al hacer del terror una razón de Estado, al hacer de los elementos de la barbarie un método de dominio, Rosas le hace un favor al futuro argentino, pues la paz y la libertad dejan de ser sólo el lema de unos pocos idealistas, para volverse necesidad existencial de un pueblo. Sarmiento parecería decirnos, en las últimas páginas de Facundo, que sólo experimentando los efectos del mal estamos en condiciones de apreciar el bien. Y, si al final, se trata de un aprendizaje doloroso, no por eso deja de ser necesario. Al final, el orden nacional y racional es sólo una consecuencia.

De otra parte, la cita anterior nos actualiza otra vez la oposición histórica que signa el devenir de la barbarie. Los asesinatos de Facundo son personales, tienen su marca, son asumidos por él; los asesinatos de Rosas —incluido el del mismo Facundo— obedecen a una razón de Estado, son "oficiales".
La barbarie hecha política es el fin de la barbarie. Deja de ser parte de la idiosincrasia para tornarse un modelo de acción. Lo que no logró hacer la institución colonial con una adecuada estrategia educativa, se hace por la fuerza misma de las circunstancias, porque en un Estado bárbaro cualquiera puede ser la víctima.

Queda por discutir si el término bárbaro es el más adecuado para expresar todo lo que Sarmiento quería decir. En un primer momento, como he recordado líneas arriba, la palabra le permitió definir en oposición a lo letrado la diferencia de las poblaciones mayoritarias de la Argentina. Entonces la solución era una política educativa o, por qué no, aculturadora, que homogenice lo heterogéneo.

Durante la guerra civil, la barbarie es encarnada por Facundo y los diversos líderes de las provincias argentinas, entre ellos el propio Rosas. Es el momento en que la barbarie circunscrita a la pampa se vuelve dinámica, ingresa a las ciudades, muestra sus valores positivos como negativos, muchos de ellos poéticos, asociados a la argentinidad, pero destruyendo finalmente la autonomía lograda por las ciudades.

Con la muerte de Facundo, la barbarie deja de ser parte de una identidad cultural asociada a lo temerario y al arrojo, para tornarse una estrategia política. Deja atrás su poder vinculante y se vuelve poder opresor, como hemos visto.

De manera que a partir de su pluralidad de significaciones podríamos considerar que barbarie no era el término más correcto para describir o interpretar procesos históricos. Sin embargo, por no perder la perspectiva histórica es que el término se le hace imprescindible a Sarmiento. De este modo puede ligar los orígenes de un estado de cultura, que el interpreta como incivil, generado en la institución colonial, con un sistema político, el de Rosas, profundamente premoderno.

© Enrique Cortez*, 2004 descargar pdf

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Bibliografía

Sarmiento, Domingo Faustino. Facundo o civilización y barbarie. Argentina, Biblioteca Ayacucho, 1986.

 

(*) Enrique Cortez (Lima, 1977).

Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y actualmente estudia la maestría en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es editor del Suplemento Cultural identidades del Diario El Peruano.

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