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3.
La magia del dinero
La
ineptitud consumidora parece estar relacionada con el
modo de captar el dinero. Perico, como hemos visto,
lo capta como un objeto que puede cambiarse con cualquier
otro y sin límite de cantidad. Esa aprehensión
correspondería en el contexto del relato a una
captación impresiva y semántica. La captación
del dinero se haría entonces a través
de “puras cualidades perceptivas” (5)
y de analogías y conexiones entre
presencias distintas y extrañas. Se recogería
“globalmente, sin análisis” (6)
y gracias a ajustes hipoicónicos (7).
La aptitud consumidora obedece, en cambio, a una captación
formada por percepciones convencionales, que integran
una red de referencias e inferencias previas (8).
Es, por tanto, un aptitud que se funda
en el conocimiento de un código.
Perico, inepto consumidor, por eso aprehende el mundo
para sí como un despliegue de presencias
o cualidades sensibles que no se encarnan plenamente
aun en objetos y en sujetos. De allí que no podría
considerarse al dinero, desde su punto de mira, como
un objeto, sino como una cosa que se siente y que recién
comienza a ubicarse y cuantificarse.
En oposición, los demás actores que aparecen
en el escenario de la panadería perciben el dinero
como un objeto que contiene valores determinados y precisos,
que se usa para obtener valores finales y que puede
también tener condición de valor final.
El dinero como cosa es presencia que permite la adquisición
de otras cosas gracias a un poder que lo amolda o adecua
a ellas, por el puro hecho de conectarse o proponerse
su conexión, aun sin guardar semejanza alguna.
Y, por lo mismo, las cosas se amoldan o adecuan al dinero.
Esa es la razón que lo haría susceptible
de trocarse por cualquier otro.
Ha de notarse que esta no es una propiedad fundada en
la ponderación de valores. Es una propiedad de
conformidad material.
La aprehensión del dinero, desde la perspectiva
de Perico, que constituye una racionalidad hedónica
y mítica (9),
es a la vez una asunción de confianza, según
la cual la posesión de dinero le debe permitir
adquirir cualquier cosa. El sentimiento de confianza,
hay que subrayarlo, no surge de un acuerdo fiduciario,
gracias al cual, otro sujeto se compromete imaginariamente
a satisfacer los deseos del sujeto. Surge de la percepción
de que el dinero puede realizar de por sí la
adquisición querida.
Parece que el dinero opera aquí como un sujeto
que presenta características de un objeto fetiche.
No sería, sin embargo, adecuado otorgarle esa
condición. El dinero no funciona como objeto.
Es, como hemos dicho, una cosa capaz de trocarse por
otra y en otra debido a una propiedad mimética,
no en el sentido de copia, sino de metamorfosis simétrica.
El dinero se trueca en cosa, de la misma manera que
las cosas se truecan en dinero.
Tal captación de dinero es, sin embargo, ilusoria
respecto de la captación molar que caracteriza
la visión del mundo que domina en el universo
de la panadería. Esta visión, en cambio,
se sustenta en la verdad. Y, por tanto, tiene la propiedad
de distinguir entre lo ilusorio y lo verdadero (10).
Una distinción que Perico no hace porque de acuerdo
a su experiencia perceptiva es cierto que el dinero
lo puede todo.
La percepción de Perico da nacimiento a la confianza,
la cual no se cifra en la esperanza de que otro realice
por él lo que quiere, sino que se funda en la
creencia de que la capacidad adquisitiva del dinero
es absoluta. Esa confianza, por tanto, en un universo
en que el valor del dinero depende de la adecuada correspondencia
que se establezca con el objeto que se quiere adquirir,
no puede realizarse. Es una confianza que se frustra.
En este caso entonces, la ofensa que recibe quien ve
frustradas sus esperanzas, no procede de un sujeto individual
identificado y nombrado, sino que es consecuencia de
la aplicación de un código o sistema difuso
y no identificado. Ello explica que la cólera
de Perico no se dirija sólo al dependiente, sino
a otros que al contrario de él pueden satisfacer
sus deseos. Y aun más extenderse a otros seres
vivos que aparecen ante él.
Se observa que las esperanzas de Perico tienen una intensidad
muy fuerte. Y proporcionadamente la cólera, que
conlleva un sentimiento de pesimismo, también
presenta una intensidad fuerte. Pero una es una intensidad
eufórica y la otra es disfórica.
Dos tomas de posición se producen respecto al
dinero. Una toma de posición más sensible
que cognitiva, que corresponde a Perico. Otra toma de
posición, en cambio, más cognitiva que
sensible que corresponde a los otros actores del relato.
En la primera toma de posición el dinero equivale
a cualquier cosa. Es también cosa. Cosa, sin
embargo, excepcional. No un mejor ejemplar. Porque no
representa ni modela nada, sino una cosa que es capaz
de amoldarse a todas las demás. Su excepcionalidad
responde a una propiedad de conformidad con todas las
cosas. Y a propiedades de atracción mutua. En
la segunda toma de posición el dinero equivale
a objetos con los que mantiene relaciones determinadas
de proporción. En este caso aparece como un objeto,
valorizado tanto por las sensaciones que despierta como
por la contabilidad que de él puede hacerse con
relación a otros objetos con los cuales se compara
cuantitativamente.
Aprovechamos para decir que el dinero sólo suscita
impresiones sensibles desde el punto de vista de Perico.
Esto es, solo moviliza afectos. Produce diríamos
sentimientos de poder. Desde el punto de vista de los
otros actores, el dinero, en cambio, se aprehende de
un modo cognitivo, que da lugar a criterios de equivalencia
y discriminación de poder. Un poder de intercambio.
Recapitulando diremos que el dinero forma parte de dos
series de equivalencias semi–simbólicas.
En una de ellas es aparece ante todo como presencia
sensible. En la otra aparece como objeto.
|
dinero
= cosa amoldable y amoldada, mimética
respecto de todas las cosas, capaz de permitir
su asimilación |
| dinero
= objeto intercambiable según
criterios de utilidad y de acuerdo a equivalencias
cuantitativas |
Dos
precisiones deben ser hechas a continuación.
En primer lugar que el dinero se presenta como una presencia
cualitativamente múltiple y variable, que en
cuanto puede intercambiarse apunta a convertirse en
valor. Podría en este caso ser categorizado como
un cuasi valor (11).
En segundo lugar, en cuanto valor puede entonces perder
sus propiedades de bien precioso y convertirse en cosa
inútil o asquerosa (12),
como sucede al final del relato. De modo que el relato
puede leerse como el exposición de una transformación
semi–simbólica del dinero:
| contenido
invertido |
|
contenido
afirmado |
| dinero
: bien útil y precioso |
:: |
dinero
: cosa inútil y asquerosa |
4.
La vida blanda y la vida dura
El
dinero es desde la perspectiva de Perico un objeto que
imprime en quien lo posee una capacidad o poder de uso
automático, punto de vista que contrasta y se
opone con el de los personajes que participan del otro
mundo y que es representado por el modo de ver que se
desprende de la actuación del “dependiente”
de la panadería en particular (que comparte sin
duda una experiencia y un saber colectivos, el de los
compradores) para quien el dinero no parece reunir cualidades
inmanentes, que harían de él un objeto
dotado de la propiedad de intercambiarse con cualquier
otro, y que, en consecuencia, no transmite a sus poseedores
una capacidad de cambio. El dinero se volvería
objeto maleable y equivalente universal, desde este
punto de vista, en la medida que sus usuarios le van
transmitiendo esa condición. El dinero sería
una suerte de prolongación del cuerpo o prótesis
que distinguiría a determinados actores: a aquéllos
que lo usan. Expondría una faceta enlazada a
actores que tienen una silueta corporal vigorosa y límpida,
una consistencia blanda, suave, una capacidad de elección
múltiple. El dinero sería así un
signo inscrito en los cuerpos desde los propios cuerpos
de aquellos que acostumbran tenerlo, de aquéllos
que lo frecuentan.
En el escenario de la panadería Perico percibe
posiciones distintas a la suya respecto a los objetos
que allí se venden. Aparecen actores (“los
clientes, que eran hombres gordos con tirantes o mujeres
viejas con bolsas”) que pueden comprar, que pueden
elegir sus compras y disponer de ellas (como es el caso
de “un señor” amable que le obsequia
una rosquita, apiadado por la ansiedad de su mirada).
Aparecen también los “chicos” que
se ensucian los corbatines, cuando comen los merengues.
Especialmente estos actores están marcados. Sus
pequeñas corbatas señalan un fondo claro,
límpido, que resaltan al ser cubiertos con la
blancura que se desprende de los merengues.
Esos son rasgos que identifican socialmente a esos actores,
pero Perico no hace esta captación. Es indudable
que percibe diferencias de capacidad, pero no parece
capaz de identificar la posición social de los
niños. Las diferencias a las que tiene acceso
son diferencias corporales, derivadas de los movimientos
placenteros que para él aquellos ejecutan y que
resultan de su contacto con los merengues. También
recoge cognitivamente bien que esos personajes son capaces
de comprar, que son poseedores de dinero. No capta,
sin embargo, que socialmente el dinero para funcionar
como valor de uso debe ser percibido como un utensilio
que le permite al cuerpo propio aproximar y asimilar
otros objetos en tanto aparece como una continuación
de sus facultades carnales, de sus movimientos internos.
No capta que el dinero toma los valores y sobre todo
los poderes (la fuerza y la energía) que se perciben
como una prolongación de poderes que poseen ciertos
personajes identificados para hacer uso de dinero. Los
personajes para los que el dinero es un utensilio que
se prolonga de sus cuerpos llevan, inscritos caracteres
que los identifican. Esos caracteres están vinculados
con posiciones actanciales de poder, determinadas por
condiciones distintas a las corporales, pero que se
inscriben en el cuerpo de los actores. Son los poderes
que sustentan la identidad de las clases sociales, que
en otros relatos de Julio Ramón Ribeyro aparecen
más nítidamente figurativizados.
5.
Lo puro y lo impuro
Es
hora de prestar atención a la presencia más
importante del escenario narrativo de “Los merengues”.
Los “merengues” aparecen como una presencia
que atrae al personaje principal con una intensidad
muy fuerte. El objeto, sin embargo, es aprehendido en
un grado muy restringido, tanto porque dicho personaje
tiene una experiencia conectiva muy limitada con esas
golosinas, como porque se ubican fuera del alcance de
sus manos, en una posición distante. Lo contrario
ocurre con una rosquita que recibe de un cliente y con
un pan de yema que le regala la hija del pastelero.
Pero ni la rosquita ni el pan le despiertan atracción
(su mira hacia ellos es débil), como tampoco
le atraen otros dulces de la pastelería, los
alfajores y los piononos. A la rosquita y al pan los
conoce bien y están a su alcance. Puede decirse
que le sobran y hasta le hartan, respecto de
los merengues que le faltan. Ello muestra que
Perico, nombre del personaje principal, no carece de
alimentos y que es capaz de prescindir de ellos, lo
que quiere decir también que es capaz de orientar
sus movimientos intencionales hacia unos dulces que
no le alimentarán.
¿Qué características o propiedades
de los merengues despiertan la atracción de Perico
y qué rasgos de los otros productos que le son
indiferentes o repulsivos?
Los merengues se destacan por su blancura, pureza y
vaporosidad (son “blancos, puros, vaporosos”).
Lo blanco y lo vaporoso son rasgos que pueden ser ubicados
y cuantificados. Ambos pueden ser delimitados en términos
de sus grados de ocupación espacial: pueden ya
sea ser más o menos concentrados o más
o menos difusos. Lo vaporoso es cualidad de lo fluido
que tiende a expandirse. Lo blanco es una cualidad que
indica la ausencia de color y de mezclas cromáticas.
De ambas se puede decir que son cualidades difusas.
A su turno, lo puro, en cambio, es cualidad que no puede
ser ni ubicada ni cuantificada. Sin embargo es propiedad
que asociada a lo blanco le procura a esta ciertos matices:
nitidez y limpidez, entre otros. De igual manera lo
puro resalta la fluidez de lo vaporoso. Lo puro entonces
indica un grado de intensidad, que puede medirse en
términos de tonos más o menos
intensos, mientras que lo blanco y lo vaporoso indican
un determinado grado de extensión.
Puede decirse, por tanto, que el acento en lo puro (lo
nítido) marca un grado de intensidad fuerte,
mientras que lo blanco y lo vaporoso marcan un grado
de extensión difuso.
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La
correlación entre la dimensión de
la extensión y la dimensión de la
intensidad conforma un semisimbolismo que puede
formularse así: blanco y vaporoso (lo difuso)
(plano de la expresión)
es a puro (lo tónico) (plano
del contenido) |
Lo
“vaporoso” de los merengues se define, por
otra parte, en oposición a la dureza del “pan
de yema”, que hace sobresalir su suavidad. Lo
“blanco”, en cambio, no parece contar con
una cualidad contraria. A no ser que asumamos la hipótesis
de que un pan duro, cobra rasgos de negrura. Si, en
consecuencia, admitimos como cierta esta hipótesis,
podemos considerar que lo negro y lo sólido (lo
duro) constituyen grados de la extensión, mientras
que lo impuro y mezclado refiere un grado de intensidad.
|
La
correlación semisimbólica en este
caso se plantea de este modo: negro y sólido
(lo concentrado) (plano de la expresión)
es a impuro (lo átono) (plano
del contenido) |
Las
dos correlaciones se relacionan a su vez de tal forma
que se puede establecer la siguiente equivalencia:
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blanco
y vaporoso : puro
:: negro y sólido
: impuro |
Las
cualidades de lo blanco, lo vaporoso y lo puro, así
como las de lo negro, lo sólido y lo impuro tienen
condición de valencias, en cuanto unas (lo blanco
y lo vaporoso, lo negro y lo sólido) permiten
ubicar presencias (la de los merengues y la del pan
de yema) y en cuanto permiten medir una intensidad,
los tonos sensibles que dichas presencias suscitan en
el observador sensible (Perico). Pero esas cualidades
pueden también ser considerados como valores
en cuanto constituyen unidades discretas definidas entre
sí por oposición. Lo blanco y vaporoso
con relación a lo negro y sólido, lo puro
con relación a lo impuro.
____________________
(5)
Fontanille,
Jacques: Semiótica del discurso. Lima,
Universidad de Lima, 2001. p 197.
(6)
Ibid.
(7)
Fontanille, Jacques. Nuevos horizontes de la
semiótica. Separata. Lima, Universidad
de Lima, 2001
(8)
Geninasca llama molar a este tipo de captación
(Fontanille, J:2001a:198 y ss.).
(9)
Fontanille, Jacques. Semiótica del discurso.
(10)
Una más fina distinción veridiccional
sin duda podría se hecha a partir del modelo
de veridicción propuesto por Desiderio Blanco
en un libro muy reciente Cf. Blanco, Desiderio. Semiótica
del texto fílmico. Lima, Universidad de
Lima, 2003., 123 y ss.
(11)
Cf. Greimas [ y ] Fontanille. Semiótica de
las pasiones. México, Siglo Xxi editores,
1994
(12)
Zizek, Slavoj. The Fragile Absolute. London
– New York, Verso, 2000.:
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