El dinero sería una suerte de prolongación del cuerpo o prótesis que distinguiría a determinados actores: a aquellos que lo usan

 

 

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(por Eva Verónica Barenfeld. El Hablador Nº1. Setiembre 2003)

 

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La blanca suciedad. Análisis de “Los merengues” de Julio Ramón Ribeyro

por Santiago López Maguiña

 

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3. La magia del dinero

La ineptitud consumidora parece estar relacionada con el modo de captar el dinero. Perico, como hemos visto, lo capta como un objeto que puede cambiarse con cualquier otro y sin límite de cantidad. Esa aprehensión correspondería en el contexto del relato a una captación impresiva y semántica. La captación del dinero se haría entonces a través de “puras cualidades perceptivas” (5) y de analogías y conexiones entre presencias distintas y extrañas. Se recogería “globalmente, sin análisis” (6) y gracias a ajustes hipoicónicos (7).

La aptitud consumidora obedece, en cambio, a una captación formada por percepciones convencionales, que integran una red de referencias e inferencias previas (8). Es, por tanto, un aptitud que se funda en el conocimiento de un código.

Perico, inepto consumidor, por eso aprehende el mundo para sí como un despliegue de presencias o cualidades sensibles que no se encarnan plenamente aun en objetos y en sujetos. De allí que no podría considerarse al dinero, desde su punto de mira, como un objeto, sino como una cosa que se siente y que recién comienza a ubicarse y cuantificarse.

En oposición, los demás actores que aparecen en el escenario de la panadería perciben el dinero como un objeto que contiene valores determinados y precisos, que se usa para obtener valores finales y que puede también tener condición de valor final.

El dinero como cosa es presencia que permite la adquisición de otras cosas gracias a un poder que lo amolda o adecua a ellas, por el puro hecho de conectarse o proponerse su conexión, aun sin guardar semejanza alguna. Y, por lo mismo, las cosas se amoldan o adecuan al dinero. Esa es la razón que lo haría susceptible de trocarse por cualquier otro.

Ha de notarse que esta no es una propiedad fundada en la ponderación de valores. Es una propiedad de conformidad material.

La aprehensión del dinero, desde la perspectiva de Perico, que constituye una racionalidad hedónica y mítica (9), es a la vez una asunción de confianza, según la cual la posesión de dinero le debe permitir adquirir cualquier cosa. El sentimiento de confianza, hay que subrayarlo, no surge de un acuerdo fiduciario, gracias al cual, otro sujeto se compromete imaginariamente a satisfacer los deseos del sujeto. Surge de la percepción de que el dinero puede realizar de por sí la adquisición querida.

Parece que el dinero opera aquí como un sujeto que presenta características de un objeto fetiche. No sería, sin embargo, adecuado otorgarle esa condición. El dinero no funciona como objeto. Es, como hemos dicho, una cosa capaz de trocarse por otra y en otra debido a una propiedad mimética, no en el sentido de copia, sino de metamorfosis simétrica. El dinero se trueca en cosa, de la misma manera que las cosas se truecan en dinero.

Tal captación de dinero es, sin embargo, ilusoria respecto de la captación molar que caracteriza la visión del mundo que domina en el universo de la panadería. Esta visión, en cambio, se sustenta en la verdad. Y, por tanto, tiene la propiedad de distinguir entre lo ilusorio y lo verdadero (10). Una distinción que Perico no hace porque de acuerdo a su experiencia perceptiva es cierto que el dinero lo puede todo.

La percepción de Perico da nacimiento a la confianza, la cual no se cifra en la esperanza de que otro realice por él lo que quiere, sino que se funda en la creencia de que la capacidad adquisitiva del dinero es absoluta. Esa confianza, por tanto, en un universo en que el valor del dinero depende de la adecuada correspondencia que se establezca con el objeto que se quiere adquirir, no puede realizarse. Es una confianza que se frustra. En este caso entonces, la ofensa que recibe quien ve frustradas sus esperanzas, no procede de un sujeto individual identificado y nombrado, sino que es consecuencia de la aplicación de un código o sistema difuso y no identificado. Ello explica que la cólera de Perico no se dirija sólo al dependiente, sino a otros que al contrario de él pueden satisfacer sus deseos. Y aun más extenderse a otros seres vivos que aparecen ante él.

Se observa que las esperanzas de Perico tienen una intensidad muy fuerte. Y proporcionadamente la cólera, que conlleva un sentimiento de pesimismo, también presenta una intensidad fuerte. Pero una es una intensidad eufórica y la otra es disfórica.

Dos tomas de posición se producen respecto al dinero. Una toma de posición más sensible que cognitiva, que corresponde a Perico. Otra toma de posición, en cambio, más cognitiva que sensible que corresponde a los otros actores del relato. En la primera toma de posición el dinero equivale a cualquier cosa. Es también cosa. Cosa, sin embargo, excepcional. No un mejor ejemplar. Porque no representa ni modela nada, sino una cosa que es capaz de amoldarse a todas las demás. Su excepcionalidad responde a una propiedad de conformidad con todas las cosas. Y a propiedades de atracción mutua. En la segunda toma de posición el dinero equivale a objetos con los que mantiene relaciones determinadas de proporción. En este caso aparece como un objeto, valorizado tanto por las sensaciones que despierta como por la contabilidad que de él puede hacerse con relación a otros objetos con los cuales se compara cuantitativamente.

Aprovechamos para decir que el dinero sólo suscita impresiones sensibles desde el punto de vista de Perico. Esto es, solo moviliza afectos. Produce diríamos sentimientos de poder. Desde el punto de vista de los otros actores, el dinero, en cambio, se aprehende de un modo cognitivo, que da lugar a criterios de equivalencia y discriminación de poder. Un poder de intercambio.

Recapitulando diremos que el dinero forma parte de dos series de equivalencias semi–simbólicas. En una de ellas es aparece ante todo como presencia sensible. En la otra aparece como objeto.

dinero = cosa amoldable y amoldada, mimética respecto de todas las cosas, capaz de permitir su asimilación
 
dinero = objeto intercambiable según criterios de utilidad y de acuerdo a equivalencias cuantitativas

Dos precisiones deben ser hechas a continuación. En primer lugar que el dinero se presenta como una presencia cualitativamente múltiple y variable, que en cuanto puede intercambiarse apunta a convertirse en valor. Podría en este caso ser categorizado como un cuasi valor (11). En segundo lugar, en cuanto valor puede entonces perder sus propiedades de bien precioso y convertirse en cosa inútil o asquerosa (12), como sucede al final del relato. De modo que el relato puede leerse como el exposición de una transformación semi–simbólica del dinero:

contenido invertido
contenido afirmado
dinero : bien útil y precioso
::
dinero : cosa inútil y asquerosa

4. La vida blanda y la vida dura

El dinero es desde la perspectiva de Perico un objeto que imprime en quien lo posee una capacidad o poder de uso automático, punto de vista que contrasta y se opone con el de los personajes que participan del otro mundo y que es representado por el modo de ver que se desprende de la actuación del “dependiente” de la panadería en particular (que comparte sin duda una experiencia y un saber colectivos, el de los compradores) para quien el dinero no parece reunir cualidades inmanentes, que harían de él un objeto dotado de la propiedad de intercambiarse con cualquier otro, y que, en consecuencia, no transmite a sus poseedores una capacidad de cambio. El dinero se volvería objeto maleable y equivalente universal, desde este punto de vista, en la medida que sus usuarios le van transmitiendo esa condición. El dinero sería una suerte de prolongación del cuerpo o prótesis que distinguiría a determinados actores: a aquéllos que lo usan. Expondría una faceta enlazada a actores que tienen una silueta corporal vigorosa y límpida, una consistencia blanda, suave, una capacidad de elección múltiple. El dinero sería así un signo inscrito en los cuerpos desde los propios cuerpos de aquellos que acostumbran tenerlo, de aquéllos que lo frecuentan.

En el escenario de la panadería Perico percibe posiciones distintas a la suya respecto a los objetos que allí se venden. Aparecen actores (“los clientes, que eran hombres gordos con tirantes o mujeres viejas con bolsas”) que pueden comprar, que pueden elegir sus compras y disponer de ellas (como es el caso de “un señor” amable que le obsequia una rosquita, apiadado por la ansiedad de su mirada). Aparecen también los “chicos” que se ensucian los corbatines, cuando comen los merengues. Especialmente estos actores están marcados. Sus pequeñas corbatas señalan un fondo claro, límpido, que resaltan al ser cubiertos con la blancura que se desprende de los merengues.

Esos son rasgos que identifican socialmente a esos actores, pero Perico no hace esta captación. Es indudable que percibe diferencias de capacidad, pero no parece capaz de identificar la posición social de los niños. Las diferencias a las que tiene acceso son diferencias corporales, derivadas de los movimientos placenteros que para él aquellos ejecutan y que resultan de su contacto con los merengues. También recoge cognitivamente bien que esos personajes son capaces de comprar, que son poseedores de dinero. No capta, sin embargo, que socialmente el dinero para funcionar como valor de uso debe ser percibido como un utensilio que le permite al cuerpo propio aproximar y asimilar otros objetos en tanto aparece como una continuación de sus facultades carnales, de sus movimientos internos. No capta que el dinero toma los valores y sobre todo los poderes (la fuerza y la energía) que se perciben como una prolongación de poderes que poseen ciertos personajes identificados para hacer uso de dinero. Los personajes para los que el dinero es un utensilio que se prolonga de sus cuerpos llevan, inscritos caracteres que los identifican. Esos caracteres están vinculados con posiciones actanciales de poder, determinadas por condiciones distintas a las corporales, pero que se inscriben en el cuerpo de los actores. Son los poderes que sustentan la identidad de las clases sociales, que en otros relatos de Julio Ramón Ribeyro aparecen más nítidamente figurativizados.

5. Lo puro y lo impuro

Es hora de prestar atención a la presencia más importante del escenario narrativo de “Los merengues”.

Los “merengues” aparecen como una presencia que atrae al personaje principal con una intensidad muy fuerte. El objeto, sin embargo, es aprehendido en un grado muy restringido, tanto porque dicho personaje tiene una experiencia conectiva muy limitada con esas golosinas, como porque se ubican fuera del alcance de sus manos, en una posición distante. Lo contrario ocurre con una rosquita que recibe de un cliente y con un pan de yema que le regala la hija del pastelero. Pero ni la rosquita ni el pan le despiertan atracción (su mira hacia ellos es débil), como tampoco le atraen otros dulces de la pastelería, los alfajores y los piononos. A la rosquita y al pan los conoce bien y están a su alcance. Puede decirse que le sobran y hasta le hartan, respecto de los merengues que le faltan. Ello muestra que Perico, nombre del personaje principal, no carece de alimentos y que es capaz de prescindir de ellos, lo que quiere decir también que es capaz de orientar sus movimientos intencionales hacia unos dulces que no le alimentarán.

¿Qué características o propiedades de los merengues despiertan la atracción de Perico y qué rasgos de los otros productos que le son indiferentes o repulsivos?

Los merengues se destacan por su blancura, pureza y vaporosidad (son “blancos, puros, vaporosos”). Lo blanco y lo vaporoso son rasgos que pueden ser ubicados y cuantificados. Ambos pueden ser delimitados en términos de sus grados de ocupación espacial: pueden ya sea ser más o menos concentrados o más o menos difusos. Lo vaporoso es cualidad de lo fluido que tiende a expandirse. Lo blanco es una cualidad que indica la ausencia de color y de mezclas cromáticas. De ambas se puede decir que son cualidades difusas.

A su turno, lo puro, en cambio, es cualidad que no puede ser ni ubicada ni cuantificada. Sin embargo es propiedad que asociada a lo blanco le procura a esta ciertos matices: nitidez y limpidez, entre otros. De igual manera lo puro resalta la fluidez de lo vaporoso. Lo puro entonces indica un grado de intensidad, que puede medirse en términos de tonos más o menos intensos, mientras que lo blanco y lo vaporoso indican un determinado grado de extensión.

Puede decirse, por tanto, que el acento en lo puro (lo nítido) marca un grado de intensidad fuerte, mientras que lo blanco y lo vaporoso marcan un grado de extensión difuso.

La correlación entre la dimensión de la extensión y la dimensión de la intensidad conforma un semisimbolismo que puede formularse así: blanco y vaporoso (lo difuso) (plano de la expresión) es a puro (lo tónico) (plano del contenido)

Lo “vaporoso” de los merengues se define, por otra parte, en oposición a la dureza del “pan de yema”, que hace sobresalir su suavidad. Lo “blanco”, en cambio, no parece contar con una cualidad contraria. A no ser que asumamos la hipótesis de que un pan duro, cobra rasgos de negrura. Si, en consecuencia, admitimos como cierta esta hipótesis, podemos considerar que lo negro y lo sólido (lo duro) constituyen grados de la extensión, mientras que lo impuro y mezclado refiere un grado de intensidad.

La correlación semisimbólica en este caso se plantea de este modo: negro y sólido (lo concentrado) (plano de la expresión) es a impuro (lo átono) (plano del contenido)

Las dos correlaciones se relacionan a su vez de tal forma que se puede establecer la siguiente equivalencia:

blanco y vaporoso : puro :: negro y sólido : impuro

Las cualidades de lo blanco, lo vaporoso y lo puro, así como las de lo negro, lo sólido y lo impuro tienen condición de valencias, en cuanto unas (lo blanco y lo vaporoso, lo negro y lo sólido) permiten ubicar presencias (la de los merengues y la del pan de yema) y en cuanto permiten medir una intensidad, los tonos sensibles que dichas presencias suscitan en el observador sensible (Perico). Pero esas cualidades pueden también ser considerados como valores en cuanto constituyen unidades discretas definidas entre sí por oposición. Lo blanco y vaporoso con relación a lo negro y sólido, lo puro con relación a lo impuro.

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(5) Fontanille, Jacques: Semiótica del discurso. Lima, Universidad de Lima, 2001. p 197.
(6) Ibid.

(7) Fontanille, Jacques. Nuevos horizontes de la semiótica. Separata. Lima, Universidad de Lima, 2001
(8) Geninasca llama molar a este tipo de captación (Fontanille, J:2001a:198 y ss.).
(9) Fontanille, Jacques. Semiótica del discurso.
(10) Una más fina distinción veridiccional sin duda podría se hecha a partir del modelo de veridicción propuesto por Desiderio Blanco en un libro muy reciente Cf. Blanco, Desiderio. Semiótica del texto fílmico. Lima, Universidad de Lima, 2003., 123 y ss.

(11) Cf. Greimas [ y ] Fontanille. Semiótica de las pasiones. México, Siglo Xxi editores, 1994
(12) Zizek, Slavoj. The Fragile Absolute. London – New York, Verso, 2000.
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