La diferencia económica entre el libro pirata y el original se convierte en uno de los motivos principales que sostiene la existencia del mercado de libros informales. Los consumidores no toman en cuenta la diferencia real (material) entre el libro original y el pirateado.

 

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Piratas y pirateados. Libros informales e industria editorial

por Jack Martínez Arias (*)

 

Para los que estamos entrometidos de una u otra manera con la literatura —ya sea como lectores, críticos, aficionados o especializados—, el tema de la piratería no nos es ajeno. Esta actividad ilícita, que data de hace mucho, es un problema que se ha enraizado y fortalecido principalmente en los países de América Latina. El presente artículo obedece a su vigencia y aparente crecimiento.

Aquí, esencialmente, analizaremos las múltiples consecuencias que la reproducción ilegal de textos literarios acarrea, tomando en cuenta también la magnitud de intromisión que la Ley del Libro alcanza (o busca alcanzar) en detrimento de la piratería.

Primero, es importante, para evitar confusiones posteriores, saber a qué nos referimos con la frase “piratería de libros”.

“Definimos lo que comúnmente se conoce como piratería de libros, a la reproducción no autorizada de obras que se encuentran protegidas por las disposiciones legales vigentes (específicamente el D.L. Nº 822, Ley sobre Derechos de Autor), lo cual puede darse o no transgrediendo otros derechos, como la falsificación de su diseño editorial y demás características registradas como los signos distintivos y marcas editoriales”. (1)

Y sobre la vigencia del derecho de autor:

“Está fuera de la definición de libros piratas, la edición de obras que se encuentran en el dominio público, es decir, aquellas cuyos autores han fallecido hace más de 70 años, que es el término de la protección que establece el D.L. Nº 822 sobre el derecho de autor”. (2)

Ciertamente, el autor resulta el perjudicado directo de la piratería; sin embargo, no es el único. La reproducción y publicación de un libro no sólo depende de que esta obra sea escrita: esto, al contrario, es solo el inicio. A partir del texto se forma una extensa cadena que culmina con la publicación del libro. En ella se encuentran: el editor, el librero, el distribuidor, el impresor, los trabajadores de las empresas editoriales y, finalmente, el mismo consumidor.

Los precios bajos, los precios altos

Antes de pasar a detallar la repercusión que tiene la piratería sobre los eslabones que intervienen en la producción y publicación de la obra literaria, es necesario preguntar por qué del mantenimiento casi estable de esta informalidad editorial en el país.

Ante esta cuestión, en entrevistas hechas a los vendedores de libros piratas instalados en el campo ferial del jirón Amazonas, encontramos los siguientes argumentos:

“—Aquí existe una cultura de la piratería, y eso implica bajos costos. Si te compran un original, te están llevando solo uno. Si con ese dinero prefieren comprar piratas, te llevan cuatro o cinco”.

“—Yo creo que los libros piratas se mantienen porque son apropiados para los estudiantes de bajos recursos, ya que el libro original está sobrepasando los límites económicos permitidos para nuestro país”.

“—Qué pasa si yo vendo puro libro original: los estudiantes de bajos recursos no compran, porque lo único que tienen para llevar es un libro pirata, y por supuesto que yo tengo que llevar algo a mi casa también”.

La diferencia económica entre el libro pirata y el original se convierte, evidentemente, en uno de los motivos principales que sostiene la existencia del mercado de libros informales. Sin embargo, muchas veces, los consumidores no toman en cuenta la diferencia real (material) entre el libro original y el pirateado.

Justificación de diferencias

Los egresos en los que se incurre para la producción de un libro original se dan en distintos niveles: la impresión, los derechos de autor, la distribución, publicidad y promoción, la maqueta y los gastos administrativos. Mientras tanto, los piratas sólo gastan en impresión y distribución.
Vemos que, de por sí, el proceso de publicación que sigue un libro original es mucho más complejo que el informal. Este es el punto central para entender la diferencia en los precios.

Por otro lado, influye también la calidad con la que se trabaja un libro original, en contraposición al descuido que implica la producción de uno pirata. El acabado se diferencia notablemente, en este caso, a favor del original.

La impresión: La utilización de placas sensibilizadas de alta precisión, en el libro original, hace que el texto se torne nítido. Mientras tanto, en los libros piratas, encontramos muchos párrafos ilegibles que obedecen a una pésima impresión.

El encuadernado del libro: El original, en la mayoría de veces, además de encolado, también es cocido. Mientras que el producto pirata es pegado superficialmente, lo cual trae como consecuencia el fácil desprendimiento de sus hojas.

El escritor chileno Jorge Edwards considera que el libro pirata no constituye más que un producto inferior: “Un libro pirateado estafa al comprador. Está mal impreso, le faltan páginas. Es como transmitir un partido de fútbol y de los cinco goles mostrar tres”. (3)

Por consiguiente, podemos deducir que la diferencia en los niveles de producción y, por ende, en el precio del producto original respecto al pirata (además de la superioridad cualitativa que obtiene el original) ocasiona que el negociante informal obtenga un 25% de utilidades por libro vendido, mientras que el productor formal sólo alcance una utilidad que fluctúa entre el 11% y (en el mejor de los casos) el 14%. (4)

Así, la piratería, también para los vendedores, representa un negocio perfecto.

Desde dónde atacan los piratas

Según la Cámara Peruana del Libro, se estima que las imprentas dedicadas a la producción de libros piratas corresponden a entre cuarenta y cincuenta pequeños talleres gráficos localizados mayoritariamente en el Cono Norte y en el Cono Sur de Lima Metropolitana, aunque se sabe que existen algunos talleres en el Cercado de Lima. (5)

Lo llamativo en este caso es la libertad con la que estos talleres gráficos informales desarrollan su actividad:

Desde 1995 hasta la fecha solamente han sido intervenidas siete imprentas. También ha sido allanado igual número de depósitos de libros listos para su comercialización y se han realizado cinco operativos de gran escala en los campos feriales de la avenida Grau (1995), el jirón Amazonas (1999) el Jirón Camaná (1999) y el jirón Quilca (1999 y 2003), dedicados a la distribución de libros piratas. (6)

Esta impunidad interrumpida, cada intervalo largo de tiempo, no desgasta significativamente la economía de estos productores informales. Al día siguiente de ocurrido el suceso, los puestos que se dedican a la venta de estos textos se ven nuevamente repletos de ejemplares informales, exactamente como si nada hubiese ocurrido.

En lo que se refiere a la venta de estos libros piratas, la Cámara Peruana del Libro señala que su distribución se centra principalmente en los campos feriales, cuyas ventas, por lo general, provienen del sector económico menos favorecido. Ferias que se ubican en el centro de Lima, lugar al que los lectores de pocos recursos económicos acuden frecuentemente.

Entre ellas, las del jirón Quilca y el jirón. Amazonas, en el Cercado de Lima, son las más grandes y conocidas. Desde ahí, estos aparentes vendedores de “libro de viejo” sólo utilizan este rótulo para ofrecer, tras él, textos informales.

Estimamos que el 85% de las ventas del campo ferial Amazonas atañe a libros piratas. Si los libreros de viejo que hoy dirigen circunstancialmente ese campo ferial cobijan a los principales piratas de libros en su asociación —la ya citada Cámara Popular de Libreros—, es porque ellos los necesitan tanto como los piratas a ellos (a los pocos libreros de viejo). Es decir, una perfecta simbiosis. (7)

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(*) Con colaboración de Hugo Hidalgo

(1) Germán Coronado. “La industria editorial peruana frente a la piratería de libros: análisis y propuestas” (en línea). En: Cámara Peruana del Libro (http://www.cpl.org.pe) (citado marzo de 2004).

(2) Ibíd.

(3) Jorge Edwards. “La piratería, costos culturales y económicos. La visión editorial”. Santiago de Chile, Seminario de Derecho de Autor en el siglo XXI, 26 de marzo de 2001.

(4) Elizabeth Huisa Veira. “Piratería de libros: Problemática para la industria editorial en el Perú”. Lima: UNMSM, informe profesional para optar el título de bibliotecología, 2004, p. 82.

(5) Coronado, op. cit.

(6) Ídem.

(7) Ídem.


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