Buena parte de la poesía del XIX pretende marcar una ruta; asumir una voluntad deíctica; convertirse en maestra de las nuevas naciones.

 

____________________________________________________________

Sinceridad e hipocresía en la poesía hispanoamericana del XIX. Fragmentos de una reflexión poética sobre el discurso moral (1)

por Esteban Ponce

 

Los discursos poéticos del siglo XIX en la América de habla hispana muestran una diversidad de matices que niegan la “fallida peculiaridad” con que común y condescendientemente se la lee en ámbitos escolares y no pocas veces en los académicos. Ocurre que esta movilidad se da bajo el velo de un aparente rigor político y/o moral, tras el que pretendían ampararse sus gestores de las críticas provenientes de los sectores más conservadores. Buena parte de la poesía del XIX pretende marcar una ruta; asumir una voluntad deíctica; convertirse en maestra de las nuevas naciones. Bajo ese velo, incesante pero casi imperceptiblemente, un movimiento que no cesa procura conciliar, en ejercicios estéticos, los quiebres de conciencia que implicaban los cambios políticos, sociales e ideológicos que estaban en la base de las luchas de independencia, en el fundamento de las nuevas repúblicas y en el conflicto por las herencias que éstas “podían”, “querían” o “debían” aceptar o rechazar de España y de Europa. Por otra parte estaba la doble fuerza que suponía la admiración-temor, por los Estados Unidos (2). Admiración por el ejercicio de libertad y democracia; y temor, digno de estudio más atento, semioculto en el silencio generalizado en América Latina frente al esquema de libertad sin iglesia que implicaba el modelo norteamericano. Esta relación de admiración/temor/odio se percibe en el poema “A Washington” de José María Heredia, en estrofas enteras del Canto XII de los Cantos del peregrino de José Mármol, en “Libertad y socialismo” de José Eusebio Caro. Mirada estrábica y llena de desconfianza con que la inteligencia latinoamericana buscaba su propio estatuto; mirada atenta y casi indiscriminada con que las emergentes conciencias de la “latinoamericanidad”, leían Europa y Estados Unidos.(3) Es importante señalar esa tensión, más bien silente en relación con los Estados Unidos, que solo con el modernismo devino abierta bipolaridad de lo latino versus lo anglosajón, asunto clave en el contexto de la crítica a la moral que se encuentra en diversos momentos de la poesía hispanoamericana del XIX desde Mariano Melgar hasta José Martí.

Esta preocupación hunde sus raíces en la crisis de la Reforma protestante europea, acontecimiento que en América Latina fue una sombra ausente-presente. La Reforma que en su ruptura con el totalitarismo teocrático conllevaba el germen del pensamiento secularizante fue una amenaza que desde la distancia logró encender la duda necesaria para poner en crisis el sistema de valores en que maduraba la poesía. Con la Independencia y su necesidad de dar fundamento a cuerpos legales que posibilitaran el sueño de progreso en libertad, la preocupación por lo moral no podía dejar de estar presente en la poesía de escritores que vincularon estrechamente su ejercicio estético-literario al político. Mariano Melgar, Bello, Echeverría, José Eusebio Caro, José Mármol y Martí son casos ejemplares de una poesía que frecuenta con la misma asiduidad la reflexión estética, la reflexión moral, social y política.

La peculiaridad fundamental de esa relación está atravesada por la tensión entre Estado, Iglesia e individuo. Mientras que en los pueblos, en los que se había consolidado la Reforma pronto se produjo un relativamente fácil distanciamiento entre las tres instancias, en la América española, la influencia de la Iglesia Romana, golpeada sí, pero en rasgos generales tan fuerte como en los primeros lustros de la colonia, hizo que las revoluciones de independencia trajeran consigo una revuelta interna. Un intento de “reforma” venía con retraso, y se manifestó en las Repúblicas desde las confrontaciones entre liberales y conservadores. La poesía latinoamericana se nutrió de la europea a través de Goethe, Byron y Hugo fundamentalmente, cargada ya de nociones morales modernas. También en Estados Unidos Poe y Withman brotaron de una libertad religiosa que apremiaba a encontrar respuestas frente al vacío, dejando a su paso el dogma quebrado. En la América Hispana los gritos de libertad se limitaban a la independencia política de España pero veían con recelo la libertad de conciencia del individuo.

La imposibilidad de libertad religiosa es el rasgo peculiar incluso de liberales extremos, como Juan Montalvo, quien clama por libertades individuales sin perder de vista que la “virtud es persona de gran talla en cuyo rostro brillan los caracteres de la Divinidad” (259). Vargas Vila hablando del mismo Montalvo dice: “palidecía de cólera si veía pasar un sacerdote, y se descubría con respeto, si veía pasar una procesión” (151). De esta manera las luchas americanas de independencia condensan de alguna forma dos momentos de la historia europea: la Reforma y la Revolución Francesa. Y esa condensación otorga a la poesía latinoamericana de todo el siglo su gran particularidad: la de una moralidad que se juega entre el intimismo de un pliegue de tinte barroco y el del intimismo romántico que pugna por exteriorizarse. Pliegue único y siempre diverso en el que ganan importancia los matices con los que se marca una diferencia moral, los matices siempre cambiantes con los que se recoloca lentamente el lugar del bien y el mal en la poesía y que tendrán que esperar la llegada de Martí y luego la de los poetas vanguardistas para poder independizarse plenamente de la idea de divinidad como rectora moral.

Sobre este esquema brotan múltiples espacios de contradicción, que se hacen más comprensibles al considerar el entretejido histórico-religioso que a esas tensiones les sirve de sustento, espejo y purga. Tras ese esquema se ve con más claridad el movimiento de los valores fundamentales sobre los que se mueve una poesía eminentemente “moral”. Cuyos valores fundamentales se mueven entre los extremos que contienen un pensamiento liberal en lo económico y un dócil pupilake de la escolástica en asuntos de fe; o en la aparente contradicción de un conservador como José Eusebio Caro lanzándose al proyecto de escribir un tratado de moral (4) que prescinde de los dogmas católicos a los que se somete. La preocupación moral de la poesía del XIX atiende, en parte a la necesidad de dar fundamento moral a los proyectos de nación; en parte a reducir las tensiones entre libertad individual y orden social en un esquema católico; y en parte, al intento de conciliar el denominado progreso económico y político con los proyectos de libertad de conciencia en ciernes. En este marco era impensable la oposición sinceridad/hipocresía que se dio en la poesía europea.

La poesía hispanoamericana no estaba en capacidad de asumir la artificialidad como respuesta ante el conflicto no resuelto de una naturaleza que no es armónica ni necesaria. Toda ella se pliega sobre el valor de sinceridad, aunque cada poeta va a poner en juego diferentes matices sobre esa misma sinceridad.

El cuestionamiento de Lamartine en el “Prefacio” a sus Meditaciones, sobre ¿Cómo podía ser buena la literatura de un hombre malo? refiriéndose a La Fontaine y a su obra como la de un cínico; y la conclusión del mismo Lamartine que para escribir poesía buena es necesario ser bueno, y que la poesía sincera es la de un hombre sincero, tienen un peso gravitacional sobre la poesía latinoamericana del XIX. Pero al mismo tiempo, este principio entrará en contradicción en Latinoamérica, con el afán romántico byroniano de trasgresión del bien como estatuto y con la desconfianza del propio Byron en la correspondencia entre el hombre bueno y la obra buena. La lectura que se hace de ambos románticos en Latinoamérica no distingue del todo el origen completamente diverso del que surge la actitud de Byron y la de Lamartine. Byron desafía al orden moral burgués, consolidado en Inglaterra un siglo antes que en Francia, en tanto que Lamartine intenta el restablecimiento de un orden moral sobre las bases del nuevo orden social y político de Francia que intenta estabilizarse tras las convulsiones de la Revolución, el Imperio y la Restauración.

Ahora bien, antes de que el romanticismo europeo ejerciera influencia sobre la poesía latinoamericana, ya la sinceridad como valor poético tenía un lugar en los textos de Mariano Melgar. Muestra de esto es la Carta a Silvia en la que la voz poética una y otra vez regresa sobre el propósito manifiesto en los primeros versos en que la voz quiere transparentar la pureza de sus sentimientos a fuerza de “sinceridad”, el texto aparece entonces como vehículo de una verdad que le precede: “Por si logro mostrarte mi firmeza, / por si, al fin, tus recelos se disipan, / la historia de mi amor, toda mi historia, / voy a contarte mi querida ‘Silvia’” (255). El despliegue de sinceridad que anuncia la


________________________________

(1) Este ensayo surgió en el contexto de un curso sobre Poesía Latinoamericana del XIX dictado en la Universidad de Maryland por el Profesor Jorge Aguilar Mora de quien tomo algunas de las ideas que se desarrollan en el trabajo presente. El ensayo es parte de una investigación más amplia dedicada a un estudio sobre las imágenes del mal en la literatura latinoamericana del XIX y de las vanguardias.

(2) Cfr. “A Washington” (Heredia); Poema XII (Mármol: vv. 478-485); y la estrofa XV de “La libertad y el socialismo” (Caro). También son iluminadoras las ideas del capítulo “Norteamérica como modelo” (Zea: 105-117) y el apartado “Hispanoamérica frente a Norteamérica” (128-133).

(3) Cfr. Ideas para un curso de filosofía contemporánea de Alberdi; la introducción a Filosofía del entendimiento de Bello hecha por J. D. García Bacca en las Oras completas, tomo III; y Zea.

(4) Cfr. José Eusebio Caro. “Meditaciones sobre la ciencia del bien y del mal, y ensayo de una síntesis general de todas las ciencias sociales o sea exposición de las leyes naturales en virtud de las cuales el bien absoluto se va desarrollando en el mundo y en la historia de en medio del conflicto de los intereses relativos”. Escritos filosóficos. Bogotá: Ministerio de Educación / Revista Bolívar, 1954.


home / página 1 de 3

______________________________________________________________________________________________________________________________________________________
contacto | quiénes somos | colaboraciones | legal | libro de visitas | enlaces | © el hablador, 2003-2005 | ISSN: 1729-1763
:: Hosting provisto por Hosting Peru ::
Hosting