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San
Marcos, va de frente
A partir de la década de 1940, la producción
editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
(UNMSM) estaba bajo la dependencia de la propia imprenta
universitaria. Recién, a partir de los primeros
años de la década de 1990, se decide que
el Fondo Editorial de la UNMSM se autofinancie. Posteriormente,
con la llegada del actual rector (Manuel Burga), se
establece como centro de producción.
José
Carlos Ballón es profesor de la Escuela de Filosofía
de San Marcos. A partir de abril de 2002 es director
del fondo editorial de esta casa de estudios. Cuando
asumió el cargo se le hizo entrega de un capital
inicial, y a partir de esta hecho el fondo sanmarquino
despega y empieza a constituirse. “Cuando empecé,
me dieron 120 mil soles para trabajar y mantener el
fondo con todos sus gastos de personal. ¿Cómo
nos mantenemos? Con autofinanciación, con nuestras
ventas”.
El
Fondo Editorial de la UNMSM tiene dos propósitos
fijos: producir y difundir conocimiento. “Aquí
hay dos tipos profesores, los que vienen, dictan su
clase y se van; y los que se dedican a tiempo completo
a la universidad, ya sea en labores administrativas
o de investigación. Sobre esta última,
cada facultad cuenta con un número determinado
de institutos de investigación, lugares en donde
los profesores se presentan —concursan—
para proponer un proyecto. Los elegidos reciben un pago
por su trabajo de investigadores”, sostiene Ballón.
En
San Marcos existen aproximadamente 25 institutos, cuyo
fin es producir nuevos conocimientos. Cada instituto
edita una revista en la que se publican los avances
y resultados de las investigaciones.
Hay
tres caminos para que una publicación llegue
a buen puerto en el fondo: el primero, el ya mencionado,
investigaciones aprobadas en los institutos de facultad;
el segundo, las llamadas “independientes”,
que deben contar con un aval académico, que se
encarga de señalar qué publicar; el tercero
parte del archivo histórico de cada instituto:
hablamos así de los textos clásicos.
El
caso del Fondo de San Marcos es inusual. Digamos que
los verdaderos editores, los que deciden qué
va y qué no, son los institutos de cada facultad.
La labor de Ballón está ligada a la figura
de un publisher, descartando la traducción
al castellano y encauzando este término a la
promoción y difusión de los textos publicados.
“Editamos tres libros por mes. Cada uno presenta
un aproximado de 200 páginas; es decir, el fondo
publica unas 600 páginas mensuales”.
Las
publicaciones de San Marcos son de tres tipos. La primera
es la serie de cinco colores de las cinco áreas
de la universidad —en donde están incluidas
todas las facultades—: Ciencias de la Salud, Humanidades,
Ciencias Sociales, Ingeniería y Ciencias Básicas.
La segunda trata de la serie Coediciones, que se establece
con financiamiento externo. La tercera trata de los
Clásicos Sanmarquinos (Basadre, Tello, Kuczynski-Godard,
Salazar Bondy, por citar ejemplos).
¿Y
qué sucede con las publicaciones externas? “Estos
textos necesitan del aval de un instituto de investigaciones
o, en todo caso, de una autoridad competente sobre el
tema. Aún si se trata de una novela o poemario”.
El
público al que están dirigidas las publicaciones
absolutas del fondo sanmarquino es el universitario.
Por ello, los puntos de mayor venta se centran en las
mismas universidades del país, como la propia
San Marcos, UNI, Agraria, la Universidad de Trujillo
y la Católica. “Se trata de textos que
interesan a la comunidad científica e intelectual;
así las ventas están focalizadas directamente
con los compradores fijos o potenciales.”
Peregrinaciones
de una paria, de Flora Tristán, se ha convertido
en el libro más vendido por el fondo. Asimismo,
cuenta con otros títulos importantes, como Dominación
y liberación (Escritos 1966-1974), de Augusto
Salazar Bondy; El andar de los caminos, de
Edgardo Rivera Martínez; Contra Natura,
de Rodolfo Hinostroza; Cuaderno de agravios y lamentaciones,
de Antonio Gálvez Ronceros; Ortometría,
de Manuel González Prada; y Dondoneo,
de Marco Martos; entre otros.
El
trastocado caso con la Editorial San Marcos (1),
que en su momento (y hasta el día de hoy) ha
traído molestias a la universidad por el desleal
hecho de tomar el nombre de la Decana, parece no afectar
la labor del fondo. “Ellos no sólo tomaron
el nombre de la universidad, sino también su
escudo. Felizmente, esto último ya ha sido erradicado
de sus publicaciones mediante una querella legal. Ahora,
se han quedado con el nombre, pero igual eso importa
poco, ya la gente sabe distinguir la calidad del Fondo
Editorial de San Marcos frente a lo que produce esa
editorial”.
Con
todo esto, observamos que lo más importante es
definir el mercado, al momento de afrontar futuros y
probables planes de publicación. Labor ardua,
que Ballón detalla con humor: “Definitivamente
el trabajo es agotador. He estado a punto de tirar esto
por la ventana varias veces (risas). Pero, igual, soy
consciente de la libertad que te otorga San Marcos para
dictar e investigar lo que quieras, a diferencia de
otras universidades, donde estás supeditado a
lo que indica la dirección académica.
Obvio, de afuera San Marcos se ve como un espacio desordenado
y de rebeldía. Puede que lo sea, pero con todas
las posibilidades que te da la universidad —desde
prestigio hasta la libertad intelectual antes mencionada—
trabajar aquí (enseñando y dirigiendo
el fondo) es fenomenal.”
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(1)
Editorial que lleva el mismo nombre que la universidad,
pero que no guarda relación alguna con ésta.
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