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Poesía vanguardista peruana (Christian Elguera Olortegui)

Dantes (Lenin Pantoja Torres)

El invitado (Giancarlo Stagnaro)

Caín (César López Núñez)

Libro del sol y otros poemas (José Carlos Picón)

Guardián de acantilados. Oleajes pictóricos 1999-2008 (Carlos Morales Falcón)

Paterson city (Giancarlo Stagnaro)

 

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Infancia, violencia y desengaño en Paterson City

por Giancarlo Stagnaro

 

Omar Guerrero
Paterson city
Lima: Estruendomudo, 2010

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La novela Paterson City es un desafío en varios sentidos. Omar Guerrero, quien desde hace buen tiempo ha incursionado en la narrativa corta con buen pie, es también en excelente lector, como lo demuestra su blog Supay Libros. Pienso que Paterson City es el resultado de algo que se conoce como epifanía, de una historia que bien pudo salir publicada en algún periódico o internet, y del cual ha elaborado este relato que mezcla tragedia, nostalgia y tristeza en una especie de introspección que busca desentrañar la vieja pregunta: qué es ser peruano, qué es la peruanidad.
           
Pregunta sumamente difícil, pero necesaria, en nuestros días, y no solo lo digo por la parafernalia de los mensajes presidenciales o los ruidosos desfiles militares. La literatura peruana de todos los tiempos es en el fondo una gran reflexión abierta sobre la misma pregunta. Y en ese sentido, la posición del narrador es importante. En el caso de la primera novela de Omar Guerrero, este narrador, de corte anónimo, es un adolescente, un personaje a medio camino entre la niñez y la madurez.
           
Este es el personaje privilegiado de buena parte de nuestra tradición literaria: primero el niño y luego el adolescente que ha mirado el mundo real, el mundo cotidiano peruano con ojos distintos a los de los adultos. Tal es el caso de Ernesto, el entrañable personaje de José María Arguedas en Los ríos profundos; la collera de amigos de Los inocentes, de Oswaldo Reynoso; el coro de voces alrededor de Pichulita Cuéllar en “Los cachorros”, de Mario Vargas Llosa, entre muchos otros. La lista es larga, con lo cual la novela de Omar posee notorios antecedentes. En ese sentido, como muchos de estos textos, Paterson City es una novela del desarraigo, quizás la experiencia peruana común por definición, la de un niño que sale del Perú y que pierde su inocencia fuera de su país de origen. Omar nos transmite los pensamientos y la subjetividad de un cambio que comienza lenta, progresivamente, pero que se enfrenta a una realidad brutal, terrible. Con esto no quiero decir que el personaje se convierta en la versión peruana de Álex, el de La naranja mecánica, sino que ve irrumpir alrededor suyo una serie de relatos e historias de un mundo y una verdad peculiarmente violentos.
           
El marco de estas historias y relatos es la migración. Y no hablamos aquí de esa migración peruana a Estados Unidos que de vez en cuando recibe reportajes periodísticos, por lo general narcisistas y autocelebratorios, en otra palabra, exóticos. Los peruanos “la hacen” fuera, se nos repite constantemente, día a día, sobre la gente que abandonó el país. Ninguno de estos periodistas o medios aborda dos problemas de fondo: por qué cada vez la gente se va y cuáles son sus condiciones de vida afuera. En ese sentido, Paterson City intenta articular una respuesta, que no cae en esa mirada exotista de la migración peruana en el extranjero.
           
Los peruanos en el exterior, en Paterson, ciudad que existe pero que Omar Guerrero dice no conocer, han reproducido las mismas condiciones de vida que en su lugar de origen. Hay restaurantes de comida peruana, hay procesión del Señor de los Milagros, hay canchas de fulbito donde las viejas estrellas del fútbol peruano todavía le dan a la “pelotita”, como se dice coloquialmente. Paterson simboliza el ekeko de la portada, aquella figura graciosa que lleva y carga de todo, donde sea. Si el Perú sigue vivo en Paterson, si hay de todo como en botica, ¿cómo sentir nostalgia por la patria, si una parte de ella ha sido trasplantada hasta allá?
           
Pero la nostalgia es real, nuestro narrador la siente y la moldea, le da forma, en la figura del abuelo, que es la figura de ese pedazo de historia que se queda en el Perú. En ese sentido, con esa ansia del pasado –o lo que es lo mismo, la pregunta del origen, pregunta fundamental en este texto– aparecen precisamente las historias personales: cómo llegamos hasta allá, qué dramas y tragedias nos embargan, y por qué nos quedamos. Este es quizás uno de los aspectos centrales de la novela de Omar que, como dije, toma sana distancia frente a la lógica de los noticieros y programas dominicales del Perú, que tratan el tema, como es usual, en la epidermis, y no se atreven a buscar o zambullirse en una realidad contradictoria y heterogénea como la de los peruanos migrantes.
           
Por el contrario, Omar Guerrero sí se atrevió a zambullirse desde las posibilidades que ofrece la ficción. Y de ese sumergirse ha brotado una novela terrible y conmovedora. Terrible porque la realidad de los peruanos en el exterior puede ser mucho más dura de lo que aceptamos a primera vista. Conmovedora porque Paterson City no es más que un ghetto donde es cierto que muchos peruanos pueden haber prosperado, ciertamente, pero que igual no es un destino utópico, no está al margen del tiempo y sobre todo, de la violencia, de esa violencia cotidiana que aún nos golpea como sociedad.
           
En un pasaje de la novela, el narrador conversa con Clarita, la bella jovencita peruana de la cual está enamorado, sobre cuál será su futuro cuando terminen el colegio. Ambos sueñan con enmendar los caminos torcidos u oscuros que han tomado sus padres y que han desembocado como un designio en Paterson. Los sucesos posteriores le revelarán al narrador que abrazar esa utopía no es fácil, que es casi imposible suscribirse del mandato del destino. Hasta cierto punto, hay un atavismo en cada uno de los personajes de Paterson City, una marca que se abalanza como un rayo que nos despierta del llamado american dream, el “sueño americano”. Clarita sufrirá en carne propia lo que implica ese designio del destino, esa herencia familiar. Porque no es de otra cosa que de familias disueltas, disfuncionales, de lo que nos habla esta novela. Y qué decir del propio narrador, que es hijo de un miembro de Sendero Luminoso, y que vive en la colonia peruana. ¿Cómo evadir así el peso del destino, cómo ejercer el derecho a una nueva vida? Familias que bien pueden ser las nuestras, que todos los días son sometidos a los rituales de separación y despedida en el aeropuerto; y que entran a la maquinaria anónima de los trabajos y la falta de protección en los países desarrollados.
           
Esa precariedad y ese desarraigo tan peruanos van de la mano con un barroquismo y una saturación de sentidos y significados. La figura indirecta de Alexis Amore, la mujer peruana más conocida del mundo, básicamente por ser un miembro bastante visible de la industria del entretenimiento para adultos, aparece en esta novela como un espectro que desencadena adhesiones y rechazos. ¿Acaso Alexis Amore no puede ser la metáfora perfecta de la peruanidad globalizada, consumible por el mercado, en el siglo XXI? A las figuras clásicas de la peruanidad, como Machu Picchu o el cebiche, ahora tenemos que agregar a este nuevo icono. Su nombre arroja en Google más de un millón de entradas. Fabiola Melgar García, tal es el nombre que se esconde detrás de las cámaras y los videos, acaba de afirmar en una entrevista para un medio peruano que “es feliz con la profesión que eligió, que lleva una buena vida y que ha hecho empresa gracias a la fama que le ha dado su trabajo”.  Es curioso, pero ese parece ser el sueño de todo peruano que busca trabajo fuera. ¿Querrá decir que todos llevamos una Alexis Amore dentro, como ella misma ha afirmado?
           
Pues bien, todos estos son aspectos que toca Omar Guerrero en esta novela. Paterson City es otro eslabón en la cadena de interrogantes que nos formula la peruanidad, una presencia que se expande continuamente, a cada segundo. La migración al exterior también ha hecho posible una mirada distinta de lo peruano, en ambos lados, de los que se quedaron y de los que se fueron. Numerosos narradores y poetas peruanos relatan experiencias y vicisitudes. Omar Guerrero es de los que se quedaron, al menos hasta lo que sé en este momento, y escribe sobre los que se fueron. Su primera novela es un movimiento doble: habla del exterior pero básicamente habla del interior, de nosotros mismos, de nuestros sueños y frustraciones, y de lo que vamos dejando a nuestro paso en ese camino.  Es el registro que recoge toda literatura, en un camino que Omar recorre con buen paso.

 

 

 

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