Nº 21
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Racismo, exclusión y desintegración social: los ejemplos de Chungui y Kolkamarka

 

Las novelas La noche y sus aullidos (2011) de Sócrates Zuzunaga, y Ese camino existe (2012) de Luis Fernando Cueto, ambas ganadoras del Premio Copé 2009 y 2011, respectivamente, desarrollan sus mundos representados abordando el tema del conflicto armado interno entre Sendero Luminoso y el Estado Peruano (1980-2000). Este conflicto no solo abarca la violencia política de los años ochenta, sino también a la problemática social del Perú. Por lo tanto, esta interpretación, nos acercará a las carencias, crisis y trabas de la sociedad peruana, así como también a la decadencia del Estado y de sus instituciones frente al desarrollo de la guerra antisubversiva, desde las miradas, perspectivas o voces narrativas de ambas novelas. 

El sistema moderno-colonial

Chungui es la comunidad campesina y uno de los escenarios del proceso de los hechos de la novela Ese camino existe hasta el capítulo VII, en el cual se narran los hechos del segundo ataque senderista que sufre el pueblo, terminando así desolado por la muerte y el terror desplegados por Sendero Luminoso. La representación de Chungui se exhibe como la de un pueblo que desarrolla su vida tranquilamente y con negocios prósperos, como tiendas de abastos propias de ciudades avanzadas; sin embargo, Chungui se encuentra también olvidada por las autoridades del Estado y por los funcionarios de la provincia, debido a que no se le designa un profesor que se haga cargo de la escuela de la comunidad. Paradójicamente, la vida apacible de este pueblo termina con la aparición de Demetrio Orejuela, de quien se piensa que es un profesor que ha sido enviado por las autoridades, cuando realmente es un senderista oculto tras la imagen de maestro con la finalidad de instalarse en la comunidad. La muerte de este personaje a manos de la policía provoca fuertes represalias de parte de Sendero Luminoso hacia los pobladores de Chungui. 

Por lo demás, la vida en Chungui se desenvuelve muy alejada del escenario central del Gobierno peruano así como también de los demás habitantes del país. Por ejemplo, se observa esto claramente cuando algunos pobladores hacen alusión a grandes ciudades como Lima, la capital. Pero esta ciudad es vista como “un gran desorden”, ya sea por un comunero que estuvo allí o por Perpetua, la valiente y decidida hija de Celestino Cori, el comunero más viejo del pueblo. Según la opinión del primero, Lima “era como un gigantesco monstruo de millones de caras donde, al final, de tanto mirarlas, todas ellas terminaban confundiéndose en una sola”(1).

La opinión de Perpetua Cori acerca de la capital no dista mucho de la anterior; sin embargo, este personaje femenino ve a Lima como el centro de oportunidades laborales y educativas, por lo cual ella aspira vivir allí al lado de su hijo Américo Parihuana:

“[…] llegó a conocer Lima, una ciudad que se le presentó caótica, enredada como un gigantesco manojo de lana sin escardar pero en la que pudo entrever verdaderas oportunidades educativas para que el niño que llevaba en su vientre se pudiera desarrollar a plenitud. […] Entonces ella vio claro lo que creía que era el futuro: la posibilidad cabal de realización humana”(2).

Lima y Chungui son opuestas, tanto cultural como social y económicamente. Lima representa la oportunidad del desarrollo personal; Chungui no: se encuentra olvidada y descuidada por las autoridades, convirtiéndose así en un contexto óptimo para el discurso de Sendero.

La comunidad de Kolkamarka es el espacio donde vive Clemente, el protagonista principal de la novela La noche y sus aullidos, obra mucho más compleja por la pluralidad de perspectivas o de narradores que posee. Kolkamarka, al igual que Chungui, se desarrolla muy alejada del centro de atención del Estado, hallándose, de esta manera, desatendida y sumida en la pobreza, pero a la vez es poseedora de una vida sosegada antes de la incursión en el pueblo de Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas:

“claro, ese pueblo antes muy tranquilo y apacible, lugar donde casi nada importante ocurría y que, ahora, con la aparición de la lucha armada, estaban ocurriendo cosas terribles. Antes, en Kolkamarka, la vida era un deleite, a pesar de la pobreza de sus pobladores”(3).

Al mismo tiempo, una figura importante hace aparición en esta novela: el gamonal. Debido a la desatención de las autoridades estatales, Kolkamarka está básicamente dirigida por gamonales abusivos, convirtiéndose estos, ayudados también por autoridades corruptas del pueblo, en figuras de poder y explotación. Además, la figura del gamonal demuestra que en un país supuestamente moderno todavía sobreviven cargos o estatutos propios de la economía del virreinato, estableciéndose así un Estado con un sistema moderno-colonial. Pero no solo aspectos económicos coloniales prevalecen, sino algo mucho más profundo y que descubre al lector un país fragmentado y con una grave crisis social: el racismo, especialmente el racismo antiindígena, el cual es nuestra herencia colonial no resuelta y, al mismo tiempo, es la causa del papel excluyente del Estado y también de la desintegración de la nación peruana.

El gamonalismo, el abuso, la explotación, la pobreza, el racismo y la exclusión social, los cuales son problemas que se arrastran desde la época colonial, son fuertemente criticados en la novela de Zuzunaga desde las múltiples voces narrativas que presenta, especialmente desde los personajes de José Carlos, el hijo del gamonal Cipriano Gutiérrez enrolado en las filas de Sendero Luminoso, y de Leoncio, un comunero víctima de las injusticias del otro gamonal de la historia, Abraham Rojas Pimentel.

La figura de José Carlos es amante de la justicia social; además, se sabe que muchas veces llegó a enfrentarse a su padre cuando este había cometido algún abuso contra sus peones. Este personaje crítico de la situación en la que se encuentran los campesinos, aparte de unirse a la causa senderista, es poeta y escritor de cuentos sobre el conflicto armado entre Sendero Luminoso y el Estado en la zona de Ayacucho: Cuentos en tiempo de guerra.

Leoncio reflexiona sobre el ser indio y el ser pobre, sobre el racismo, sobre la desigualdad y exclusión social, y sobre la injusticia que sufre el campesino peruano, males que son los problemas medulares de nuestra nación, y que todos juntos ocasionan una grave crisis en el país:

“[…], y es que pues nosotros estamos viviendo como si fuéramos forasteros en nuestra propia tierra, y así no tenemos casa, chacras ni animales, y estamos solo viviendo de caridades y voluntades, mientras que otros come-echados se dan la gran vida, controlando sus riquezas, viajando hacia el extranjero de vacaciones, divirtiéndose a lo grande y todo eso, porque a ellos no les importa en qué estado se encuentran sus compatriotas, con tal que tengan la barriga llena y el corazón contento, y así no les importa el campesino, el obrero, el minero, y menos les importa que nos estemos muriendo de hambre, con nuestros hijos sin educción, sin salud, […]” (4)

Estos dos personajes son los agentes reflexivos dentro del escenario del desenvolvimiento de la guerra interna en la novela La noche y sus aullidos, llegando a formarse discursos de crítica, no solo ante la desarticulación y exclusión de la nación peruana sino, además, ante la crueldad y falta de solidaridad hacia el campesinado indígena de parte de Sendero Luminoso y de las FF.AA., no siendo este último rasgo exclusivo de la novela de Zuzunaga al estar también presente en Ese camino existe de Luis Fernando Cueto.

Ausencia y presencia del Estado

Por otro lado, en las dos novelas de violencia política aquí estudiadas la presencia del Estado “está” y “no está”. Ya sea en la representación de la novela de Cueto como en la de Zuzunaga el Estado está presente mediante las FF. AA., y a la vez no está ya que no cumple sus deberes al no proteger a la población campesina y al no hacer prevalecer la vigencia de los derechos humanos. Tanto en las comunidades campesinas de Ese camino existe y La noche y sus aullidos la acción de las Fuerzas Armadas, la cual es una fuerte y cruel represión militar, es, finalmente, un terrorismo de Estado que hace frente al terror desplegado por los senderistas.

Los miembros del ejército también demuestran, en su accionar, los mismos problemas y lacras de la nación peruana: el racismo y la falta de solidaridad hacia el campesino indígena. Con las matanzas ejecutadas por los soldados a los pueblos campesinos se observa un fuerte desprecio hacia estas comunidades, un desprecio presente desde la colonia y que no ha sido resuelto ni eliminado en tiempos modernos. Las fuertes frases emitidas por personajes militares también son claros ejemplos de este problema, frases como “serrano,concha de tu madre”, “cholo de mierda”; son frases cargadas de un fuerte racismo y están presentes en muchos pasajes, en especial de la novela La noche y sus aullidos. El racismo, asimismo, está vigente dentro de la institución de las FF.AA., en su misma estructura, es más, crea, en las mentalidades de los miembros del ejército, un prototipo del senderista a quien se debe de matar y eliminar. Veamos lo que sostiene un teniente de uno de los cuentos que forman parte de la novela de Zuzunaga:

“Al que no rampaba bien, lo agarraba a patadas y a gramputeadas, carajo, jijunagramputa, y lo amenazaba con meterle la bayoneta en el culo si es que no obedecía mi órdenes. Más me ensañaba con los reclutas ayacuchanos, apurimeños o huancavelicanos, porque estos tenían pinta de ser unos terrukos de mierda y quién sabe si no lo serían y estaban así infiltrados en nuestro glorioso, Ejército Peruano, decía yo, hic…”(5).

Con estas ideas instaladas en sus mentalidades, los militares son los gestores de una fuerte y vertical represión, llegando así a matar y ejecutar indiscriminadamente a muchos campesinos inocentes.

Estos mismos problemas, los de la nación peruana y los de las Fuerzas Armadas, se encuentran, también, en la figura del Estado, configurándose este como una organización incapaz de detener la violencia en su país. El Estado es excluyente, gobierna solo para minorías y no para las mayorías, reflejándose este aspecto en la pobreza y abusos que sufre Kolkamarka, en el olvido en que se encuentra Chungui por parte de las autoridades, y en la desigual redistribución de la riqueza. De igual manera, tampoco cumple con mantener el bienestar y protección de la población, permitiendo el cruel accionar de las Fuerzas Armadas y del avance de Sendero Luminoso. Todo esto es consecuencia de las enormes brechas sociales y económicas de la nación peruana y de su desintegración, conflictos históricos irresueltos profundamente arraigados en nuestro imaginario colectivo. 

A modo de conclusión

-Chungui y Kolkamarka se configuran como “pequeñas naciones” dentro de la nación peruana, al encontrarse esta última desintegrada, y también gracias a que las dos comunidades están apartadas de la esfera central de desarrollo del país.

-La nación peruana presenta problemas que se arrastran desde tiempos coloniales y los cuales no han sido resueltos en la época republicana, tales como el racismo, el gamonalismo, la exclusión social, la desintegración nacional y el papel excluyente del Estado, construyéndose así una imagen de un país con un sistema moderno-colonial, y con una fuerte falta de identidad nacional.

-Con la fuerte represión militar aplicada por las Fuerzas Armadas se establece un terrorismo y un discurso autoritario del Estado, el cual no cumple sus funciones de proteger a la población, especialmente a una tan poco valorada como la indígena, así como al no mantener la vigencia de los derechos humanos y el bienestar general del país. De esta forma, se representa la decadencia de las instituciones del Estado.

-Las dos novelas muestran las dos caras del autoritarismo en los tiempos de la violencia política: la de Sendero Luminoso y la del Estado, constituyéndose así, desde las múltiples perspectivas narrativas, una contundente crítica al accionar senderista y de los militares.

 

BIBLIOGRAFÍA


CUETO, Luis Fernando. Ese camino existe. Lima: Petróleos del Perú, 2012.

MANRIQUE, Nelson. El tiempo del miedo: la violencia política en el Perú. Lima: Fondo del Congreso del Perú, 2002.

VARIOS. Ajos y zafiros. Revista de literatura, nº 8/9. Lima: diciembre, 2007.

VICH, Víctor. “La literatura, la Comisión de la Verdad y el Museo de la Memoria”. En: Quehacer 132. Lima, 2001, pp. 68-71.

ZUZUNAGA HUAITA, Sócrates. La noche y sus aullidos. Lima: Petróleos del Perú, 2011.

 
____________
1 CUETO, Luis Fernando. Ese camino existe. Lima: Petróleos del Perú, 2012; pp. 46.
2 Op.cit., pp. 82-83.
3 ZUZUNAGA HUAITA, Sócrates. La noche y sus aullidos. Lima: Petróleos del Perú, 2011; pp. 191.
4 ZUZUNAGA. Op. Cit., pp. 292-293. La cursiva es mía.
5 ZUZUNAGA. Op. Cit., pp. 471. La cursiva es mía.
 
 
©Claudia Alejos Izquierdo, 2014
 
Claudia Alejos Izquierdo (Lima-Perú, 1990). Vive en Lima y estudia Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Realiza labores de revisión, edición y corrección de textos, y orienta su trabajo a la investigación y crítica literaria.
 
 
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El Hablador 2003-2014 © Todos los derechos reservados | ISSN: 1729-1763
           
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