¿A dónde iría? ¿De qué ciudad me estaban hablando? ¿Cuál Bogotá? ¿No será también una invención? ¿No será todo como los cuadros de Botero? ¿No estaré yendo a otra Comala? ¿Y no estaré prolongando Lima, mi propia ciudad de fantasmas, ciudad que no me canso de inventar? No importa a dónde vaya, es mejor que primero eche una conversación con mis fantasmas

 

 

Tres conversaciones citadinas

por Ricardo Sumalavia
 
 

Este texto fue leído en Bogotá en el Tercer Encuentro de Nuevos Narradores de América Latina y España, organizado por el Convenio Andrés Bello

Cuando fui invitado a participar en este encuentro, en la ciudad de Bogotá, no supe cómo reaccionar. Se supone que debía alegrarme, enorgullecerme, pero ese mismo día también me comunicaron que no había obtenido una beca que ansiaba para tener una larga y académica estadía en España. Las únicas veinte becas fueron a manos de médicos, ingenieros y abogados. "Oficios con una aplicabilidad inmediata en el bienestar de la sociedad", fue la explicación que me dieron. "La literatura..., usted sabe..." Luego fui en busca de mis amigos y parientes para que me levantaran el ánimo al contarles que había sido invitado a Colombia. Al primero que se lo dije fue a mi hermano mayor. Hizo un gesto de preocupación y me dijo: "Ten mucho cuidado. Yo he leído Rosario Tijeras y La virgen de los sicarios y allá se vive de milagro." Qué bueno que creo en Dios, pensé. Luego regresé a mi oficina repitiéndome: "la literatura, la literatura". Por el computador le envíe un correo electrónico a un amigo colombiano que ya tiene viviendo ocho años en Corea del Sur. Yo lo había conocido allá, en la extraña ciudad de Seúl, oficiando ambos de profesores de español. Providencialmente, a pesar de la diferencia de horas, recibí su respuesta a los pocos minutos. Su mensaje fue escueto y contundente: "No te puedes ir de Colombia sin probar el ajiaco, la maravilla de Bogotá, ni la bandeja paisa, plato de mi región. Otro rato te comes un miloja o un pandebono con su buena taza de chocolate santafereno. Ah, y te me lees La tejedora de coronas de Germán Espinosa. Saludos a mi tierra del carajo, a la que no veo hace ocho años." Otro amigo, algo dado al desenfreno, me dijo: "Las discotecas, hermano. La ciudad es de los jóvenes. Tienes que ir a las discotecas. Adentro se encuentra de todo." Le agradecí el consejo y me recluí en mi casa. Allí tenía que pensar con calma. ¿A dónde iría? ¿De qué ciudad me estaban hablando? ¿Cuál Bogotá? ¿No será también una invención? ¿No será todo como los cuadros de Botero? ¿No estaré yendo a otra Comala? ¿Y no estaré prolongando Lima, mi propia ciudad de fantasmas, ciudad que no me canso de inventar? No importa a dónde vaya, es mejor que primero eche una conversación con mis fantasmas.

 

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