Escríbale al autor

Rafael Anselmi
(
Lima, 1967)

 

Estudió Literatura en la Universidad Nacional de San Marcos. Ha publicado el libro de relatos El mirador de la ciudad, y actualmente se dedica a la docencia en el Instituto Peruano de Publicidad (IPP) y en la academia San Ignacio de Loyola.

 

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EN EL BAÚL
(Tiempo estimado de lectura: 6')


¿Qué piensas Giorgio? ¿Por qué te mantienes paradito, ahí, contra la ventana, con la nariz aplastada? Bueno, en realidad eso lo supongo, porque la distancia, tú comprendes, la distancia no permite que sea todo demasiado claro. Pero estás ahí, eso es innegable. Desde que la muchacha se ha alejado ¿qué hora es? La hora de la novela seguro. Pero con eso no te digo nada ¿no? Hay mil novelas o más o quizá solo sea que se fue a limpiar, o a dormir o a cagar y le ha dado la gana de sentarse en el sofá de la sala o en la cama grande para alucinar un rato lo que se siente.

"Deje eso en el cuarto por favor, sí, sí, todo en el cuarto principal, en el del fondo". Horas después arreglé todo, que no era mucho en verdad, solo ropa y unos libros. El departamento estaba perfectamente amoblado y lo único que me tocaba era rellenar los cajones y hacer un espacio en el estante para mis veinte o treinta libros. Ellos me lo habían dejado todo y ahora yo ocupaba, "por el tiempo que sea necesario" me habían dicho, bueno, me lo había dicho ella, "o el que quieras", había corregido o complementado él. De otro lado, el edificio seguía semiabandonado, y digo abandonado por decir algo, pues nunca había estado habitado del todo; salvo ellos, nadie había llegado jamás y todo se mantenía como congelado, como a la espera, y yo no era más que un paréntesis, un "cuidante" seguro que hubiera pensado ella. Pero era gratis y era bonito, y estabas tú al frente Giorgio.

Pero tú no habías aparecido hasta el momento exacto, ¿cuándo fue eso? Sí, cuando estaba justo por abrir el baúl de la sala, el que hacía las veces de mesa de centro y que, contra todo pronóstico, se mantenía libre de manchas de alcohol o de círculos delatores de algún vaso descuidado, ahí estaba yo, sacando con cuidado los ceniceros y con el florero vacío en la mano cuando, con el rabillo del ojo te vi parado en la ventana, ¿mirándome? Te bauticé Giorgio y quise creer que sí y entonces dejé el florero en el piso y coloqué los ceniceros al lado, jalé una silla al pequeño balcón y me senté a mirarte. ¿Recuerdas lo que te dije? No hay problema, puedo no haber dicho nada y solo sentarme, con los pies sobre la baranda, sí, creo que con los pies sobre la baranda.

¿Y para cuando sería? Esa fue la única pregunta que les hice, y como me dijeron que mientras más pronto mejor, quedamos para dos días después. Armé cuatro o cinco cajas con ropa, recuerdos y libros y llamé al vecino de abajo, el que hace taxi y le pedí que me llevara el miércoles, que me mudaba. Llamé al casero y le pagué el mes completo para que no moleste, en realidad solo le regalé seis o siete días. Y me mandé mudar, literalmente por cierto. "Deje eso en el cuarto por favor, sí, sí, todo en el cuarto principal, en el del fondo". Le invité un poco de agua y luego descubrí que habían algunas cosas en la refri, algo de jamón, algo de queso y unas cervezas. Sumé a todo eso lo que yo había comprado, que no era mucho, acaso para sobrevivir la primera semana, o dos si no comía demasiado, y me tendí en la cama que fingí sentir todavía con su olor, pero era mentira, era solo una mentira para darle a todo esto algo de carácter. Luego descubrí mas cosas, ropa olvidada o dejada adrede, papeles, cartas o tarjetas navideñas no rotas a tiempo.

Pero ahora eso no importa, ya ni el baúl que estaba por abrir importa, te descubrí con las narices pegadas a la ventana y me olvidé de todo, bueno, no de todo, la verdad que me acordé de James Steward, pero tu de eso no sabes nada así que no perderé el tiempo contándote algo que igual no vas a entender, pero quizá luego, algún día te enteres y lo recuerdes y descubras lo sencillo que es todo esto, de lo natural que es un tipo como yo, casi tan natural como leer en silencio, aunque, no te dejes sorprender, al inicio es complicado, uno aprende a leer en voz alta, así te lo exigen, y luego, en silencio. Por dios, que esperan de uno, pero aprendes también y lo agradeces pues es fascinante eso de leer en silencio y, mejor aún, pensar en silencio y guardarte para siempre lo que piensas. ¿Pero donde está la mujer esa? Sí, esa que no es tu madre. Te ha abandonado como yo lo he hecho con el baúl ¿te intriga? La verdad que a mí también, pero cada vez menos, cada vez siento que puede seguir esperando ¿o no? Claro que sí, Giorgio, claro que sí. Pero ¿tu vas a esperar?

¿Cuánto rato llevas ahí? ¿El mismo que yo? Cuando levanté la vista te vi paradito, mirándome, y yo ya tenía buen rato aquí, sentado con el dichoso baúl en frente, con el baúl que no tiene ya nada encima y solo una cerradura sin candado, desprotegido, y con su tesoro dentro, con su no sé que dentro, pero tu me miraste o quizá mirabas lo que hacía y entonces yo lo dejé. Sabes que así pasa casi siempre, o es la falta de comunicación o son las ganas de joder al otro lo que nos impulsa a actuar, porque sabes que no actuar también es actuar ¿no? Pero claro, o lo sabrás pronto, es pura filosofía de cuarto o quinto de secundaria, ahí aprendes esas cosas protectoras, esas y otras que marcan una época, lees sobre locos y lobos solitarios y luego creces y ya no lo soportas, pero lo recuerdas con cariño. ¿Tu me recordarás Giorgio?

¡No! ¡No! Carajo Giorgio, porque esa india de mierda tenía que separarte de la ventana justo ahora, ahora que empezábamos a entendernos, ahora que seguías paradito con tu nariz apretada. India de mierda, se te acabó la telenovela y decidiste joderme la vida, ¿o me viste desde otra ventana y te asustaste? No, seguro que solo ha sido por molestar y sin saberlo, peor carajo. ¿Y ahora que hago Giorgio? ¿Abro el baúl?

Sabes una cosa, te esperé cerca de una hora y no volviste, así que abrí el baúl ¿qué crees? Estaba vacío, completamente vacío, limpio con exageración el hijo de puta y sin posibilidades de un compartimento secreto, vacío, vacío Giorgio. La decepción que te hubieras llevado, pero sabes una cosa, mañana a la misma hora te espero en la ventana y vas a ver lo que hay dentro. Regresa mañana Giorgio, te prometo no decepcionarte y hasta un zoológico entero puede aparecer, te lo juro Giorgio, te lo juro, pero regresa mañana.

 

© Rafael Anselmi, 2003 descargar pdf

 

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