| ¿Un Ministerio de Cultura soluciona el problema?
Pero claro. La cultura implica constantes, determinaciones, investigaciones, análisis, inferencias, asociaciones. Todo lo que se llama la comprensión de los problemas. Y como en el Perú no te facilitan comprender nada, nadie entiende a nadie. ¿Por qué los peruanos no se quieren? Porque no se entienden. Cómo se van a entender cuando nadie deja que el otro lo vea. Todo se oculta. Tanto me está mirando, me estará buscando algo, de repente me está viendo el bolsillo.
Una desconfianza terrible hacia el otro…
Cada vez peor. Es un país en donde el buffet es pequeñito. El buffet es para 100 y se lanzan mil. Pienso, sin embargo, que todo esto, aparte de cuantificable, puede cambiarse.
¿Cuál es el papel de los intelectuales en un proyecto cultural de avanzada?
Ser más agresivos. Menos cobardes, diría yo, menos timoratos. La agresividad no significa obnubilarse, ni ser temerario, tonto o lanzarse por lanzarse. Nada está hablando de suicidas. Agresivos en el sentido de que deben abrirse campo, uno mismo, de alguna forma. Así como seguramente en el pasado se lo abrieron varios científicos. Si tienen necesidad realmente de saber más de algo, nadie le prohíbe eso. Que yo sepa, a nadie lo van a meter preso porque estudie un árbol, una semilla, mejore unas plantas o haga un trabajo de prospección arqueológica. Alguien dirá: y de qué voy a vivir. En eso tienen razón, pero habrá que hacer lo que hacemos hasta ahora: vivir de dos o tres oficios. Tener un oficio que sirva para supervivencia y luego los otros para la actividad. Todavía no se puede hablar de otra posibilidad. Pero ser agresivos, ser audaces y no pensar que afuera está el Dorado. Hoy menos que nunca, se ha comprobado que no. Ahora, hay cosas que sí se pueden encontrar afuera, como la información, felizmente, que se puede encontrar de cualquier sitio.
El Tratado figural de la poesía peruana
¿Crees que la literatura peruana, con estas nuevas fuentes de información, va a sufrir cambios?
Sí, porque el aumento de información, a su vez, genera aumento de comunicación; ello, a su vez, genera desafíos de conocimiento.
¿Algunos poetas han
asumido ese reto?
Es lo que yo no sé. Conozco poco de esta etapa, porque me es un poco ajena. Me limito al Word. No soy un artista de la búsqueda de información. Además, no tengo mucho espacio para buscar información, tal vez sin ánimos o fuerzas. De repente estoy cerrando cosas. Más bien, el Tratado figural lo sigo desarrollado.
Es un libro pendiente…
Está cada vez mejor, con una serie de formas verdaderamente muy novedosas de entrar a la poesía peruana. Existe un montón de conducta de entrada en los que nadie pensaría. Tengo avances muy buenos.
¿En qué estado se encuentra el trabajo?
Te puedo mostrar algunas cosas, eso lo voy escribiendo siempre. La comprensión de un poema demanda trabajo.
¿Cómo surgió la idea?
Igual que los poemas. Esas cosas se hacen, sabes por qué, por instinto. Hablan por ahí del yo poético, esa es una invención que nunca he compartido. No creo que exista un yo poético. O si quieren, para voltear la figura, todos tenemos un yo poético. Así como todos tenemos cultura, todos tenemos un yo poético, pero no creo que dependa de un subjetivo poético. Las circunstancias llevan a que uno ejercite más unas actitudes, en el caso de las palabras, llamémosle poetas; en el caso de los imágenes, llamémosle gestos, pintura, fotografías o cine; en el caso de los sonidos, llamémosle músicos, compositores, intérpretes, virtuosos, soneros o salseros. Depende: el ser humano fundamentalmente tiene cuatro posibilidades, para mí, que no son siempre las que yo uso: inmanentistas (de alguna forma sacan algo de adentro). Además, no es que sea innato, sino que se ha procesado interiormente: vienes de un origen, una familia, un nacimiento un lugar o vinculado a una naturaleza o sensibilidad determinada. Por eso la poesía peruana del siglo XX es tan creativa porque casi no imitan. Todo el tiempo recuperan originalidad perdida en la originalidad anterior, lo recuperan. Viene a ser como una parábola en que se pierde el interés: cuando uno dice ya se acabó, vuelve a resurgir con otros, que vuelven a descubrir que tienen algo adentro: inmanentista.
Luego, viene el problema de los existenciales,
cuando entra en juego todo tu cuerpo. Tres existenciales
claves del 50: Eielson, Varela, Belli.
No lo meto ahí a Sologuren, que no es existencial.
Él se ha hecho un mundito, con sentimientos.
Es un independiente, como Eguren. Son sus cuerpos que
están en conflicto y casi siempre con una tendencia
escéptica por terminar en el vacío o la
nada. Como lógicamente después de tu cuerpo
no hay más nada, si tú te aíslas
del resto del mundo, te quedas contigo, te vuelves un
monólogo, un soliloquio. Eso es lo que hace en
cierto modo a Varela: un constante soliloquio con la
muerte, entre la vida y la muerte. Lo mismo Eielson
y Belli.
Vienen los gnósticos, que creen que el conocimiento es importante: Lauer, Hinostroza, Montalbetti, Chanove, todos ellos se mueven en esa tesitura de lo gnóstico. Involucra, por supuesto, el cuerpo y el inmanentismo, pero la punta del iceberg es fundamentalmente gnóstico.
Y ya tienes el paso siguiente, que
abarca casi todos los anteriores: es también
inmanentista, existencialista y gnóstico. Los
colectivistas: Vallejo, Gamaniel
Churata y me tienes a mí (risas).
Sí, es cierto, en La colisión. En una época lo hacía mejor que los otros,
sino que yo tengo esa percepción integral. Ojo,
no confundamos totalitarismo con total. Es una facilidad
–llamémosle así– para obtener información
de diversas fuentes.
Muchos poetas sí privilegian ciertos caminos como los que mencionas...
No tienen otra, porque de repente no
son corredores de medio fondo ni maratonistas; son de
carrera corta, 100 metros planos (risas), ni
siquiera cien metros planos masculinos, sino femeninos.
Corren como mujeres en 50 metros y llegan muriéndose
a la meta (risas). Así es, pues. Pero
la poesía se hace con todos ellos. Ellos también
son buenos poetas menores. Juan Parra del Riego, púchica,
tiene algunos poemas de antología, como el de
la moto, que suena por todos lados. Ya no se podrá
escribir de este modo. Ya nadie haría un poema
al genoma humano, no te produce ningún ruido
especial (risas). Pero imagínate el
año 1920, cuando era una locura ir a 40 por hora.
Qué aterrorizante velocidad, que les soplaba
el viento... Hoy día un corredor de Fórmula
1 está a 700.
Humor rampante
¿Crees que exista una
tradición de humor negro, de patafísica,
en el medio peruano?
Ese es el punto que no puedo situar, porque el ser del peruano es tan chistoso por naturaleza, tan burlón. Y no sólo el costeño. Al contrario, pienso que el andino es mucho más chistoso. Tenía una libretita, que tengo que echármela a buscar, donde cada vez que pasaba una temporada en la sierra me copiaba los chistes y adivinanzas. Son de un ingenio... No sé si producido por aquella particularidad sincrética del quechua. Traducidos suenan feo, pero tienen en sí una belleza; por ejemplo: “Chola de poto liendroso” (risas). Es decir, que no se baña nunca, no se limpia nunca, es una chola asquerosa. Esas cosas por el estilo.
Voy a lo siguiente. El humor necesita, como siempre ha necesitado, de una cierta prosperidad. Si tú le das al Perú en los próximos años una savoir vivre, una especie de saber vivir, van a salir los humoristas, de todo tipo. Que en cierto modo se anuncian ya, pero de una forma muy gruesa. Lo ves en la televisión.
O en los medios impresos. Hay más caricaturistas...
Carlín, por ejemplo, tiene más calidad, pero no es un creativo tampoco. Tiene que haber, como en Roma, prosperidad. La Francia de Alfred Jarry, a la que él se tira tanto en contra, era bien grotesca: con unos burgueses exageradamente burgueses y ricos. Entonces, resulta más fácil caricaturizarlos porque los ves vulgares hasta el exceso. Nosotros comenzamos a tenerlos, pero todavía no creo que el humor sea una institución. Por el contrario, se ha institucionalizado la burla, el sarcasmo, el insulto, la injuria. Por eso nadie quiere darle la espalda al otro, porque voltea la cara y ya están sacando la vuelta. La serruchada de piso, eso se ha vuelto...
Pero todavía no el humor, que
es una cosa mucho más elaborada. En su Antología
del humor negro, Breton dice que existen dos tipos
de humor: el del que participa, el colectivo, que es
el humor de Rabelais. Él se muere de risa de
tus orejas. Pero tú, a la vez, te mueres de risa
de mi nariz. Y después tú te mueres de
risa, de qué me veras, de un ojo más chueco
que el otro y por ahí la agarras. Todos nos reímos
juntos y vamos tomando. En cambio, la ironía
es narcisista. La ironía se sube sobre un pedestal
y ve por encima de los demás. Una cosa que no
acepta es que los demás la vean. Ella se burla
de todos, pero ay del que se burla de ella.
La ironía es una marca de esta época...
Es una característica de los limeños. El limeño es irónico, yo diría, hasta por inseguridad, desconfianza...
Una ironía forzada, no es natural...
No es humor, pues. En cierto modo, para Breton tampoco es humor. La ironía es una forma de figura casi siempre que disminuye al otro. El humor es placer.
Tú estás más de lado del humor rabelesiano...
Totalmente. Creo que el humor debe
ser festivo, celebrante, epifánico, donde todo
el mundo debe reírse. Mis padres eran unos celebrantes,
se reían juntos de todo. Siempre estaban de buen
humor, además. No como ahora, que los peruanos
andan malhumorados (risas). En los últimos
20 y 30 años hemos tenido presidentes sin sentido
del humor.
Ahora se viene una feria
del libro importante para el Perú. Tú
vas a estar allá, en México...
Me han puesto por viejo y no me discuten
por eso tampoco: ah sí, pues, será su
último viaje (risas). Su último
viaje al extranjero. Después ya vendrá
uno más lejano... Qué puedo decirte. Tengo
un perro chiquito que se llama Negro, pero en el fondo
lo he llamado Jorge Negrete. No les voy a decir a ellos
(los mexicanos) que mi perro se llama Jorge Negrete,
me queman. Había pensado visitar la Comala de
Rulfo, pero me dicen que no existe, que él la
inventó, que no saben dónde está.
Debe haber algo. Yo no sé si existe Comala, pero
que existieron cosas así, las he visto hasta
en el Perú: ciudades abandonadas, donde sólo
quedan viejos. Ahora mismo, después de la guerra
con Sendero, muchas ciudades quedan así. Pero
aparte de cantar la canción, no sé qué
más espero. Me tomaré un tequila, pues
(risas), que hasta ahora no lo he probado.
Para terminar, ¿qué
opinas de la reciente polémica
literaria?
No se vayan a ofender, pero para mí
son muy divertidos. No puedes imaginarte las veces que
me los he encontrado, he terminado por coleccionar los
artículos. No sabía en qué momento
reírme más. Cada salida es más
graciosa que la anterior. ¿No te parece un acto
de humor todo lo que ha pasado? Ahí tienes el
humor negro: eso que los chuscos y los regios, los letratenientes
versus, qué serán, ¿los pucus?
(risas). No sé, francamente... Eran
de un sentido del humor admirable que si lo hubieran
hecho a propósito no les habría salido
tan bien.
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