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La tecnología no ha servido necesariamente para integrar a los sujetos, sino para marcar aún más sus diferencias, pues el “progreso” es siempre para unos pocoso

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El sujeto programado y la ciudad distópica en Mañana, las ratas (1984), de José B. Adolph

por Elton Honores Vásquez

 

Es decir, que se ofrece “comprar” una sexualidad sin límites, puesto que lo sexual, es también una “mercancía” con valor de cambio. Tony, a su vez, resulta ser un “soldado” que sirve eficientemente a su empresa al punto de señalarle a Marina: “Debo reservar mis energías para Miss Linda King, en caso de que mis servicios fuesen requeridos” (23). Además, se deja abierta la posibilidad de hacer un “trío” entre Marina-Tony-Crucible, todos trabajadores de la misma empresa(39).

El expediente de Linda propone también nuevamente lo sexual como un rasgo importante del sujeto. Sobre ella se señala: “Preferencias sexuales: hombres maduros y mujeres muy niñas, voyera casi compulsiva, algo de masoca” (24). La lógica de la empresa, al incluir las preferencias sexuales de Linda en su expediente, es satisfacerlas al límite, durante su estancia en Lima.

Incluso durante la “huida” de Tony y Linda, ambos ingresan a una de las “covachas” antes mencionadas del centro de Lima, en donde, en un marco de bestialismo(40), ambos, señala el autor, “hicieron bastante bien el amor” (152); es decir, que, a pesar de encontrarse en una situación límite, logran copular, ahora, bajo los aparentes efluvios del amor.

Vemos, entonces, cómo el sexo es una forma de gobernar, de controlar a los sujetos, eliminando así toda traza ideológica en la que sujeto ya no es sujeto, sino sólo objeto de placer.

 

3. Lima o la ciudad distópica(41)

“Hay mucho que olvidar para vivir en nuestro mundo”
Linda King, Mañana, las ratas, 69

La ciudad de Lima, con más de 20 millones de habitantes (oficialmente, 15 millones), ha crecido hacia sus “conos” (Mala, Pucusana, Huacho, Ancón, Surco) y está habitada principalmente por los excluidos, las “ratas”, cuya existencia evidencia una diferencia dentro de la estructura social. En el centro de Lima, habitan también “enfermos mentales agresivos” (9). Es decir, “locos” y “agitadores políticos” conviven en un mismo espacio. La insania se ha normalizado. No sorprende, entonces, que no exista una conciencia inicial de la magnitud de la rebelión. En vista de la cotidianeidad de la violencia, las casas son amuralladas y electrificadas, además de tener guardias privados vigilantes con: “uniforme kaki, casco transparente hasta los hombros, como los astronautas del siglo pasado, pistola ametralladora y minilanzallamas, botas negras” (13); los automóviles(42) están equipados con armamento, además de un sistema de autolimpieza de sangre, para las “ratas” que cruzaran la pista “sin hacer uso de los puentes” (16), o lugares prohibidos, y cuyo atropellamiento es totalmente legal. Esto es, la tecnología (y las leyes) no ha servido necesariamente para integrar a los sujetos, sino para marcar aún más sus diferencias, pues el “progreso” es siempre para unos pocos(43). Paradójicamente, la esfera de la religión aún se mantiene vigente.

En esta ciudad, Tony y Doris representan la parodia de la familia perfecta que se desestabiliza tras la crisis social. La familia ortodoxa, como núcleo social, desaparece. Volviendo al tópico de la ciudad, para Tony, la belleza del centro de Lima no es más que un recuerdo relatado por su padre y abuelos. La Lima en la que vive es esa Lima la horrible, con una plaza San Martín destruida:

La vieja plaza, como todo el resto de la zona, era ahora un maloliente hacinamiento de basura entre edificios derruidos, poblados por ratas humanas y de las otras. Una bruma gris pardusca flotaba permanentemente sobre estas ruinas; de noche, se decía, brotaban disparos, aullidos y gritos escalofriantes de estos callejones y cañones que vivían en una autónoma sordidez (18).

O con proyectos inconclusos como el ferrocarril subterráneo (85). Se señala también la desaparición de cadenas locales, como la antigua Monterrey (89), o la abandonada mole de concreto llamada Sheraton (93). Tras el bombardeo, la ciudad es referida por el narrador del siguiente modo:

Habían vuelto a una ciudad que estallaba por sus costuras, sometida cada vez más a frecuentes tormentas de arena en las que se unía la del desierto con el polvo de calles jamás regadas, casi sin verdor, sin lluvia y con el agua racionada. Y se habían refugiado —¡ojo de águila, sí señor!— en un suburbio compuesto de una serie de fortalezas electrificadas, campos de golf rodeados de torres con metralletas y caminos vacíos que eran trampas mortales para los extraños (123).

También es manifiesta en esta ciudad distópica la falta de empleo: el trabajo de guardián es rotativo para aliviar en algo el problema del desempleo (19)(44). Otros problemas palpables, en la ciudad de Lima, son la falta de agua (19), la contaminación (47), la sobrepoblación (97) y las migraciones. Frente a esta realidad concreta y material, se opone “lo plástico” del espacio burocrático minoritario de Tony.

A pesar del horror de la ciudad(45), Lima, “ese infame basurero” (64), esta “porquería” (83), continua siendo el centro, el eje para muchos provincianos que migran a Lima. Muchas otras ciudades del interior simplemente se han “desintegrado” (21). Incluso aún en el año 2034 no se ha integrado el espacio de la Selva al control del Directorio, que ha reemplazado a los Estado-Nación (35-36).

 

4. El nuevo orden político del año 2034

 
“Una revolución solo triunfa si ofrece el paraíso, pero
 luego sólo se mantiene si otorga el purgatorio”.
El Cardenal Negro, Mañana, las ratas, 107-108.

Mañana, las ratas se inserta en el contexto de la guerra fría de la década de 1970 y el movimiento de la Teología de la Liberación(46). Por ello se habla de los “Asiáticos”(47) como un poder alterno al del Directorio Supremo —centrado en el mundo de Occidente—, a su vez que los Cat-ox(48), liderados por el Cardenal Negro(49), son una orden neojesuita extremista-radical que busca negociar con el Directorio su inserción en la política mundial, pues ellos representan el poder “real” del Tercer Mundo. Las banderas negras con cruces de plata traen a la mente la estética nazi, o en el mejor de los casos, una suerte de anarquismo cristiano temporal que busca desestructurar las bases del sistema político para acceder luego al poder. Sin duda, nos encontramos en un espacio carnavalizado permanente, o mejor dicho, un espacio de caos(50), en donde los Cat-ox poseen armas nucleares y gases tóxicos y una policía propia, y existen grupos terroristas, como la Internacional Ecologista que pone “bombas en los bares de bezendrina y otros sititos de relax” (14).

La jerarquía política de las “minorías selectas” proponen una caja china: Linda ofrece a Tony irse a vivir a Norteamérica, que se construye como un espacio más ordenado que el Tercer Mundo; los miembros del Directorio Supremo viven en la Luna, espacio semejante a un paraíso artificial, porque Norteamérica no les satisface. Y cuando Tony llega a la Luna, le ofrecen ser parte del proyecto Nuevo Comienzo, que proyecta colonizar Plutón, pero sin dejar de seguir “administrando” la Tierra, que seguirá produciendo para “ellos”. Es decir, la solución propuesta por Linda y los miembros del Directorio es evasiva, pues no enfrenta realmente los problemas del desempleo, la pobreza, las reivindicaciones sociales, de las mayorías, es decir, de las “ratas”, la “nueva clase”. En ninguno de ellos se intenta establecer un gobierno más justo para todos, sin exclusión alguna, excepto el llamado “Reino de Dios” en la tierra del Cardenal Negro(51).

Frente a la política humana, inexacta y falible casi siempre, se opone la cibernética política, es decir, la inteligencia artificial. La paradoja del libro se expresa en la idea de que las máquinas, las computadoras, son las que gobiernan el mundo, pues están despojadas de toda subjetividad y de las taras humanas: las máquinas han reemplazado a Dios; el hombre les ha confiado su destino. Entonces, la lucha entre los Cat-ox y el Directorio por el poder, plantea también la eterna lucha entre el Bien y el Mal, que en el mundo es cíclica, pues siempre surge un poder emergente que desplaza al poder hegemónico.

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(39) En la novela se narra una escena sexual entre Tony y Marina, en la que sólo importa la experiencia del placer:
 “—¡Mierda! —dijo Tony. Las nalgas de Marina le habían producido una erección. Abrió su propio cierre magnético y señaló.
—Hazme el favor —dijo.
Marina lanzó un suspiro, se puso se cuchillas y se dedicó al fellatio terapéutico. Poco después se incorporó y, tragando con dificultad, murmuró:
—Esta me la quedas debiendo.” (27).
Marina se presenta como objeto de placer, subordinado y dependiente de Tony (a diferencia de Linda, mujer idealizada que posee los rasgos de la nueva mujer occidental: “desinhibición, cultura formal, independencia”, (39); e incluso poseedora de una cierta estética punk: “pantalones cortos ajustados, negros y una blusa blanca”, (43), sumándose a esto su peinado mohicano inicial (32). Esta experiencia permite a Tony no sentir “ansias sexuales (gracias a los siempre adecuados y oportunos servicios de Marina Ferrari), de modo que podía concentrarse en cosas que no pudo resistir a calificar de ‘más serias’ ” (38). A medio camino entre Marina (mujer subordinada) y Linda (mujer independiente) se instala Doris, machista por excelencia, pues refiere: “Acepté venir aquí a estudiar cómo se arregla la casa para un marido ejecutivo y otras sandeces por el estilo para que (mis padres) tengan una vejez tranquila” (120), además de poseer ciertos rasgos de sadismo, cuando refiere respecto del secuestro de Linda King: “Quizás haya tenido mala suerte y no la hayan violado” (122), o que acepte abiertamente la relación de Tony con Linda e incluso que proponga que Linda se venga a vivir con ellos (124).

(40) Entre Janice O’Hara y su amante el Pony Erótico (151).

(41) La raíz latina dis denota negación, contrariedad o separación. Por ello lo distópico se opone a lo utópico, definido generalmente como un espacio/mundo idealizado (modelo de perfección). Para Pablo Capanna, lo distópico es nominado como utopía negativa. Otros nominan a lo distópico como contra-utopía o antiutopía. Este último término es usado por Mirko Lauer para referirse a novelas como La máquina del tiempo de Wells, Un mundo feliz de Huxley o 1984 de Orwell, novelas que tienen coincidencias con la de Adolph en el sentido que constituyen “preocupadas introspecciones, advertencias, acerca del destino de la sociedad desarrollada, su dinámica interna y sus posibilidades de salir adelante” (35) y, en algún sentido, en la “deshumanización, burocratización o stalinización (como) un horror paralelo a la estratificación social (35). Ver bibliografía.

(42) Cuya carga simbólica forma también parte del american way of life: la imagen del individuo viril en su auto propio manejando por la carretera.

(43) Así se menciona: “Afuera, allá, abajo, todavía había gripe, y tuberculosis, y viruela. ¿Todavía u otra vez? Tony no lo sabía. Había mujeres que morían, aullando, en partos dolorosos, y cuerpos infectados y pústulas y bubones y viudas que velaban cadáveres antes de la incineración y manos que secaban frentes febriles” (53).

(44) La realidad tercermundista posibilita la existencia de empleos degradantes como el personal que hace limpieza de la sangre de los automóviles (11-12) que atropellan a las “ratas”.

(45) Tras los bombardeos, Tony y Linda pueden observar que: “Toda la zona parecía mil veces bombardeada, destruida por terremotos e incendios; hediondas edificaciones ennegrecidas y rezumantes de algo que parecía una pátina grasosa como aceite usado. Pero ahora comenzaron a ver a los habitantes, a las ratas, que se movían —y esto sorprendió a Linda— con la indiferencia o determinación propias de seres humanos dedicados a actividades quizás desagradables o rutinarias pero normales” (89).

(46) También a alude a la guerra de Vietnam, cuando se hace mención del uso del napalm para acabar con el núcleo rebelde (64).

(47) Es decir, el imperio marxo-confuciano de Oriente (51).

(48) No es extraño que los Cat-ox propongan como fecha fundacional el 18 de enero, aniversario real de la fundación hispánica de Lima, que ya nadie recuerda tras casi 500 años, como fecha simbólica para el inicio de un nuevo gobierno y de un nuevo orden.

(49) El Cardenal Negro representa en parte la abolición de las fronteras religiosas o, en suma, su hibridez, pues refiere Tony respecto a él: “Era lo único que me faltaba escuchar —dijo—. Un brindis hebreo pronunciado por un cardenal empeñado en una revolución contra el capitalismo” (138).

(50) Incluso se señala que la realidad del tercer mundo es tan “irracional” que es “difícil de computar” por las máquinas (90).

(51) Es importante señalar que hay una relación entre religión y poder en la novela, pues los Ca-tox representan solo un grupo religioso dentro de un espectro mayor. Como se menciona en la novela, a los Ca-tox se agregan “los católicos progresistas, los bahais, los judíos reformados y los viracochanos —estos últimos con sus extraños ritos solares— parecían formar un sólido frente tras los Ca-tox: se pelearían más tarde, pero por ahora coincidían en querer liberarse del Directorio Regional” (114).” Vemos que estas “sectas” están involucradas dentro del juego del poder.

 

 

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