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La construcción del sujeto femenino en las novelas decimonónicas mantiene rasgos costumbristas reconocibles: una moral recatada, asumen su subordinación ante su par masculino y rehúyen de los espacios públicos para no transgredir los roles sociales

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La educación del bello sexo en dos novelas del siglo XIX: El caso de El Correo del Perú

por Johnny Zevallos

 

Introducción

El siglo XIX constituyó una época prolífica para la publicación y distribución de diarios y revistas literarias en el Perú. Sin duda, la riqueza generada por el guano y la extraordinaria situación económica por la que atravesaba nuestro país fue vital para tal auge periodístico. Asimismo, la difusión de novelas por entregas (folletines) y la publicidad de productos de interés femenino originaron que se destinaran dichas publicaciones para un consumidor mayoritariamente femenino. Sin embargo, El Correo del Perú mantuvo una distribución más amplia en todo sentido, pues se editó como parte de la Exposición Nacional de los años 1871 y 1872.

El propósito de este ensayo es analizar los mundos representados aparecidos en las publicaciones de El Correo del Perú, conocido periódico semanal del siglo XIX. Nuestro interés se centrará en los modelos educacionales y patrones discursivos expuestos en el sujeto femenino decimonónico en el Perú. Para tal fin, realizaremos nuestro análisis desde los estudios de género y decodificar los patrones simbólicos que se operaban sobre la identidad doméstica y familiar en el imaginario escritural peruano de esos años.

El proyecto ilustrado, acerca de cómo debía ser educada la mujer, no varió desde fines del siglo XVIII, por lo que los patrones referentes seguían inculcándose en diarios y revistas. Muchos periódicos mantuvieron una imagen conservadora, a pesar de la política de secularización implantada tras la independencia. Por esta razón, nuestro interés se centrará en por qué se mantuvieron esos cánones y por qué motivo no variaron.

 

I. Un caso singular: el Mercurio Peruano

Las publicaciones que surgieron durante el siglo XIX tuvieron un fin político y literario en su mayoría, pues en ellos prevalecía el derrotero de trazar un proyecto nacional, el mismo que debía consolidar el imaginario republicano y la naciente conciencia criolla. Si bien ya a finales del siglo XVIII e inicios del XIX hubo un importante número de publicaciones periódicas donde se forjaron espacios públicos relativos a una autonomía respecto de la metrópoli española. No obstante, tras la disolución del antiguo régimen vieron la luz muchas revistas y periódicos de corte liberal, que vieron entre las mujeres y hombres de letras a sus principales destinatarios.

 

1.1 El Mercurio Peruano y las primeras publicaciones sobre la mujer

El discurso ilustrado en España influyó también en las colonias americanas, donde las Reformas Borbónicas supusieron el ingreso de los ideales franceses (modas, matrimonio, educación, etc.) en todos los órdenes y estamentos del Estado y de la aristocracia virreinal. Estos modelos jerárquicos contribuyeron a diferenciar patrones sociales de tipo racial, sexual y cronológico tanto en las publicaciones del Mercurio Peruano como en los distintos espacios públicos limeños (Rosas 1999b). De esta manera, se configuraron estereotipos de belleza y comportamiento entre las mujeres de fines del siglo XVIII y que posteriormente se reproducirían en el imaginario colectivo de la población limeña.

A través de diversos artículos se operaba un discurso instructivo desde los parámetros de la ilustración, a fin de educar al sujeto femenino en tanto deleite del varón y agente formador en la educación de sus hijos. Así, la belleza y la seducción serán categorías primordiales en la definición de la mujer dentro de la sociedad y cómo deberá ingresar en las instituciones reformadas por las leyes borbónicas: “El deseo de resaltar su hermosura iba de la mano con la propaganda que se hacía de su habilidad para seducir (…) Una vez destacada su belleza, su encanto, ese irresistible atractivo que ejerce sobre el otro, los textos insisten sobre su pusilanimidad, su debilidad y su coquetería, todas ellas cualidades que en lo físico y lo moral se confunden” (Rosas 1999a: 384). El binomio debilidad/belleza sirve de reclusión en el estereotipo femenino, pues le otorga una dirección monótona en su papel dentro de la sociedad: el matrimonio y su sumisión en la jerarquía patrimonial, en su dependencia frente al otro.

En efecto, al igual que sucedió con el negro y el indígena, la mujer quedaría relegada a criterios de subordinación bajo la atenta mirada masculina; por consiguiente, debía someterse a diversas categorizaciones (hombre/mujer) y subcategorizaciones (mujer criolla, mujer india y mujer negra), que dificultaron aún más su inserción dentro del esquema sociocultural en el Perú. Los modelos a los que se aspiraba para la construcción de una República homogénea, conformada por ciudadanos y no por ciudadanas, excluía de plano a las mujeres, pues el ideal republicano se centraba en la educación de los defensores de la Patria (Mc Evoy 1997: 148). Aunque en el antiguo régimen se centró aún más en la educación masculina, las mujeres empezaron a reclamar paulatinamente la igualdad en el acceso a las aulas escolares, percibiendo en éstas la mejora a su situación de subordinación en el compromiso adquirido en la consumación matrimonial.

 

1.2 La lectura como espacio de formación

La educación constituyó un eje fundamental dentro del proyecto ilustrado impuesto por los Borbones, pues a partir de él giraban los valores de progreso y modernidad para la aristocracia peninsular y de las colonias de ultramar. Dentro de este proyecto, hombres y mujeres criollos debían centrar su bienestar de acuerdo a prácticas culturales homogéneas y diferentes al mismo tiempo, pues si bien ambos tenían acceso a la lectura en el afán por diferenciarse de las otras castas americanas, a las mujeres se les otorgaba un papel preponderante en el ambiente doméstico y una formación esencialmente pedagógica en el interior del hogar (Rosas 1999a: 408).

Si bien no hubo editoras mujeres durante el siglo XVIII, la construcción del ideal femenino garantizaba su determinación hacia cánones matrimoniales, de fidelidad y de educación de la prole; por consiguiente, los espacios para la lectura debían desarrollarse bajo una estricta vigilancia por parte de la Iglesia y del cónyuge. Este carácter patriarcal se sustenta en la creencia en una autoridad patrimonial, la misma que conlleva a una relación de subordinación a partir del reconocimiento de los hijos y la finalidad de alimentarlos: lactancia materna (Rosas 1999a: 401). En ese sentido, la lectura cumpliría no solo un rol educador, sino de estatus, proponiéndose su hábito entre las mujeres de bien; paradójicamente, el control sobre los libros era sumamente riguroso, especialmente los textos heréticos y de adivinación (409). La participación de las mujeres en las bibliotecas, periódicos y editoriales se hará realidad en el siglo siguiente, pues serán ellas mismas quienes propongan un espacio de inserción en el modelo republicano de fines del siglo XIX.

En suma, les será negado el acceso a las universidades y a la opinión pública en los diferentes ambientes de la Lima borbónica y de los primeros años de la República, aduciendo la autoridad de los hombres de la familia para permitir el acceso de las mujeres en los espacios de interrelación social. El destino de la mujer en las normas de individuación quedará relegada a dos espacios de encierro: el matrimonio y el convento (Rosas 1999b: 159), por lo que recurrirá a la lectura como medio de distracción social, mientras las condiciones de intervención en el escenario público cambiará con el ingreso político del Partido Civil y la renovación de las viejas ideas colonialistas.

 

II. El Correo del Perú y laspublicaciones periódicas del siglo XIX

Aunque la República Peruana nació oficialmente en 1822, la consolidación de la misma se dio recién en 1872 con la puesta en práctica de un gobierno civil que llevara a cabo los ideales con que nacieron los conceptos de nación, representación y ciudadanía. A pesar de la abstracción de tales nociones, los constantes debates en torno a la recepción de parte de la población no tardaron; diferentes espacios de discusión fueron necesarios para convertir a los otrora súbditos del rey en ciudadanos, por lo que diarios, revistas y panfletos fueron extraordinarios vehículos de conciencia nacional. Sin duda, el siglo XIX en el Perú estuvo plagado de estos medios impresos a fin de legitimar el rol del Estado republicano frente a los proyectos nacionales, a través del discurso ilustrado y los patrones eurocéntricos imperantes en esos años.

Similar panorama hallamos en otros países de Latinoamérica, donde la lectura de textos para un destinatario femenino estuvo bajo el control de la Iglesia católica, pues el avance de la propuesta liberal fue lento y tuvo una tenaz oposición entre los políticos conservadores. Aunque el arribo al poder de Manuel Bulnes en 1843 en Chile supuso la adopción de una política anticlerical, un gran sector de la Iglesia tomó medidas inmediatas para revertir el control estatal sobre la capa social, a través de la educación femenina, pues ésta “debía reforzar los modelos de virtud y moralidad que se consideraban necesarios para que la mujer cumpliera su rol de esposa y madre” (Stuven 2004: 524). Con la fundación de La Revista Católica se que la Iglesia católica no perdiera su papel educador dentro de la sociedad chilena y reforzar el papel de la mujer en el interior del hogar, aunque sin otorgarle mayores prerrogativas. Sin duda, la participación del sujeto femenino irá socavando los modelos imperantes en el sistema político republicano, como señal de los cambios producidos en las sociedades europea y norteamericana, dominante en los Estados hispanoamericanos post-independentistas.

 

2.1. La prensa limeña y la educación femenina

La manera en que la élite política y los editores imaginaban la conducción del Estado supuso una estrategia discursiva que reclamaba la participación de ciudadanos en busca de una modernización de la República criolla. Si bien durante los primeros años de este nuevo régimen se vivió una profunda crisis, motivada por los constantes golpes de Estado y la supremacía de la anarquía política, la experiencia institucional constituyente y la correspondiente defensa del orden público fueron vitales para la jerarquía gubernamental. Como afirma Carmen Mc Evoy, “[el] autoritarismo político, disfrazado con ropaje democrático y ritual democrático-electoral, posibilitó la creación del escenario de legalidad, requerido por el discurso herreriano” (1997: 31), con lo que las propuestas liberales pasaron inadvertidas entre los ciudadanos limeños, postergando los principios fundamentales de la naciente República peruana.

Con el ascenso al poder de José Balta y el nacimiento del Partido Civil surgen en el Perú los primeros atisbos de un discurso modernizador en la prensa política e intelectual limeñas. No obstante el gobierno de Ramón Castilla había dado los primeros pasos en torno al fortalecimiento del Estado peruano y las bases para construir una esfera intelectual más amplia, en la década de 1860 se insertan nuevos temas en la novelística peruana, especialmente en temas como la vida privada y el área doméstica (Denegri 1996: 33). Este discurso modernizador tendrá como ejes fundamentales el perfeccionamiento del universo doméstico en los sectores criollo y mestizo, así como la educación femenina, al identificar a la mujer como madre y educadora de los futuros varones y ciudadanos. Sin embargo, esta aproximación hacia ambos vectores socioculturales tuvo mayor éxito cuando fueron las propias mujeres las productoras de este discurso renovador, pues constituían el agente por integrar dentro de la comunidad imaginada y tenían un conocimiento exhaustivo de la problemática doméstica.

Así, diarios como la Revista de Lima y El Correo del Perú abrieron sus puertas a colaboradoras mujeres en el proyecto ilustrado del siglo XIX (Denegri 1996: 39), con la finalidad de exponer los usos y costumbres de las mujeres europeas en América, especialmente en el Perú. El conjunto de nociones sobre la belleza y el estatus social iba acompañado por reuniones de tertulia, donde se debatía la revalorización de la familia, la importancia del matrimonio, así como los distintos movimientos literarios y artísticos, basados en la ideología positivista. Francesca Denegri agrega que: “A medida que la ideología positivista se enraizaba más en el discurso nacionalista del Perú decimonónico, el desarrollo de la vida familiar y la condición de la mujer comenzó a ser discutida en relación a una concepción evolucionista de la sociedad” (1996: 81). De esta manera, las ideas liberales contribuyeron a relevar el papel de la mujer dentro del discurso oficial, a través de las veladas literarias.

En ese sentido, los proyectos positivistas de tendencia liberal tuvieron una amplia acogida entre los lectores, a la vez que las imprentas cumplieron un rol democratizador en la construcción de activas participaciones políticas y culturales, remarcándose así el carácter modernizador con que los editores y colaboradores de dichas publicaciones anhelaban. Francisco de Paula González Vigil fue quizá uno de los liberales más influyentes en el Perú decimonónico, pues escribió sobre diversos asuntos como la desamortización de los bienes de la Iglesia, la importancia de la educación del bello sexo, la importancia de la educación de los obispos, etc., aspectos que fueran recogidos por sus contemporáneos, a fin de legitimar el discurso anticlerical e institucionalizar la formación de un Estado laico en el país. No obstante, la figura prominente en el posicionamiento de la mujer dentro de la esfera pública en la Lima del siglo XIX fue Teresa González de Fanning, educadora de activa participación en publicaciones y en escuelas públicas.

Teresa González de Fanning se caracterizó por su constante compromiso para con la educación femenina, pues siendo ésta quien criaba a los hijos y formaba los valores y la moral de los futuros ciudadanos (Muñoz 2000: 228), necesitaba de una instrucción adecuada que velara por ese fin. Por ello, “[las] mujeres vieron en la práctica del ejercicio físico y los deportes un medio para alcanzar ese ideal. Asimismo, este tipo de manifestaciones favorecía el desarrollo del pensamiento científico, horizonte cultural al cual adscribieron las mujeres de esta élite” (2000: 246). Por su parte, Carolina Freire de Jaimes, en un trabajo pionero sobre la educación de la mujer titulado “Una necesidad imperiosa”, señala:

 

 

 

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