Los motivos del autoexilio son una elipsis deliberada, probablemente porque en tanto desarraigo sólo importa su situación y no los motivos. En cualquier caso, la ciudad, tomando en consideración la cita de Color Local, es un lugar donde esconderse, donde perderse o encontrarse a sí mismo, donde construir un sueño. Es un lugar donde simplemente se puede ser diferente"

 

 

Un árbol de noche de Truman Capote. Cuentos urbanos: miedo, fascinación, identidad

por Carlos Yushimito del Valle
 
 

0. Preliminar

Ocho relatos integran en total Un árbol de noche (Random House, 1947). Sin embargo, a los propósitos del presente ensayo no serán tomados en cuenta: "Niños en sus cumpleaños", "La botella de plata" y "Mi versión del asunto". Dichos relatos se desarrollan en ámbitos rurales, y a diferencia de los restantes, centran su desarrollo en una temática costumbrista, más próxima a la colorida, ingeniosa y exquisita celebración de la inocencia que trabajó en parte en su primera novela Otras voces, otros ámbitos (1948) y enteramente en la novela posterior a esta, Arpa de Hierba (1951). El siguiente trabajo deberá entenderse, por tanto, como una aproximación al libro, que nos permitirá rastrear una constante en la obra narrativa de nuestro autor según el escenario en que plantea sus historias. Los cinco cuentos elegidos para nuestro análisis (salvo el que da nombre al volumen y que se desarrolla en el interior de un tren), tienen como escenario la ciudad de Nueva York. En consecuencia, segmentaremos el libro en dos conjuntos (las mismas categorías en que los críticos a menudo dividen la obra de ficción temprana de Truman Capote: the nocturnal styles o the darker stories, y the daylight styles o the sunlight stories), y dejaremos el estudio del primer grupo (rural, equivalente a la categoría de "luz"), centrándonos en los demás, los cuentos urbanos o "nocturnos", cuyos vínculos examinaremos a continuación.

1. La migración y el deseo de retorno

Es notorio, al repasar la obra de Capote, que sus personajes casi siempre han emigrado a las ciudades o bien tienen perspectivas de hacerlo (constituye, de modo fanático incluso, el reto de varias vidas, como uno puede fácilmente apreciar en sus encantadoras niñas-actrices 2); esto último, desde luego, cuando el espacio en que se desarrolla la historia es de ambiente rural. Su origen es provinciano (Nueva Orleans, casi siempre) y las urbes como Hollywood o Nueva York ejercen sobre ellos una persistente fascinación: sus criaturas, hombres y mujeres detenidos en la infancia o niños-adultos, verán en el "otro espacio" un lugar de refugio para sus escapes inminentes o seriamente planificados, o bien testificarán las entrañas de aquel escenario monumental que, al tiempo que los aniquila, no dejará de deslumbrarlos nunca.

Al leerla siempre encontramos a un hombre que está solo, que no tiene esperanzas, pero que está fascinado por el espectáculo del mundo aun en los momentos en que le parece grotesco o peligroso. 3

Precisamente, como dice William Ospina, porque el espectáculo del mundo es aquello que buscan, a pesar de lo grotesco o peligroso que pueda resultar, los personajes de Capote se sienten atraídos por las ciudades, o tal vez sea mejor decir aquí, con una precisión mayúscula, por aquellas ciudades que han construido su propia mitología de universalidad alrededor de sí mismas. Sus personajes migran "hipnotizados" por una imagen de cosmopolitismo y prosperidad espiritual, y no tanto por una búsqueda esencial de bienestar económico.

Veamos lo que escribe en Color local, libro de viajes publicado en 1950:

"(...) llámala Nueva York, o dale el nombre que quieras; éste apenas si importa porque quien entra en ella desde la realidad mayor que es cualquier otra parte va sólo en pos de una ciudad, de un lugar donde esconderse, donde perderse o encontrarse a sí mismo, donde construir un sueño en el que pruebas que tal vez, después de todo, no eres el patito feo, sino un ser maravilloso y digno de amor, como lo pensaste cuando te sentabas en el porche frente al cual pasaban los Fords; como lo pensaste cuando planeabas tu búsqueda de una ciudad". 4

Al igual que este narrador autobiográfico, los personajes de sus cuentos "planean la búsqueda de una ciudad" y en efecto la encuentran. Ciertamente los motivos de tal migración cambian según sea el caso: se alterna el sujeto que, como Walter (o P. B. Jones en su novela póstuma), busca desesperadamente el reconocimiento de los demás, lo cual si bien sugiere bienestar económico, tan sólo se plantea como un medio y no como una finalidad en sí misma. Por lo general escapan de un ambiente sureño, aparentemente asfixiante, demasiado provinciano para sus expectativas. En otros casos, esto no queda del todo claro.

En "Profesor Miseria", refiriéndose a las motivaciones de Sylvia, el narrador nos dice: "La causa, fuera cual fuese, le parecía a estas altura bastante vaga" (p. 8). No hay mayor problematización con respecto a ello; lo motivos del autoexilio son una elipsis deliberada, probablemente porque en tanto desarraigo sólo importa su situación y no los motivos. En cualquier caso, la ciudad, tomando en consideración la cita de Color Local, es un lugar donde esconderse, donde perderse o encontrarse a sí mismo, donde construir un sueño. Y eso basta. Es un lugar donde simplemente se puede ser "diferente".

Ahora bien, esta búsqueda de individualidad, sea cual sea el motivo exacto, ligada a la imagen que los personajes tienen de la ciudad, enfrenta una grave contradicción. El relato que presenta la mejor idea de "ciudad" como fragmentación, de caos colectivo, es "El halcón decapitado". Incluso Vincent, el protagonista, dice a propósito de sus preferencias: "De cualquier forma era extraño que la misma cualidad que empezaba atrayéndole terminara por repugnarle" (p.127).

Aunque se refiere a un contexto diferente, es seguro que podría aplicarse asimismo a la idea que los personajes tienen de la urbe. No hay casos (así de enfático resulta) en que esta mudanza no termine por convertirse a la larga en una decepción ontológica. Hay siempre, no importa si la resolución es la misma en todos ellos, un deseo de volver y empezar de nuevo en la tierra natal; deseo, sin embargo, no lo suficientemente robusto y decisivo para remediar los eventos. Esto se debe no sólo al poder pernicioso que ejerce la ciudad sobre los protagonistas y que termina por frustrar sus deseos, sino también a una curiosa incapacidad de volver a empezar que ha anidado en su naturaleza. Una vez en la ciudad, parece decirnos el narrador, es imposible escapar, pues uno mismo se vuelve parte de ella.

Veamos, simplemente para cerrar esta idea, una manifestación clara en el relato inicial. Cuando Oreilly le pregunta qué haría si pudiera recuperar sus sueños de los archivos del comprador, la protagonista responde:

—Regresaría a casa —dijo muy despacio—. Es una decisión terrible, pues significaría renunciar a todos mis otros sueños: pero si Revercomb me los devolviera, me iría a casa mañana mismo. 5

Esto se asemeja mucho, por ejemplo, a lo que dice P .B. Jones cuando responde la carta de la niña Florie Rotondo 6. Él ha encontrado "Monstruos Perfectos" en el centro de la Tierra; pero no ha regresado como le recomienda la imaginación de la niña filósofa y hay en él la certeza de que ahí radicó su mayor equivocación. "Fue en ese momento cuando debería haberme ido al campo", dice más adelante, cuando ya sabemos que se hospeda en un hostal para jóvenes cristianos y abriga el deseo suicida de lanzarse desde el sexto piso del edificio. Del mismo modo en "Cierra la última puerta", aunque no se nos diga que sea ese su lugar de procedencia, Walter viaja a Saratoga, sitio con el cual se relaciona su recuerdo más feliz de infancia, aunque en este caso, pese a su concreción, el viaje liberador ha llegado demasiado tarde, y, en efecto, el proceso de retorno interior (no sólo físico) que implica el viaje, es incapaz de realizarse.

 

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