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Abdul Sahib Machi García: "Cavilaciones de un Corazón"

Ernesto Alonso Ortiz Arbulú: "La mirada de la noche"

Hebe Leopardo: "El Centinela"

Ricardo Mendoza Montañez: "De música ligera"

Carlos Germán Amézaga: "Primera vez"

Daniel Valdez: "Sabor a Sal"

 

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Cavilaciones de un Corazón

por Abdul Sahib Machi García

 

Hoy he dejado de sentir ilusión alguna. Soy de los primeros en haber llegado a este lugar y nunca he descansado un solo instante. Si acaso por las noches el ritmo de mi vida deja de tener aquélla vertiginosa velocidad. Algunos dicen que no siento dolor; ¡cuánto se equivocan! Antes al menos creían en mi virtud de amar, de apasionarme y brindar lo más puro y grandioso que pueda existir, pero hoy, sólo soy considerado un engrane en un mecanismo. Me he comenzado a fastidiar de tanto trabajo. Un par de veces he intentado relajarme y dormir, un poco al menos, pero no me lo han permitido; me han golpeado severamente, como si hubiese cometido el más atroz de los pecados, cuando sólo quería tomarme un breve descanso.

Aún recuerdo mi juventud, nada paraba mi veloz carrera; pero poco a poco mis ánimos fueron menguando, hasta que mi vida fue lenta. ¡Ah! Cuando me enamoré cuánta fuerza sentí. Mi sangre se aglomeraba en mis arterias. ¡Cómo se atreven a pensar que no tengo capacidad de amar! Si existe alguien que sabe lo que es el amor, soy yo. Por eso ya me he cansado. Por eso no deseo nada más que dormir y no caminar, amar, sufrir, temer, ansiar y todo lo que resulta de vivir en este mundo.

Si me preguntaran algún día, cuando ya haya muerto, qué fue lo que más disfruté en esta vida, les contestaría, sin duda, con plena convicción: "El amor", eso es lo que más disfruté. Con el amor aprendí todo lo que en la vida se puede aprender. Aprendí que hay felicidad. Conocí plenamente el dolor, la desilusión y la esperanza. Aprendí qué era el odio, sentimiento que cansa y envejece. Me familiaricé con el fracaso; es difícil soportarlo, por cierto. ¡Cuánto me torturó el miedo!, casi tanto como la incertidumbre: dos gotas del mismo cántaro. La tristeza fue fiel a mí, y confieso haberla disfrutado tanto como disfruté la felicidad. ¡Cuántas cosas he sentido, aun cuando hay quienes no creen que yo pueda sentir!

Si me ofrecieran una sola cosa antes de morir, sin duda, pediría sentir de nuevo amor; esa vitalidad que me da el amor me hace por segundos sentir la necesidad de ser eterno; luego vuelve la sensatez a mí y me olvido de esas locuras. ¿Eterno? ¡Quién quiere ser eterno! Yo no. Por eso ya me he cansado. No me he alimentado como de costumbre y me siento débil, enfermo. Creo que esta misma noche dejaré de latir.

El médico seguramente dirá: "Murió de un paro cardiaco", y de cierta forma tendrá razón, pues he decidido parar mi andanza. Un corazón viejo ya no le teme a la muerte. Lo siento por quienes dependen de mí, pues ya no les brindaré sangre e irremediablemente morirán conmigo, a no ser que los médicos contemplen suplirme con una hojalata impostora, no hay como un corazón de carne que siente por sí solo, aunque digan lo contrario.

© Abdul Sahib Machi García, 2005

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Abdul Sahib Machi García: (Sonora, México) Ha publicado cuentos, sobre todo, en algunas revistas por internet y en papel, en España y su país. Es psicólogo y trabaja en el departamento de Extensión de la Cultura del Instituto Tecnológico de Sonora..

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/cuento10_1.htm
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