La deficiencia metodológica es determinante y la vemos reflejada en los textos escolares. Especialmente, en el curso de literatura, los libros están sobrecargados de metalenguaje

 

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El libro en el Perú

por Jack Martínez Arias

 

La difusión del libro: la intervención del Cerlalc

Por último, desde una perspectiva distinta, analizando el papel del Estado, encontramos que este no le ha brindado, al problema del libro en el Perú, la atención necesaria. La ausencia de una política que impulse la difusión y el desarrollo de la lectura han sido notorios.

El libro en nuestro país, como si nos encontráramos en la época anterior a la aparición de la imprenta, sigue siendo, para la mayoría de peruanos, un objeto de lujo. Adquirir un texto original solo es posible para ciertas clases económicas. El mercado editorial es reducido. Los tirajes de textos literarios son mínimos. La prensa no difunde las obras publicadas. Las secciones culturales se enfrascan en polémicas inútiles de escritores ávidos de obtener alguna figuración. La piratería parece institucionalizarse. Y la ley del libro está siendo cuestionada.

Así parece difícil avizorar, en nuestro porvenir, un mayor acceso al libro. Sin embargo, luego de hablar sobre estos puntos con José Luis Acosta, representante del Cerlalc (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe) en el Perú, obtener una opinión imparcial sobre este tema, y conocer sus proyectos, tenemos la esperanza de aguardar un futuro, por lo menos, no tan sombrío.

¿En principio, cuál es el propósito que tiene el Cerlalc como organismo internacional?

Somos un instituto especializado de la Unesco que se encarga del asesoramiento a los gobiernos, entidades públicas y organizaciones sociales en general, primordialmente, en políticas y estrategias que permitan difundir el libro y la lectura. Nuestro marco de acción comprende lo que hoy se llama “el ecosistema del libro”: que tiene origen en el autor, pasa por la producción, el comercio, y llega al lector. Esto último es lo más importante.

Para ello buscamos que se creen los espacios competentes a la lectura. No sólo nos referimos a las bibliotecas, propugnamos también por nuevos lugares, por espacios no convencionales. El objetivo principal es formar potenciales lectores, en consecuencia, potenciales autores.

Cerlalc ha abierto una sede en el Perú. ¿Cómo se origina y se concretiza esta iniciativa?

El Perú es uno de los veinte países iberoamericanos miembros del Cerlalc desde hace aproximadamente una década. En los dos últimos años ha habido una propuesta insistente por parte de la Biblioteca Nacional, el Ministerio de Educación, el INC y la Cancillería, para que abriésemos una oficina aquí en el Perú.

Nosotros somos un organismo de labor técnica. Por tanto, en treinta y cinco años que tiene de existencia, esta es la primera vez que Cerlalc apertura una sede nacional. Con esto esperamos crear una nueva visión y una manera integral de vincular al libro con la sociedad.

¿Entonces se trata de un trabajo conjunto?

Somos un organismo de asesoría, cooperación y acompañamiento. Pero sobre todo, somos un ente articulador. El sector cultural, como sucede en muchos países, está enormemente fragmentado. Tenemos una industria muy pobre. Instituciones públicas independientes. Cada una le apunta a su ámbito de competencia. Es curioso pero hay muchos de estos sectores que por la mediación del Cerlalc, se reúnen por primera vez. Este es un gran avance, pero debe quedar en claro que sin la voluntad y la participación de las instituciones correspondientes, el papel del Cerlalc no tiene sentido.

Al respecto, se entiende que un gobierno que tiene una política de libro apunta a un desarrollo integral. Desde una perspectiva imparcial como la suya, ¿cree que el Estado peruano tiene esa preocupación?

Existen problemas muy graves que no son atendidos debidamente. Y no todos los casos implican inversiones económicas. Sobre todo, se requiere de voluntad política. De un acercamiento entre el sector público y la industria editorial. Es decir, desarrollar políticas integrales. No tiene sentido que las instituciones naveguen sobre embarcaciones independientes.

Todo esto debe apuntar a la formación de un adecuado hábito de lectura. Es lamentable, pero en la actualidad, las bibliotecas no existen en el imaginario social. Al contrario están los diarios, que informan a su manera, diarios populares que consumen el 70% de la capacidad lectora. Pero para los que pensamos en la lectura como un vehículo de desarrollo personal, y de acceso a la información y el conocimiento, ese medio no es el indicado.

Dentro de este impulso que el Estado debería dar a la industria editorial, se encuentra la famosa y ya “vigente” Ley del Libro. Sin embargo, existen muchas quejas, principalmente, departe de los editores. ¿Esta ley se está aplicando adecuadamente en la práctica?

El Cerlalc ha sido un animador permanente de esta ley. Es la más reciente ley del libro aprobada en el continente, y a nuestro juicio, técnicamente, es una muy buena norma. Tiene supuestos de desarrollo interesantísimos. Inclusive en estos tiempos en que los gobiernos son recelosos con el presupuesto designado al ámbito de la cultura, se logró salvar esta ley consiguiendo los beneficios tributarios tan anhelados por los editores.

Ahora, es cierto que hay muchas prevenciones que retardan y encarecen en la práctica el proceso productivo del libro. Sin embargo, también hay algo que no está claro. La Biblioteca Nacional es el primer filtro para estos proyectos. Se han aprobado cuatrocientos, y están listos para recibir el beneficio tributario. Sin embargo, no son más de ochenta los que han accedido a la Sunat para hacerlo efectivo. Entonces, ¿qué esta pasando en el sector de la industria con esos trescientos veinte proyectos que han salido técnicamente viables pero que no han proseguido?

Pero además, la ley tiene otras dificultades. En teoría, debería tener un consejo nacional del libro y la lectura. Un espacio de concertación, que hasta ahora, no se ha podido reunir. El ministro en el intento de juntarlos ha tenido que presenciar el bombardeo de lado y lado por el tema tributario.

Yo he propuesto y vamos a hacer una evaluación técnica de esta ley. Sin apasionamientos ni intereses sectoriales. Un documento autocrítico que nos aclare lo que está pasando en la práctica, y ver cuáles son los posibles caminos de reglamentación y corrección.

Pero no estoy de acuerdo con los que dicen que la ley no sirve para nada. La ley es un excelente instrumento que debemos saber aprovechar con propiedad.

Hay otros problemas concretos que atentan contra una sólida cultura del libro. La paupérrima situación de las bibliotecas y, por otro lado, la piratería. ¿Existen algunos proyectos para mejorar esta situación?

Es obvio que hay una carencia en las bibliotecas, tanto en la infraestructura, como en la cantidad y calidad de los libros.

El Cerlalc piensa que la biblioteca es un recinto importante donde el tema del conocimiento y la lectura es vital. Entonces, deben dejar de ser lugares lóbregos para convertirse en espacios alegres, convocadores, parecidos a su gente. Lugares donde se desmitifique a la lectura como un ejercicio difícil. Al contrario, que el que asista se reencuentre con la alegría. Y esto significa romper algunos paradigmas, eso implica una formación distinta de los responsables de la biblioteca. Ellos deben tener un mayor acercamiento a las comunidades. Como se podrá ver, son cambios que deben ir desde lo estético hasta lo funcional.

Por otra parte, el problema de la piratería es ineludible. La distribución es una de las causas. El libro original no llega a donde sí lo hacen los piratas. El precio también influye. Pero el problema ético y moral es el más grave, porque el consumo de piratería obedece a un ejercicio cultural ya establecido.

Las estrategias políticas no son las más adecuadas. Las intervenciones de madrugada, transmitidas por la televisión, que muestran a las madres con sus niños, llorando angustiosamente, no son la mejor vía. Al contrario, todo ese movimiento espectacular, se transforma en un drama social, haciendo que el pirata, poco a poco, se convierta en una figura romántica: El Robin Hood que le quita a las transnacionales para darle los libros a los sectores populares. La gente cree entonces que gracias al pirata es que podemos comprar libros. ¡Mentira! Porque son mafias importantes de corrupción.

Ante esta situación, hemos propuesto que se incorpore, en las estrategias educativas, temas relacionados con el derecho de autor. Para que el niño aprenda que al escritor, hay que respetarlo.

Todo esto es parte de una política integral que desde hace más de cuatro meses hemos propuesto al gobierno peruano. Integral, porque no somos amigos de los eventos y acciones aisladas que no tejan proyectos a largo plazo.

En estas épocas, en que el funcionario público trabaja para obtener resultados inmediatos y muchas veces para la fotografía, ha sido muy difícil lograr un plan de esta naturaleza. Pero por encima de todo esto, ya tenemos un primer borrador de lo que sería un plan nacional de lectura que abriría la posibilidad de una mesa de consulta nacional. Esta tiene varias etapas:

Primero una investigación de los supuestos jurídicos del por qué debe haber un plan nacional de lectura. Y son muchos los factores.

Luego un inventario de las experiencias anteriores en pro de la lectura. Ver en qué fallaron.

Un estudio base que ya hizo la Biblioteca Nacional, por supuesto, llevado a un contexto más funcional, mas crítico y más práctico.

Hemos colocado como referente cinco planes de lectura nacionales de Latinoamérica que son muy parecidos y susceptibles de incorporar insumos al plan nacional. Y hablamos de cuatro ejes fundamentales: El derecho de autor, la producción y distribución de la obra y la generación de nuevos espacios de lectura, para terminar formando un verdadero y productivo sistema de bibliotecas públicas.

Luego vendrán las evaluaciones prácticas de este plan. Comenzando por unas mesas nacionales de consulta. Se buscará saber cuál es la capacidad real que el gobierno tiene de comprometerse. Los roles institucionales, las inversiones. Convocaremos a los empresarios vinculados al libro, ellos se deben ver reflejados en este plan. Luego las empresas privadas. Los medios de comunicación, esto es vital, contundente, y más en el tema de la lectura. La academia, la sociedad civil, la iglesia y las universidades. Todos reunidos en mesas prácticas que desarrollaremos para que este documento inicial se llene de contenido.

Finalmente vendrá la parte operativa que para nosotros, como organismo internacional, es determinante.

La voluntad está manifiesta. Si lográramos poner en marcha este plan nacional pasaría lo que ha pasado en muchos países donde la industria editorial se ha fortalecido y el libro se ha puesto en boga.

Finalmente, ya están instalados en Lima, manejan estadísticas y están familiarizados con la idiosincrasia del Gobierno peruano. ¿Cómo avizora el futuro del libro en nuestro país? ¿Este plan integral es verdaderamente realizable?

Necesariamente, como organismo, vemos con optimismo el futuro del libro en el Perú. Esto no quiere decir que el optimismo nos impida ver los retos: Tenemos que ir derrumbando mitos, ya se ha iniciado un trabajo silencioso que venimos realizando con las universidades, instituciones educativas, con las municipalidades y los alcaldes. Hay una atmósfera interesante. Pero este optimismo no me quita el reconocer que hay muchos obstáculos: la indiferencia hacia el problema del libro es el más difícil de superar. Pero sumando ingredientes de transformación, es muy posible que esta situación pueda cambiar más temprano que tarde.
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Jack Martinez (Lima, 1983) Estudia Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Psicología en la Universidad Federico Villarreal. Fue colaborador de la agenda Mes Cultural y forma parte del comité editorial de El Hablador.

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/libro1.htm

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