¡Kachkaniraqmi! ¡Sigo siendo! Textos esenciales de José María Arguedas / Carmen María Pinilla
Dedeálade / Raúl Mendizábal
Descuentos / Christiane Félip
Poesía completa y ensayos escogidos / E. A. Westphalen
Memoria de mis putas tristes / Gabriel García Márquez

 

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¡Kachkaniraqmi! ¡Sigo siendo! Textos esenciales de José María Arguedas

por Franklin Portales

 

Carmen María Pinilla
¡Kachkaniraqmi! ¡Sigo siendo! Textos esenciales de José María Arguedas
Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2004

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En diciembre de 1999, al cumplirse 30 años de la muerte de José María Arguedas, Rodrigo Montoya se preguntaba en un artículo publicado en La República: “¿Por qué su presencia sigue creciendo?”. Cinco años después, Carmen María Pinilla publica un valioso y extenso volumen que es una complilación de los “textos esenciales” del maestro de Andahuaylas. La autora de este importante trabajo es una arguediana conspicua, autora de reveladoras investigaciones y coautora de obras de divulgación de material epistolar desconocido. Ella, además, tiene a su cargo la Colección José María Arguedas de la Biblioteca Central de la PUCP dedicada a ubicar, ordenar y difundir documentos de y sobre el escritor andahuaylino.

El libro en referencia es un intento por reunir, en un solo volumen y con propósito divulgador, muestras de la variada producción de Arguedas a fin de que el lector no iniciado, y aun aquél que sólo conocía de su producción literaria la novelística, pueda asomarse a los distintos motivos de la inquietud arguediana que abarcan otros géneros literarios: poesía, cuento, ensayo; otros campos de estudio, sean los antropológicos, los educativos, las recopilaciones, las traducciones; y otros discursos cotidianos, como la correspondencia con sus amigos y familiares.

En la Presentación, Franklin Pease alude especialmente al intento de Arguedas por darle un nuevo significado a la palabra mestizaje, despojándolo de su raigambre racial y vinculándolo con el “encuentro de la tradición andina de raíz prehispánica y colonial con los lenguajes, los valores y los desafíos vitales de la modernidad”. Incide también en la emotividad y el lirismo presentes en sus mejores obras.

El Prólogo de Gonzalo Portocarrero propone que veamos la obra de Arguedas como la de un clásico en la medida que siempre es provocadora y plantea nuevas interrogantes. La lúcida reflexión de Portocarrero caracteriza la obra de Arguedas como una nueva visión del Perú, diferente a la mirada criolla, tantas veces reseñada. Luego propone “formalizar” la perspectiva arguediana, apoyándose en seis elementos, todo ellos sugestivos. Uno de ellos se refiere a que Arguedas no se dedicó a la política partidaria aunque su proyecto “tuviera un fundamento ético–político” debido a que “ actuó y pensó desde —y sobre— la cultura”. Este esfuerzo de Arguedas es valioso, si recordamos la insistencia del tema del compromiso, vigente durante épocas importantes en la vida del escritor.

En la Introducción, Carmen María Pinilla señala que sorteando las dificultades de selección y ordenamiento, ha encontrado “ciertas constantes en la obra arguediana que remiten a objetivos generales y dan sentido a su trayectoria”, y añade certeramente: “La identificación de estas constantes ayuda a entender su obra como una diversidad integrada”. Estos principios garantizan una selección seria, variada y representativa del corpus arguediano propuesto. La antóloga pone especial interés en lo afirmado por Arguedas en 1950 cuando expresó su afán de “mostrar” una realidad desconocida y de “golpear” como un río la conciencia de los lectores. Ha vislumbrado en estos dos propósitos el eje que sostiene todo el edificio del pensamiento científico y del arte de Arguedas. A partir de esa base se articulan lecturas, observaciones, amistades, formas, géneros, compromisos y esperanzas.

La antología ha sido compuesta en cuatro partes, considerando especialmente situaciones biográficas. La primera etapa, 1928-1941, Escribiré con sangre, no por profesión, corresponde a la iniciación de su proyecto de escritor. La segunda etapa, 1942-1952, Describir la vida de aquellas aldeas... de tal modo que golpeara como un río la conciencia del lector, se inicia cuando vuelve nuevamente a Lima porque es llamado por el Ministerio de Educación. La tercera etapa, 1953-1962, Qué ciencia es la etnología... trabajo heroico y misional, empieza cuando es nombrado Jefe del Instituto de Etnología del Museo de la Cultura Peruana. A esta etapa corresponde Los ríos profundos (1958), que se incluye en el libro en su totalidad. Finalmente, la cuarta etapa, 1963-1969, O actor...o nada, comienza cuando es nombrado Jefe de la Casa de la Cultura.

En la obra reseñada hay una rica cronología, con abundante información biográfica, y dos anexos: uno es una relación de la producción de Arguedas y el otro es una somera iconografía.

Hay algunas informaciones puntuales que no carecen de interés. Por ejemplo, las que se refieren al volumen de la producción arguediana; nuestro escritor publicó 400 textos desde 1928, de los cuales 12% corresponden estrictamente a creaciones literarias y el resto son publicaciones periodísticas y ensayos de ciencias sociales. Del mismo modo, se da cuenta de que se han publicado alrededor de doscientas cartas, pero hay muchas todavía inéditas.

También es revelador comprobar que en Arguedas hay preceptos muy firmes, presentes ya en sus épocas aurorales. Por ejemplo, en una carta de 1937 (aproximadamente) a su hermano Arístides, afirma “yo no quiero ser de ninguna manera un intelectual. Muy pronto me largaré por ahí, a vivir ciertamente la vida del pueblo.Después escribiré, escribiré con sangre, no por profesión”.

En su polémica con Julio Cortázar, consignada en su novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo escribirá en 1968:

“Yo no soy escritor profesional (...) Escribimos por amor, por goce y por necesidad, no por oficio” (Primer diario, 15 de mayo). Lo mismo puede decirse de otros textos muy poco difundidos, pero importantísimos para entender el pensamiento arguediano, como el Ensayo sobre la capacidad de creación artística del pueblo indio y mestizo, publicado en 1938 como parte del libro Canto Kechwa.

De esa manera, el libro cumple su misión de ofrecer materiales casi inaccesibles y de rescatar algunos realmente desconocidos. Finalmente, es grato descubrir al cronista dotado de una fina capacidad de observación, dueño de un juicio crítico imparcial y de un espíritu visionario, como lo demuestra en su hermosa crónica “París y la patria”.

La edición, en general está realizada con esmero, las notas abundantes y útiles corresponden a una edición crítica por la indicación expresa de las fuentes consultadas, lo que además permite comprobar los cambios sufridos en los textos arguedianos. Pero lamentamos algunas erratas, como por ejemplo en la página 22 en que dice “Gonzales Prada” en vez de “González Prada” (errata que se repite en la página 454), o la Nota 3 de la página 580, en la carta a John Murra, donde dice “Rubén Barreiro Saguier”, en vez de “Rubén Bareiro Saguier”. La transcripción de su intervención en el Primer encuentro de narradores, además presenta algunas alteraciones: en la página 522 se lee “la arrogancia de estos comuneros” por “la insolencia”, y en la misma página después de “Yo fui testigo de estos acontecimientos” se ha omitido “yo lo bebí”. Pero estos descuidos menores no empalidecen el valor de este colosal trabajo, indispensable por tratarse de uno de los peruanos más ilustres del siglo XX.

© Franklin Portales, 2004

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/resena25.htm


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