Varios
La Letra en que nació la
pena. Muestra de Poesía Peruana (1970-2004)
Maurizio Medo/Raúl Zurita compiladores. Lima:
Ediciones El Santo Oficio, 2004.
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A
decir verdad, la realización de antologías,
muestras u otras organizaciones subjetivas con afán
demostrativo siempre llevan a disputas y otras
figuraciones personales, dañando amistades y
ganando antipatías. Sin duda, el riesgo se compensa
con la entereza de saber que se hace algo propicio y
productivo para los estudios venideros, o simplemente
para el deleite del lector interesado. Este punto es
trascendental. Para ello se necesita estructurar una
hipótesis contundente, que reúna a los
“imprescindibles”, a fin de llevar a buen
puerto el punto que se quiere evidenciar.
El
motivo de la muestra o antología (a partir de
ahora la llamaremos así) debe tener una estructura
lógica y plausible a la aceptación del
lector y/o investigador. Si esto no es bien definido,
si no es trazado con prudencia y acierto, la antología
se convierte en la reunión insatisfecha de un
grupo de autores que solo empatan por tener la actividad,
la nacionalidad y la fecha de nacimiento cercanas (como
sucede en este caso). Es decir, la reunión de
ex alumnos de promoción de algún colegio
perdido en la memoria y, por ende, sin importancia alguna.
A
simple vista, tan solo revisando el índice, el
libro exterioriza lo anteriormente dicho. Pero ello
se comprueba al leer los textos previos, donde los antologadores
manifiestan sus razones compilatorias. El peruano Mauricio
Medo y el chileno Raúl Zurita no se ponen de
acuerdo. El primero hace creer que el presente libro
revalora autores injustamente excluidos de todos los
cánones de periodización poética,
echando abajo a una crítica peruana retrógrada
que propone delimitar procesos creativos con ineficientes
métodos, ya caducos científicamente, o,
peor todavía, que solo existen para justificar
fines personales. Es decir, la junta de los apátridas,
los desconocidos y los autoexiliados. El segundo –Zurita–
nos propone la agrupación de autores (conocidos
para él a lo lejos, según aclara, dadas
las distancias transnacionales) que comparten un sentimiento
vallejiano de fatalidad y una dualidad (andino-occidental)
patológica y confundida, a lo Inca Garcilaso.
Además de proponer al castellano como la herencia
hispana de la imposición y un trauma insuperable.
Es decir, menciona las patentes de la poesía
peruana del siglo XX, de manera gruesa, con afanes similares
al descubridor del fuego.
En
términos generales, no se llega a comprender
qué es lo que quieren ambos (en conjunto) con
esta antología. Es evidente que cada quien tira
para su lado. Medo justifica el libro con visos de justiciero
de la poesía (¿quién cree que José
Watanabe, Carmen Ollé, Mirko Lauer, Enrique Verástegui
o Domingo de Ramos no tienen ya presencia histórica
en la poesía peruana?), y Zurita con sus nobles
ganas de supravalorar, como institución poética
latinoamericana, la poesía de estas comarcas
abatidas.
La
Letra en que nació la pena, a pesar de refrescar
autores meritorios y muy interesantes (Carlos López
Degregori, Raúl Mendizábal, Antonio Cillóniz,
Luis Fernando Chueca y Josemari Recalde son buenos ejemplos)
no funciona como quisieran los antologadores. Es bueno
dejar presente, por ello, la ansiada espera a que se
termine de constituir un proyecto de buenas intenciones,
y que no se consoliden las ganas como ganas solamente.

©
Diego Sánchez, 2005 |