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José María Arguedas: hacia una poética migrante (Christian Bernal Méndez)

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Nuevos asedios a J. M. Arguedas

por Christian Bernal Méndez

 

Sergio R. Franco (editor)
José María Arguedas: hacia una poética migrante
Pittsburgh: Universidad de Pittsburgh, Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, 2006.

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Recién a inicios de este nuevo siglo, a medida que la bibliografía sobre José María Arguedas va creciendo sin cesar, se puede decir que empezamos a comprender al más importante novelista del siglo XX en el Perú. Esta sospecha, prevista por críticos como Antonio Cornejo Polar, William Rowe o Martin Lienhard, se ve confirmada cada vez más como una grata certeza. Este último conjunto de artículos, José María Arguedas: hacia una poética migrante, editado por Sergio R. Franco, contribuye a dar una visión panorámica de las actuales perspectivas de exégesis arguediana.

El primer artículo, “El ‘decir limpio de Arguedas: la voz bilingüe, 1940- 1958” de Estelle Tarica, estudia el significado que tiene para la condición bilingüe de la poética arguediana, el tránsito desde un lenguaje de “mistura” (Yawar fiesta) a un “decir limpio” (Los ríos profundos). En el primer caso asistimos a un intento diglósico de comunicar una lucha comunicativa, mientras que, en el segundo, somos llevados a una implosión de sentidos y sensaciones por medio de las analogías semánticas que impredeciblemente puede proponer la fonética quechua.

En “Transculturación narrativa y modernidad andina: nueva lectura de Yawar fiesta”, de Misha Kokotovic, se propone desechar las obsoletas interpretaciones que ven en Yawar fiesta una utopía arcaica anclada en un pasado imperturbable, y más bien, empezar a releerla desde una perspectiva crítica que considere la posibilidad de una modernización alternativa. Los paralelos semánticos entre la construcción de la carretera a la costa, la captura del mítico toro Misutu y la subversión final de la prohibición estatal del turupukllay textualizan una capacidad de redefinición no sólo de los contornos de la modernidad, sino también de la propia tradición indígena.

Otro trabajo que busca una nueva lectura de la primera novela de Arguedas es “ Yawar fiesta: el retorno de la tragedia”, de Horacio Legrás. En él se analizan las tensiones, similares a las producidas entre el viejo sistema de clanes y la nueva organización social de la ciudad-estado en la tragedia griega, que se producen entre los cuatro principales agentes de la novela (las comunidades indígenas, los mistis, los cholos aculturados y el Estado) en los inicios de la modernización en el país; en otras palabras, la novela no busca ser fiel a una supuesta autenticidad indígena. Todo lo contrario, busca indicar las contradicciones y los sinsentidos de una otra posible modernidad asentada en la capacidad de transformación (trabajo) de los mismos ayllus.

En “Itinerario de José María Arguedas (migración, peregrinaje y lenguaje en El zorro de arriba y el zorro de abajo )”, Julio Ortega recorre la dialéctica entre muerte y escritura en los “Diarios” de la última novela de Arguedas y sus respectivos correlatos en los fragmentos de la novela inconclusa; es decir, compara la figura del “mercado de la muerte”, moderno y profesional pero deshumanizante, que la ciudad de Chimbote simboliza con el lenguaje oral del sujeto migrante, a la vez epifánico y redentor, que ansía recuperar la común unión de todo acto comunicativo.

El quinto artículo, “Territorialidad y forasterismo: la polémica Arguedas/Cortázar revisitada”, de Mabel Moraña, acerca y aleja teleológicamente las posturas de estos dos escritores en la conocida polémica que sostuvieron. Ambas, aunque antagónicas e irreconciliables, conforman los extremos (transculturación y transnacionalización respectivamente) de un espectro de prácticas socioculturales poscoloniales que buscó (re)insertarse en la modernidad —periférica— latinoamericana, releyendo y renegociando el dentro/afuera de lo nacional.

En “La agonía de José María Arguedas y la palabra trágica”, de Catalina Ocampo, nuevamente se aborda la póstuma novela de Arguedas, pero ahora desde la categoría de lo trágico. Las tensiones producidas —como en la polis griega— por el cambio de un tiempo sagrado a uno profano en los procesos de modernización de América Latina son puestas en escena dentro de un mundo al revés que devuelve la vida con la muerte y la palabra con el silencio. El Arguedas textual se vuelve el auténtico tragos-oeidos (carnero-canción) de la tragedia griega, aquel héroe que al cantar su tragedia y su sacrificio nos permite alcanzar la redención.

El siguiente artículo, “Memoria, lucha y agonía: la escritura del yo ”, de Aymara de Llano, estudia las características y las subversiones del género autobiográfico en El zorro de arriba y el zorro de abajo, El sexto y Los ríos profundos. Estas novelas se desarrollan en un “borde” discursivo (el cual problematizará el “pacto” autobiográfico de la póstuma novela) que indetermina e incluso borra las diferencias entre pasado y futuro, individuo y colectividad y sujeto de la enunciación y del enunciado. Característica textual que demuestra asedios heterogéneos por lograr traducir lo oral y lo mítico en escritura y racionalidad.

En “El lugar de la muerte en la creación del sujeto de la escritura”, William Rowe analiza cómo la muerte se convierte en un factor transcendental para la construcción de un sujeto de la escritura en toda la obra arguediana. En El zorro de arriba y el zorro de abajo se percibe esto con una mayor claridad; sin embargo, estas isotopías de la muerte como necesidad para engendrar vida (la escritura agónica, la condición wakcha y el sacrificio ritual) empezaron a ser textualizadas desde Los ríos profundos , “El sueño del pongo”, “La agonía de Rasu Ñiti” e incluso en “Warma kuyay”.

El noveno artículo, “El zorro en el espejo: poética narrativa y discurso autobiográfico”. de Fernando Rivera, encuentra el imperativo ético de la escritura de Arguedas en la mutua reciprocidad (forma de socialización andina) entre la “demanda de amor” y el “don de amor” que el sujeto escritural pide y recibe del mundo andino. Los modos discursivos del testimonio y de la autobiografía que recorren toda la producción artística y antropológica del autor dan cuenta de una poética que no busca construir un saber sobre el otro, sino más bien recrear la experiencia del saber del otro.

Tomás G. Escajadillo, en “Los epistolarios de José María Arguedas”, dialoga intertextualmente con Las cartas de Arguedas, publicado por John Murra, buscando sopesar sus alcances y sus límites en cuanto su capacidad para revelar la construcción de un sujeto de la escritura. En este aspecto, las interrelaciones sociales de Arguedas juegan un rol importante. La dependencia que siente con su psicoanalista, los vaivenes amicales dentro de los círculos académicos y la tortuosa relación con las mujeres son algunos de los elementos vivenciales que atraviesan y giran alrededor de su escritura.

En el siguiente artículo, “Los ríos profundos: aclaraciones hacia el futuro”, de Isabelle Tauzin-Castellanos, se estudia cómo las interrelaciones entre los principales personajes de Los ríos profundos (Felipa, Marcelina y Ernesto) determinan las redes semánticas de la novela. Estos sujetos liminales (que no se insertan completamente ni en el universo de los señores ni en el de los indios) logran superar, uno a continuación del otro y de una manera épica, la oposiciones que la muerte y la violencia social levantan a su alrededor. Esta victoria de la vida y la comunicación sólo es posible por medio de un (re)narrar mítico que reordena el mundo no sólo para estos personajes, sino fundamentalmente para la sociedad en que se desenvuelven.

Amaru, winku , layk'a, supay o demonio: las fuerzas del mundo de abajo en Los ríos profundos”, de Helena Usandizaga, analiza aquellas categorías míticas de socialización subyacentes y ocultas bajo el significante cristiano de lo maligno en Los ríos profundos. En la cosmovisión andina, el sujeto forma parte de un mundo vivo que encuentra su armonía en una serie de oposiciones entre fuerzas contrarias pero complementarias. Así pues, el cristianismo demonizó a diversos elementos del mundo de abajo como el Amaru (serpiente mítica de los lagos), el dansak' (danzante de tijeras que baila poseido por su wamani), el layk'a (brujo capaz de devolver el alma perdida), o lo winku (deformidad sagrada) que, tal como lo hace el zumbayllu con Ernesto, son capaces de revelar otra manera de percibir, entender e insertarse en el mundo.

En este artículo, “Vuelta a El Sexto de José María Arguedas”, de Ciro A. Sandoval, se estudia la génesis social y personal de El Sexto. Las múltiples tensiones políticas, culturales y poscoloniales del país precipitaron la emergencia de una poesis social que en esta novela es capaz de recrear tanto la penosa estratificación social como las interrelaciones de opresión que padece el Perú. La cárcel se convierte en un símbolo de la nación y los vagos, los criminales y los ideologizados en una triste metonimia de nuestra sociedad.

En “Encuentros y desencuentros de la novela y las ciencias sociales en el Perú: repesando Todas las sangres de José María Arguedas”, Melisa Moore vuelve la mirada crítica a la mesa redonda dedicada en 1965 a Todas las sangres en el Instituto de Estudios Peruanos. En esos años era el marco conceptual marxista-leninista (positivista) el que dominaba la agenda de las ciencias sociales. No sorprende, entonces, que su ácida crítica haya estado dirigida al excesivo valor que la novela, supuestamente, daba al factor de “casta” en desmedro del de “clase”; es decir, se le criticaba la solución “indigenista” que daba para la problemática peruana. Obviamente, estos límites epistemológicos impedían apreciar la riqueza de la propuesta arguediana y su búsqueda por aprehender una realidad variable, diglósica y heterogénea como el personaje de Rendón Willka y los complejos procesos de cholificación que lo atraviesan.

Otra aproximación a esta novela la encontramos en “Algunos problemas de la poética narrativa de Todas las sangres de José María Arguedas”, escrito por Francisco Xavier Solé Zapatero. Dicho estudio dialoga y revisa las posturas interpretativas de Alberto Escobar y Antonio Cornejo Polar frente a la novela; el primero logró definir su carácter polifónico y coral —en la perspectiva bajtiniana—, aun cuando calificó a su narrador como neutro (no como una voz igual a la de los otros personajes). El segundo, a pesar de su perspectiva lukacsiana (que sujeta toda la interpretación al acontecimiento y al mundo representado), determinó la postura ética que el narrador toma: su apuesta por la percepción y la cognición andina.

En el artículo, “Entre la abyección y el deseo: para una relectura de El sueño del pongo”, de Sergio R. Franco, se analiza este conocido relato de Arguedas desde la categoría de lo abyecto (aquello liminal y ambiguo que perturba nuestra identidad, pero que al mismo tiempo provoca nuestro goce). Así como la llegada del pongo a la casa-hacienda significa la irrupción de la rebelión contra el patrón, el sueño subversivo del pongo remite no sólo a la idea de un pachakuti (un mundo al revés), sino fundamentalmente al concepto del tinkuy (punto de encuentro entre contrarios, pero necesarios entre sí). Esto es, la figura del patrón cubierto con miel y lamido por el pongo, pero que también debe lamer al otro aunque esté cubierto con extremento, acarrea tanto una atracción y repulsión simultáneas, un impulso de venganza confundido con un deseo homoerótico. En otras palabras, una lengua corporal que subvierte la “glotofagia” poscolonial.

En “El código de lo femenino en la narrativa arguediana”, de Anne Lambright, se aborda Los ríos profundos, El Sexto y El zorro de arriba y el zorro de abajo desde el rol que en ellas cumple “lo femenino”. Esta categoría no sólo se refiere a los personajes femeninos, también y principalmente, se relaciona con todo lo reprimido y marginalizado (lo semiótico) por la ley y el poder (lo simbólico). Para esta propuesta, la presencia y el poder de subversión de la musicalidad, la naturaleza, lo indígena y lo siniestro es mayor en las novelas que se desarrollan en la sierra y menor en las de la costa, en donde la violencia y la mercantilización de las relaciones humanas imposibilitan la culminación de un proyecto transculturador.

El penúltimo artículo, “Bajo la mirada del Arayá: análisis temático y discursivo de Amor mundo”, de Gracia María Morales Ortiz, a la vez que define a este libro no como un conjunto de relatos, sino como una novela en sí misma, asedia interpretativamente el carácter dicotómico que presenta la sexualidad en ella. En el mundo “misti” y mestizo, ésta se encuentra dominada por lo instintivo-animal en oposición a la religiosidad (cristiana), mientras que en el mundo indígena no existe tal enfrentamiento, pues al estar inscrita dentro del desarrollo de un rito (el ayla) se le otorga un carácter sagrado-religioso y de necesidad (unidad entre el ciclo reproductivo de la naturaleza y el del hombre). Precisamente, los recursos narrativos de un protagonista-niño y de un narrador que actualiza la cosmovisión andina le permiten textualizar satisfactoriamente esta otra visión alternativa del mundo.

Finalmente, en “José María Arguedas traductor”, de Mónica Bernabé, se analizan los vasos comunicantes existentes entre las poéticas de César Moro, Emilio Adolfo Westphalen y José María Arguedas. Como miembros de la peña Pancho Fierro en la década de 1930, compartieron la difusión y exhibición tanto del arte surrealista como del arte popular andino (lejos del folclor decorativo del indigenismo). Asimismo, utilizaron a la traducción como una estrategia discursiva frente a sus experiencias de extraterritorialidad y bilingüismo; para Moro, tenía un carácter compensatorio frente a su escape idiomático, para Westphalen era complementaria a su escritura en español y para Arguedas era una pérdida de sentido que trataba de subsanar apelando tanto a una legitimación autobiográfica como a la construcción de un lector sensible ante el “pensamiento otro” andino.

En conclusión, los diversos ensayos reunidos en José María Arguedas: hacia una poética migrante conforman, no obstante la falta de una mayor presencia de la perspectiva local, una importante y sugestiva aproximación global a los diferentes rumbos que la crítica literaria ha seguido para interpretar e interpelar a la obra arguediana. Un libro que completa la más reciente bibliografía alrededor del gran escritor peruano.

 

© Christian Bernal Méndez, 2006

 

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/resena12_4.htm
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