Enrique Sánchez Hernani

José Carlos Picón

Pablo Salazar Calderón

Jorge Alberto Collao

Néstor Málaga

John Cuéllar

Daniel Alejandro Gómez

Elena De Yta

Raquel Morán Sernández

Claudia Salazar Jiménez

Tomás V. Richards

Pedro E. Moreno-Vásquez

 

 

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Enrique Sánchez Hernani

por Enrique Sánchez Hernani

 

1.

Santa la silla donde descansas
Pues recibe la caligrafía de tu cuerpo
Oblicuo sobre el papel de arroz

Santas las palabras que pronuncias
Los monosílabos y las arengas
Donde la tilde se inclina
Y la exclamación prospera

Santa la vajilla que empoza tu leche
Matutina
Tu seno y su algarabía materna
La curva y el coseno del plano extendido
De tu sexo

Santa la puerta de tu casa
Que te despide y te recibe
Diariamente
Y que para mí es la capilla
Donde te hospedas

Santos los escalones que soportan
Tus pies
Y los pasadizos por donde transitas
De 6 de la mañana a 6 del otro día

Santos tus ojos que todo lo pueden
Como otorgarme la vida
O darme la muerte
Magnánima
                piadosa
Señora de toda la Retórica.

 

2.

Te llevo en mí como un pendiente de hojalata
Como una letra mayúscula engastada
En el centro mismo del vacío
Para que cuando estés lejos
En verdad no lo estés
Y te sienta latir en mí como una cosa viva
Como un péndulo de azogue
Que no puedo dejar de oír
Ni dentro/ ni fuera.

La música es un lugar muy pequeño
Y está visto que no podré escapar:
Yo soy tu presa
Y tú la bárbara anotadora
Que me va lanzando esdrújulas con veneno
Aceite caliente
Que me arroja sus tildes ardiendo
Como ponzoña de estación.

Llevo con orgullo las heridas que me hiciste
Y paseo con inocultable alegría este texto contuso
Este corazón tullido
Este equino entendimiento vapuleado
Por la Academia de tu Lengua
Serpiente de tan poca piel.

 

3.

En el cóncavo cielo sombreado de Bogotá
A las doce puntuales horas del mediodía
Planetas de galaxias desconocidas
Se baten en encarnizada contienda
Con la noche hipotética.

La constelación de Marte
Con sus luces
De falsas y bellísimas estalactitas
Persigue la sensual rotación de Venus
Para dirimir la posesión
De este imaginario imperio celeste.

En el universo contiguo
El sol con su luz anaranjada
Envidia la oscura ficción
De tanta estrella cinematográfica
Y tú
Consonante espléndida y dormida
Dabas giros excéntricos
Alrededor del obcecado planeta de mi razón

Sabrás entonces por qué descendí hasta ti
Como una carta astral
Signando los días propicios para la dicha
Aunque solo sean para verte                                           
                                                                de lejos
Mi infierno hermoso y esquivo.

 

(DEL LIBRO INÉDITO “SOBRE LA ARENA / MUGE EL LABERINTO”)

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HABITACIÓN (VACÍA) EN ROMA

                                                                                  Para Diego
                                                                                  que entenderá este dolor

Ha muerto Jorge Eduardo Eielson
sus tersas manos soltaron el papel
sus dedos volvieron a la tierra
a reunirse con su paso y su minuto

ha muerto Jorge Eduardo Eielson
arde Roma y en Nápoles los pianos sollozan

dime tú ¿cómo es posible
que dios muera y el mar
permanezca pacífico sobre las piedras?

Jorge Eduardo Eielson ha muerto
o eso nos parece:
sus pies ya resbalan por un espejismo
y una nota de jazz los acompaña
una sola nota
delgada y dulce como el cuello
de una jirafa amoratada

Eielson no ha muerto:
somos nosotros los que hemos desaparecido
de su campo visual
arrobados entre oscuras estrellas

Dime Diego:
¿cómo es posible que dios
                                                 se muera?

 

                                                                       8 de marzo de 2006

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NACIMIENTO DE NICOLÁS

Recíbelo en la tierra Señor del Universo
(manto magnético que sostienes en precario equilibrio
a los planetas)
con un sol templado mas no por ello incierto
con ventiscas leves poca arena
peces que vuelen y un firmamento tan azul
como tu impronunciable nombre.
Dale los pastos más altos
el océano que sea capaz de caber entre sus manos
una arboleda donde pueda descansar su cabeza
dos brazos fuertes un tórax amplio agilidad en las piernas
dale todo lo que pueda tener y lo que deba
pero antes que eso
limpieza para que se labre el corazón y la mente.
No te pido que le quites los escollos por entero
ni todas las esquinas oscuras ni esos abismos
que se abren más allá de los acantilados
porque no sé si tú
que sostienes los océanos pegados como una piel líquida al planeta
tal vez podrías hacerlo.
Pero sí dale los avisos suficientes
para que pueda sortear los más arduos obstáculos
un poco de sabiduría algo de templanza
un catalejo de bronce una brújula de acero y plata.
Dale todo esto y si no lo tienes
tómalo de mí
que yo sabré entender por qué me abaten las innombrables sombras
cuando casi he llegado a los 50 años
                                                                       mi dios.

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KAREL TIENE APENAS SEIS MESES Y YA ESTÁ ENFERMA

Mi nieta está en la otra habitación
                                                                enferma
y en su llanto de cantante de blues a las 3 de la mañana
se mezclan el bramido de las sirenas y otros seres abisales
e igualmente inexistentes
fantasmas con puntiagudos gorros blancos
que hacen sonar grilletes
y tras ellos se arrastra todo mi miedo y mis peores sueños
marchitos sobre el polvo
hasta quedar desbaratados / malolientes / tan enfermos
como ahora está mi pequeña reina.
Nuevamente la oigo quejarse y no sé qué hacer
para cerrar el firmamento y todos sus hoyos negros
qué para quitarle la gravedad al plomo
e impedir que me lastre la garganta
o ahuyentar esas mariposas negras que aletean
sobre la cuna donde la pequeña sufre
sin pronunciar palabra
como una condenada a una pena abominable
sin la gracia de poder solicitar perdón.
Mientras ella sufre y sus pequeños dedos se agitan
en el aire como pájaros que agonizan
realizo exorcismos pinto los muros de verde
cuelgo anillos de ajo y flores de toronjil en las puertas
para impedir que entre el maligno
                                                               y para que por fin
se sane mi nieta.
La aurora es un lingote que viene con la leche derramada
y la bocina del panadero
una inundación de cubos plateados que golpea
los cristales de mi ventana
y que me ahuyenta hasta el confín de las tinieblas.
Mi reina continúa llorando
                                                   y no sé qué hacer
qué tendón torcerme
qué gota de sangre coagular sobre las baldosas
para ponerla como una ofrenda.

Por fin alguien debe haberme oído
pues poco a poco viene la calma.
Enciendo dos velas
                                   saludo a la mañana
y recién duermo.


© Enrique Sánchez Hernani, 2008

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Enrique Sánchez Hernani: (Lima, Perú, 1953) Poeta, escritor y periodista. Ha escrito siete libros de poesía: Música para ciegos, Pena capital, Altagracia, Banda del sur, Violencia del Sol, Por la bocacalle de la locura y Vinilo. Textos suyos figuran en las principales antologías de poesía peruana y en revistas editadas en Perú, México, Colombia, Ecuador, Venezuela, Argentina, Chile y Estados Unidos. En 1977 fundó el grupo literario La Sagrada Familia.

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/poesia15_1.html
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